Cuando el fin es la refundación política de Euskadi y con ella el fin del terrorismo, el proceso de diálogo de 2006 puede cerrarse, romperse, suspenderse o acabarse cuantas veces sea necesario. Porque el proceso de refundación de la convivencia social vasca lo recorre, lo supera y le da la unidad necesaria para volver a sentarse a dialogar con los asesinos de Barajas tan pronto como éstos finjan el arrepentimiento.
1. Marzo de 2006 en la T4 de Barajas
La polémica partidista, como ya empieza a ser una peligrosa costumbre en España, vuelve a surgir tras un atentado terrorista, esta vez a propósito de las declaraciones del Presidente del Gobierno la tarde del día 30 de diciembre: ¿seguirá Rodríguez Zapatero en sus apaños con ETA? Los escépticos exigen claridad; los creyentes en la paz perpetua se indignan ante la posibilidad. Unos y otros olvidan mirar más allá de la rueda de prensa del pasado sábado. Lo cierto es que el Presidente del Gobierno ha afirmado con rotundidad que seguirá negociando con ETA. No lo hizo el día 30; lo dijo hace ya nueve meses, en la entrevista publicada en el diario El País el 26 de marzo, donde explicaba cómo se iba a desarrollar su negociación con ETA. Entonces, los periodistas, evitando la palabra atentado y asesinato, preguntan acerca de los accidentes del proceso:
Pregunta; ¿Se pueden descartar accidentes en este proceso?
Respuesta; No. Hemos manifestado que el proceso será largo, duro y difícil. Como todo el mundo puede comprender, estamos hablando de 40 años de violencia, de muchas personas implicadas en la violencia, y aunque mi deseo es que no haya ningún accidente, nadie puede descartarlo.
La respuesta de Rodríguez Zapatero es bastante bien conocida, y ha motivado páginas y páginas de artículos acerca del empleo del término accidentes. Pero más allá de eso, en marzo de 2006 Rodríguez Zapatero ya afirmaba que la negociación seguiría aunque hubiese atentados terroristas. Nadie podrá acusar a la tenebrosa derecha de sembrar el miedo cuando son las palabras del Presidente las que resonaron el trágico 30 de diciembre; estamos hablando de 40 años de violencia, de muchas personas implicadas en la violencia, y aunque mi deseo es que no haya ningún accidente, nadie puede descartarlo.
En marzo de 2006, la posibilidad de un asesinato de ETA parecía lejana, el término accidente se agotaba en discusiones dialécticas; los terroristas habían abandonado la bomba y el tiro en la nuca por la violencia sutil y silenciosa del acoso a concejales desafectos, de la amenaza silenciosa. Desde el Gobierno y desde el Frente de la Paz se arrojó al silencio informativo a todos aquellos que denunciaban que estaban siendo chantajeados o ignorados. El atentado contra la ferretería del concejal de UPN en Barañain fue negado por Rubalcaba hasta que poco antes del salvaje atentado de Barajas la propia ETA lo reivindicó abiertamente. En marzo de 2004, Rodríguez Zapatero afirmaba que la clave del éxito estaba en la discreción; desde entonces, un manto de silencio se extendió sobre España, cubriendo a empresarios, policías y concejales amenazados. Se les impuso la peor de las censuras; aquella que les acusaba de enemigos de la paz si denunciaban en alto su situación.
El día 29 de diciembre, los terroristas viajaron a través de Aragón cargados con varios cientos de kilogramos de explosivos. Ese día Barajas ya se encontraba abarrotada de viajeros que volaban hacia todas las partes del mundo y España. Ese día, también, Rodríguez Zapatero hizo su famosa declaración acerca del fin de la violencia; Hace un año afirmé desde este lugar que podíamos estar en el principio del fin de la violencia y que el proceso de paz, que todavía no se había puesto en marcha, sería largo, duro y difícil. El Gobierno ha trabajado y trabaja con ese objetivo. Cada día trabaja por ver el fin de la violencia y el terror. Un año después he de decirles que en lo que respecta a la lucha contra el terrorismo estamos mejor que hace cinco años y que hace un año. Les expreso una convicción, dentro de un año estaremos mejor que hoy. El Presidente comparecía eufórico ante los medios de comunicación y anunciaba eufórico; se está mejor que hace cuatro o cinco años, en que teníamos víctimas mortales. Algún parámetro de objetividad tiene que haber en democracia, y en este terreno la hay.
