Carta abierta a los Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea y de la OTAN
Como ciudadanos de la comunidad de democracias euroatlánticas, queremos expresar nuestras condolencia y solidaridad con el pueblo de la Federación Rusa en su lucha contra el terrorismo. Los asesinos en masa que se apoderaron de la Escuela nº 1 de Beslan cometieron un atroz atentado terrorista ante el que no caben razones ni excusas. Aunque otros asesinos en masa han matado a niños y civiles desarmados, que tantos niños inocentes de una escuela sean un objetivo calculado se convierte en un acto de barbarie sin precedentes que atenta contra los valores y normas de nuestra sociedad y que todas las naciones civilizadas deben condenar.
Al mismo tiempo, estamos profundamente preocupados por cómo se están aprovechando estos trágicos sucesos para minar la democracia en Rusia. Las instituciones democráticas rusas han sido siempre débiles y frágiles y Vladimir Putin las ha debilitado aún más desde su nombramiento como presidente en enero del año 2000. Ha recortado sistemáticamente la libertad e independencia de la prensa y destruido los controles y equilibrios del sistema federal ruso; ha encarcelado a rivales políticos, tanto reales como imaginarios; ha retirado a candidatos legítimos de las votaciones electorales; ha hostigado y detenido a directores de ONG y debilitado a los partidos políticos de Rusia. Tras el horroroso crimen de Beslan, el presidente Putin ha anunciado sus planes para centralizar aún más el poder y aprobar unas medidas que harán de Rusia un régimen más autoritario.
También estamos preocupados por el deterioro del comportamiento de Rusia en sus relaciones exteriores. La política exterior del presidente Putin está cada vez más marcada por una actitud amenazante contra los vecinos de Rusia y la seguridad energética europea, por el regreso del militarismo y el imperio, y por el rechazo a cumplir las obligaciones de Rusia en los tratados internacionales. Parece que en todos los aspectos de la vida política rusa se están reconstruyendo los instrumentos de poder estatal y aumentando los servicios de seguridad. Creemos que este comportamiento no puede aceptarse como base de una verdadera colaboración entre Rusia y las democracias de la OTAN y la Unión Europea.
Estos pasos son sólo los últimos indicios de que la actual dirección de Rusia se está alejando de los valores democráticos básicos de la comunidad euroatlántica. En el pasado, Occidente ha permanecido silencioso con demasiada frecuencia y limitado sus críticas, creyendo que la deriva del presidente Putin en la dirección equivocada sería transitoria y con la esperanza de que Rusia volviera pronto al sendero democrático y prooccidental. Los dirigentes occidentales siguen aceptando el comportamiento del presidente Putin a pesar de los indicios, cada vez más numerosos, de que el país se está moviendo en la dirección equivocada y que su estrategia de lucha contra el terrorismo está recortando cada vez más las libertades. Creemos firmemente que la dictadura no puede ser ni será la respuesta a los problemas y a las verdaderas amenazas con que Rusia se enfrenta.
Los líderes occidentales deben reconocer que nuestra estrategia actual con Rusia está fallando. Nuestras políticas se han mostrado ineficaces a la hora de ayudar a la Rusia democrática que deseábamos y que la gente de ese gran país merece después de todos los sufrimientos que ha padecido. Ha llegado la hora de que volvamos a plantearnos cómo y en qué medida nos relacionamos con la Rusia de Putin y de que nos pongamos sin ambigüedades del lado de las fuerzas democráticas de Rusia. En esta hora crítica de la historia, cuando Occidente está fomentando el cambio democrático en todo el mundo —incluido en el Gran Oriente Medio—, es imprescindible que no miremos hacia otro lado al evaluar la conducta de Moscú o creemos un doble rasero para la democracia en los países del Este Europeo. Tenemos que decir la verdad de lo que está sucediendo en Rusia. Se lo debemos a las víctimas de Beslan y a las decenas de miles de demócratas rusos que aún están luchando por conservar la democracia y la libertad para el hombre en su país.
Urban Ahlin Madeleine K. Albright Giuliano Amato
Uzi Arad Timothy Garton Ash Anders Aslund
Ronald D. Asmus Rafael L. Bardaji Wladyslaw Bartoszewski
Arnold Beichman Jeff Bergner Joseph R. Biden
Carl Bildt Max Boot Ellen Bork
Pascal Bruckner Mark Brzezinski Reinhard Buetikofer
Janusz Bugajski Michael Butler Martin Butora
Daniele Capezzone Per Carlsen Gunilla Carlsson
Ivo Daalder Massimo D'Alema Pavol Demes
Larry Diamond Peter Dimitrov Thomas Donnelly
Nicholas Eberstadt Uffe Elleman-Jensen Helga Flores Trejo
Francis Fukuyama Jeffrey Gedmin Bronislaw Geremek
Carl Gershmann Marc Ginsberg Andre Glucksmann
Phil Gordon Karl-Theodor von und zu Guttenberg
Istvan Gyarmati Pierre Hassner Vaclav Havel
Richard C. Holbrooke Toomas Ilves Bruce Jackson
Donald Kagan Robert Kagan Craig Kennedy
Glenys Kinnock Bernard Kouchner Jerzy Kozminski
Ivan Krastev William Kristol Girts Valdis Kristovskis
Ludger Kuehnhardt Mart Laar
Vytautas Landsbergis Stephen Larrabee
Mark Leonard Sabine Leutheusser-Schnarrenberger
Tod Lindberg Tom Malinowski
Will Marshall Margarita Mathiopoulos
Clifford May John McCain Michael McFaul
Matteo Mecacci Mark Medish Thomas O. Melia
Sarah E. Mendelson Michael Mertes Ilir Meta
Adam Michnik Richard Morningstar Joshua Muravchik
Klaus Naumann Dietmar Nietan James O'Brien
Janusz Onyszkiewicz Cem Ozdemir Can Paker
Mark Palmer Martin Peretz Friedbert Pflueger
Danielle Pletka Florentino Portero Samantha Ravich
Janusz Reiter Alex Rondos Jim Rosapepe
Jacques Rupnik Eberhard Sandschneider
Randy Scheunemann Christian Schmidt
Gary Schmitt Simon Serfaty Stephen Sestanovich
Radek Sikorski Stefano Silvestri Martin Simecka
Gary Smith Abraham Sofaer James Steinberg
Gary Titley Ivan Vejvoda Sasha Vondra
Celeste Wallander Ruth Wedgood Richard Weitz
Kenneth Weinstein Jennifer Windsor R. James Woolsey