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Líbano explosivo
En letra impresa nº 784   |  28 de Junio de 2007
 
(Publicado en Expansión, 28 de junio de 2007)
 
España nunca debió enviar sus tropas al Líbano, pero ahora, con seis muertos en un ataque, no puede sacarlas de allí.
 
El gobierno de Rodríguez Zapatero jugó al oportunismo con nuestros militares y despachó a nuestros soldados, como siempre, para lavar su mala imagen internacional por su huida de Irak Se dijo entonces que iban en misión de paz para parar una guerra, pero en este año de voluntario silencio no nos han contado toda la verdad. Y esa verdad es bien simple: de la dos misiones encomendadas por la ONU, a saber, apoyar al ejército libanés para desarmar a Hizboláh y poner en marcha un embargo de armas para evitar el rearme de las milicias, ninguna se ha visto cumplida.
 
Si bien Hizboláh  no ha lanzado ningún ataque sobre Israel, en estos meses no ha dejado de reconstituirse como fuerza armada gracias a la ayuda de Siria e Irán. Pero aún peor, no sólo la UNIFIL ha sido un fiasco, sino que la situación política y de seguridad a su alrededor no ha hecho más empeorar y amenaza con un deterioro mayor en las semanas que vienen.
 
En ese sentido, nuestras tropas están más cerca de un escenario bélico, hostil a su presencia, y no, como se nos quiere vender desde el gobierno, en un entorno benigno. Quien tenga dudas al respecto que llame con su móvil a cualquiera de los soldados allí destacados.
 
Hizboláh dice que no han sido ellos los causantes de los muertos del ejército español. El gobierno vincula el atentado a Al Qaeda. ¿Pero no nos habían dicho antes que Al Qaeda nos odiaba por la foto de las Azores? ¿Será ahora que Irak y Aznar no tenían la culpa?
 
La verdad es imparable y bien sencilla: la jihad islámica nos odia por lo que somos, por lo que hacemos y no hacemos, y por donde estamos. Nos quieren fuera de Afganistán y del Oriente Medio. Y aquí quisieran ver recreada una nueva Al Andalus cuya única ley fuese la sharia. Pero Rodríguez Zapatero, con su imagen de una santa alianza de civilizaciones se niega a verlo y piensa que nuestros soldados han muerto por proteger a los chiitas del sur del Líbano de las reacciones desproporcionadas de Israel, que para eso los mandó allí. Sería de justicia reconocer que se equivoca.
 
Para Bin Laden el Líbano es tan buen teatro de operaciones como el metro de Londres, pues él vive y sueña en Globalistán. Nosotros, por el contrario, bajo un gobierno que cuando se disparan cohetes contra Israel desde la zona donde están nuestros cascos azules, se descuelga el teléfono y se habla con Jerusalén para pedir que no tomen represalias. O cuando vuelan por los aires a seis soldados se telefonea a Teherán para que ayude a esclarecer los hechos.
 
El Líbano va a ir a peor y los españoles deberíamos poder conocer qué piensa hacer el gobierno cuyo presidente aún no ha dicho una palabra sobre lo ocurrido.

 


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