No discutiremos aquí la voluntad del Presidente del Gobierno. Bastará con recordar que hace nueve meses afirmó que podría haber nuevos atentados, y que éstos no impedirían el proceso de paz. Hoy, varios días después del atentado, el Frente de la Paz se indigna cuando los escépticos ponen en duda que realmente no se vaya a negociar con ETA. Pero lo hacen desde opiniones diametralmente opuestas. Los socialistas se indignan porque alguien dude de que va a seguir negociando con los asesinos de los dos jóvenes ecuatorianos. La izquierda comunista de Llamazares, y el nacionalismo del PNV, EA, Nafarroa Bai o ERC se indignan, pero cuando alguien afirma que el proceso ha fracasado. Todos se ponen de acuerdo en criticar a la extrema derecha; no se sabe, sin embargo, qué piensa el Presidente del Gobierno en estos momentos. O por lo menos qué piensa a día de hoy.
De nuevo la hemeroteca proporcionará enormes disgustos. En marzo de 2006, en plena euforia acerca del fin de la violencia, los periodistas de El País preguntan a Rodríguez Zapatero acerca de los paralelismos con el caso irlandés. De nuevo el Presidente vuelve a advertir que habrá atentados, y que éstos no supondrán el fin del diálogo;
Pregunta. En el caso de Irlanda hubo una ruptura violenta de la primera tregua con dos asesinatos en Londres. Se interrumpieron las conversaciones durante meses hasta que el IRA volvió a declarar otra tregua. ¿Cómo se reconstruyó el proceso después de una ruptura tan abrupta?
Respuesta. Porque hubo siempre un hilo de comunicación más allá de lo que podría ser un accidente, en este caso tan grave como lo que ocurrió. Ésa es la reflexión que nos han trasladado. Siempre se mantuvo un hilo de comunicación y de mínima confianza
La pregunta de El País suena hoy obscena, y la respuesta del Presidente va más allá; en diciembre de 2006 ya no se trata de atentados como el de Barañain, sino de asesinatos de seres humanos. En marzo, el periodista da por hecho que el crimen no interrumpe el proceso. Rodríguez Zapatero tampoco, y recuerda que, por encima del crimen, hay que mantener el contacto y la confianza con el criminal. Además, reconoce Rodríguez Zapatero, ésa es la principal enseñanza del caso irlandés. En la comparecencia del sábado día 30, Rodríguez Zapatero manifiesta dos ideas. La primera, que el diálogo quedaba suspendido: suspensión del diálogo representa que el Gobierno considera que es evidente, porque es evidente, que no se cumplen las condiciones, los presupuestos de la resolución del Parlamento
La segunda, la inclusión del atentado en el proceso general de diálogo con ETA. El Presidente suspende la negociación hoy, pero deja la puerta abierta al futuro. Es la frase que ha sembrado la polémica, sobre todo si no se tiene en cuenta la declaración de intenciones que hizo al diario El País en marzo de 2006. El 30 de diciembre, el Presidente afirmo que el gravísimo atentado de hoy de la banda terrorista ETA es radicalmente contrario a esa voluntad inequívoca, por tanto, hasta que en el futuro no exista una voluntad inequívoca no habrá ninguna posibilidad por parte del Gobierno de aproximar ningún diálogo con la banda ETA.
El Presidente no rompía con ETA. Afirmó que ETA había roto con el Gobierno. La diferencia parecía inapreciable; permitía a la coalición gubernamental afirmar que no había negociación ante las protestas de los escépticos. Pero no parecía ser así, puesto que eligió deliberadamente no ser claro. El día 2 de enero, el Frente de la Paz comienza a recuperar un discurso coherente: facciones distintas dentro de ETA. El periodista estrella en estos temas del diario El País, Luis R. Aizpeolea informaba acerca de sus fuentes; “Este proceso que hemos conocido, el que se inició el 22 de marzo de 2006 con el alto el fuego permanente de ETA y sobre los parámetros de la resolución parlamentaria de mayo de 2005, se ha roto y lo ha roto ETA", aseguraban las mismas fuentes”.
Primer deslizamiento dialéctico: ¿se ha roto el proceso, o el proceso que hemos conocido hasta ahora? ¿Fin absoluto de los tratos con los etarras o espera relativa a ver por donde saca la patita la bestia etarra? El propio periodista nos lo aclara después; Zapatero cuidó mucho su expresión para aclarar que la ruptura procedía de los terroristas (…) Ha sido ETA quien ha roto el alto el fuego y, además, Batasuna, el sábado, no condenó el atentado terrorista, pese a que a sus líderes les cogió por sorpresa. Para Aizpeolea, existe un después de las bombas: el de la reacción de batasuna, el de dejar a las claras que ha sido la voluntad de ETA de matar quien ha roto el proceso y no el presidente del Gobierno tras la salvajada. A éste le hubiera bastado poco para comparecer el día del atentado y romper solemnemente y para siempre con la banda. No lo hizo.
Pero la conclusión a las que llega el periodista de El País y la coalición gubernamental es evidente y lógica. Si ETA ha roto el proceso mostrando que no tiene voluntad de negociar, es ella la que más adelante deberá mostrar que –otra vez- tiene voluntad de hacerlo; hasta que en el futuro no exista una voluntad inequívoca no habrá ninguna posibilidad por parte del Gobierno de aproximar ningún diálogo con la banda ETA (Rodríguez Zapatero, 30-12-06) ¿Voluntad inequívoca?, se pregunta el ciudadano que tiene la intención de haber asistido ya anteriormente a esta condición; en marzo de 2006, bastó con que ETA declarara un alto el fuego para que la voluntad inequívoca quedara demostrada. En la era del “ansia infinita de paz”, el comunicado etarra que manifiesta la voluntad inequívoca borra todos los crímenes del pasado y conjura al Estado a negociar como si nada hubiera pasado.
¿Continuará el Presidente en los tratos con ETA en el futuro?, se pregunta el despistado. Aizpeolea, apunta en su análisis del 2 de enero; Zapatero utilizó el sábado el término "suspensión" y no el de "ruptura" para calificar el estado del proceso, tras el atentado de ETA, para dejar claro que quienes rompían al alto el fuego eran los terroristas y no el Gobierno. Aizpeolea no parece interesado en esconder el verdadero problema, que es el estado del proceso. Si Suspender es Detener o diferir por algún tiempo una acción u obra, el verbo implica detención, pero también continuidad. En su comparecencia del 2 de enero, Rubalcaba fue más contundente; Este proceso está acabado, roto y liquidado, o eso parecía:
- ¿Cree que este proceso es insalvable?
- El proceso éste, sí.
Rodríguez Zapatero negó que el proceso estuviera acabado, sino interrumpido hasta que ETA mostrara voluntad inequívoca. Rubalcaba afirmó que sí lo estaba, para a continuación aclarar que es este proceso el roto y liquidado, y eso sí, que se le escapaba si era el definitivo. Más allá de trampas y humo sintáctico, lo cierto es que el Frente de la Paz mantiene la ida de continuidad, con este u otro proceso. Llamazares, el mismo día 30 afirmaba; el proceso ha sido golpeado de manera unilateral por ETA pero no supone que la situación sea irreversible. Más adelante, el día 2, y sobre los restos humeantes de la T4, el socio del PSOE en el Frente de la Paz anunciaba sin asomo de rubor; este proceso está suspendido y ahora toca presionar a la organización policial y judicialmente e incrementar la presión política sobre Batasuna, que tiene una de sus últimas oportunidades para desmarcarse. El día 3 de enero, Batasuna amagaba y empezaba a satisfacer los deseos del pactismo. Alimentaba también la doctrina oficial acerca de la división en el seno de ETA, siempre proclamada pero nunca demostrada.
José Blanco remarcaba la firmeza del Gobierno; Reitero lo ya manifestado por el Presidente. Con violencia no hay diálogo, y sin diálogo no hay proceso. Por lo tanto, el proceso, porque así lo ha querido la banda terrorista ETA, está roto. Para el Frente de la Paz, el atentado es la violencia, por lo que sin el atentado deja de haberla. Pero entonces, ¿Cuándo se considera que deja de haber violencia y por lo tanto puede haber diálogo? Nueve meses de tregua han mostrado que la kale borroka y el chantaje no son considerados violencia. Si sólo el atentado implica violencia, entre crimen y crimen hemos asistido a cientos de treguas etarras durante decenios. Pero en la era inaugurada el 14M, cuando los términos mitológicos del pactismo, negociación, diálogo y voluntad de paz, aparecen espolvoreados en los comunicados de ETA y Batasuna, la voluntad inequívoca está servida, aunque huela a dinamita. El tiempo de la violencia silenciosa empezará de nuevo a la sombra de otra negociación.
¿Porqué continuar un proceso tras el asesinato de por parte de ETA de dos personas en Madrid?¿No muestra la poca intención etarra de rendir sus armas al Estado? De nuevo las palabras de Rodríguez Zapatero en marzo de 2006 resuenan en el parking de la Terminal 4 de Barajas;
Primero, comprobar que estamos ante el fin de la violencia, de cualquier tipo de violencia. Segundo, que la política sólo se puede hacer desde la política y desde las reglas democráticas y desde las leyes; y que todo el mundo cabe en la democracia, todo el mundo que actúe democráticamente. Ésa es la grandeza de la democracia. Que tiene el alma y las reglas para integrar a todo el mundo que use medios democráticos para defender las ideas que quiera. Tercero, tenemos un aspecto fundamental que tiene que ver con todas las personas que han estado implicadas en las acciones terroristas, terreno que será lógicamente difícil, que llevará tiempo y que exigirá, de manera esencialísima, el concurso de todas las fuerzas políticas, de la opinión pública, de la sociedad y, por último, la tarea a plazo más largo, que es refundar la convivencia social en Euskadi.
Tres ideas: en primer lugar, verificación del fin de la violencia; en segundo lugar, afirmaba el Presidente, la democracia puede integrar todas las ideas; en tercer lugar, refundar la convivencia social en Euskadi. ¿Qué convivencia?, se pregunta el constitucionalista; ¿acaso la Constitución de 1978 no es la mejor forma posible de convivencia entre españoles, entre vascos? Es en este punto en el que el atentado de Barajas entra en relación con la ley de Memoria Histórica, la Educación para la Ciudadanía, la expulsión del cristianismo de la vida pública; en la Ideología que alcanzó el poder en España el 14M, el objetivo principal parece ser el cambio social, y con él el cambio político y de régimen.
2. ¿Proceso de Paz o cambio de régimen?
En la mente del Frente progresista que gobierna España, el fin de la violencia va unido al cambio de la sociedad española, de su convivencia y de su comportamiento; ¿Estamos ante un cambio de régimen? ¿No son acaso paranoias de La Razón, de la COPE, de Libertad Digital?¿Qué tiene esto que ver con los escombros humeantes de la T4? En los primeros días del año 2007, esta conclusión parece más bien una lectura atenta del proyecto para España de Rodríguez Zapatero en relación con el terrorismo (marzo 2006);
Pregunta; Usted ha definido este proceso como largo, duro, difícil. Al final de todo, y aun si acaba bien, será necesaria una tarea de reconstrucción moral de la sociedad vasca.
Respuesta; Llevará mucho tiempo. Tengo algunas ideas al respecto y algunas personas pensadas para que piloten esa iniciativa si llegamos a ese escenario.
Reconstruir la sociedad vasca; he aquí la que parece la solución definitiva al problema etarra; pero la sociedad vasca parecía estar lo suficientemente construida con el espíritu constitucional-pluralista de 1978; ¿no era la Constitución el punto de encuentro entre vascos, de reconciliación entre los que perdieron y los que ganaron la guerra? La respuesta del progresista, aquel que interpreta la historia en clave de progreso democrático y de destrucción sistemática del pasado, se encarna en las palabras de Rodríguez Zapatero acerca de ETA; el reencuentro, la reconciliación en Euskadi, la refundación del espíritu de concordia, el que el futuro pese más que el pasado, el que toda una generación que ha vivido el drama del terror pueda explicar a los niños de Euskadi de hoy que eso fue una etapa de la que afortunadamente hemos salido, y que constituye un acto de orgullo del pueblo vasco el salir de esa etapa (marzo de 2006).
Así las cosas, difícilmente puede hablarse de rendición ante ETA cuando el proyecto es el cambio de la sociedad vasca y de sus instituciones; entonces es cuando el español atento a los detalles, descubre que la superación de la Constitución de 1978 está tanto en el proyecto político del progresismo que gobierna como en la siniestra mente del terrorista etarra. El ilustre profesor de la Universidad Pompeu Fabra Vicenç Navarro, escribía hace ya un año en el diario que abandera el progresismo español cómo las izquierdas, que habían sido las protagonistas en la lucha por la justicia social, la libertad y las identidades nacionales (…), aceptaron durante la transición una Constitución que reproducía una visión de España predominantemente uniforme, que negó su plurinacionalidad y que incluía elementos que significaban una clara renuncia a muchas aspiraciones que las izquierdas habían tenido históricamente en España. (El País, 18-1-06)
¿Paranoia política neocon acerca del peligro del Frente de la Paz? Navarro, como acostumbra la izquierda, ilustra sobre el pensamiento de la derecha; En realidad, el gran temor de las derechas -como ha quedado reflejado en muchas de las declaraciones de sus dirigentes- es que las izquierdas quieran conseguir los derechos políticos y sociales que el alzamiento militar interrumpió durante la República. Para el progresismo, la Transición fue lograda pese a la oposición de la derecha. En 1978, fuerzas oscuras y golpistas guardaban las espaldas de la derecha e impidieron que la Historia progresara como es debido impulsada por una izquierda entonces moderada por una prudencia histórica, que ha sido positiva, pero que no tiene nada que ver con la realidad actual. Ahora estamos en condiciones de hacer esa vindicación sin que se entienda como un ánimo revanchista (Rodríguez Zapatero, 22-07-2001).
En la entrevista en
Cuatro del 26 de enero de 2006, Rodríguez Zapatero, afirmaba el proyecto de su Gobierno:
Estamos culminando un proyecto con las bases de finales de los años 70. Unos meses después (
El Mundo, 17 de abril de 2006), explicaba los cambios sociales que tenía previsto realizar;
Lo que estamos haciendo es aplicar en su letra la Constitución, actualizarla demostrando su enorme capacidad para integrar la convivencia. Así las cosas, más allá de la opinión acerca de los hechos de la política diaria, parece necesario convenir con Ignacio Cosidó (Libertad Digital, mayo 2005) en que El nuevo régimen al que pretende conducirnos el Gobierno actual tiene dos ejes fundamentales: la transformación del actual Estado de las Autonomías en un Estado Confederal y la evolución de un régimen pluralista a un régimen de partido institucional. No parecen paranoias derechistas; bastará con que el inquieto lector relea los discursos y entrevistas del Presidente del Gobierno desde su nombramiento como Secretario General del PSOE hasta la fatídica tarde del 30 de diciembre.
En el futuro que anuncia el progresismo español, la paz estará asegurada puesto que en la democracia auténtica, también en el País Vasco, caben todos: la tarea a plazo más largo, que es refundar la convivencia social en Euskadi. Pero en un proceso tan grandioso como lo es refundar el orden social vasco, ¿cómo no convenir en que el crimen etarra es un accidente histórico? Cuando el fin es la refundación política de Euskadi y con ella el fin del terrorismo, el proceso de diálogo de 2006 puede cerrarse, romperse, suspenderse o acabarse cuantas veces sea necesario. Porque el proceso de refundación de la convivencia social vasca lo recorre, lo supera y le da la unidad necesaria para volver a sentarse a dialogar con los asesinos de Barajas tan pronto como éstos finjan el arrepentimiento.
El diario El País, el Gobierno y el Frente de la Paz, anuncian su indignación por el atentado; olvidando que entre los escombros de la T4 yacen dos seres humanos, concluyen que la Renault Traffic es la prueba de la voluntad equívoca de ETA; en curiosa asimetría intelectual, antes les bastó con un comunicado para comprobar la voluntad inequívoca. Afirman la división dentro de ETA; les bastará un paso para anunciar que se negociaba con la ETA buena, y que ésta, más adelante, se impondrá y manifestará, otra vez, la sacrosanta voluntad. Será antes o después de las elecciones y el pacto nacional-socialista para Navarra. Esperan desesperados o pacientes, que de las palabras de Batasuna y ETA pueda interpretarse, más adelante y como sea, el regreso de la voluntad inequívoca. El proceso ha muerto, ¡viva el proceso¡
Si Rodríguez Zapatero no renuncia a su proyecto global de transformar en clave progresista la sociedad española y la vasca, volverá a sentarse a dialogar con los criminales etarras, porque en un recodo del camino se encontrará con quienes buscan acabar con la Constitución de 1978 a golpe de dinamita. El modelo irlandés que entusiasma a los pactistas, incluye atentados, ruptura del diálogo, recuperación y nuevas negociaciones; largo, duro y difícil. Y ello es posible porque el fin, más allá del atentado criminal, es un fin político en el que se encuentran en el camino. El problema es que en el reencuentro, la reconciliación en Euskadi, la refundación del espíritu de concordia de la que hablan ETA y Batasuna no caben ni María San Gil ni Mayor Oreja, ni Rosa Díez ni el propio Patxi López. Y ni siquiera caben el propio Rodríguez Zapatero, y los profetas de la paz perpetua. Pero hasta que éstos no se den cuenta, el proceso morirá y resucitará las veces que sea necesario, flotando en nombre de la voluntad inequívoca sobre las columnas de humo de los autobuses quemados y los rescoldos de la Terminal 4 de Barajas. Así que ahora sólo quedará saber cuándo y hasta cuándo.