Después de una campaña crispada entre los dos principales candidatos, los mexicanos llevan otro mes asistiendo a la rebelión, más o menos pacífica, de parte de las huestes del Partido de la Revolución Democrática (PRD). La estrategia de López Obrador y sus partidarios consiste en negar validez a los dos conteos registrados hasta ahora, primero en los colegios electorales y después en la suma de las actas de los colegios, y pedir un nuevo recuento “voto por voto, acta por acta”, tal como reza el lema de su campaña.
En los días anteriores a las elecciones, AMLO se creía ya presidente. Clamaba que iba a sacar 10 puntos de ventaja al abanderado del PAN; prefería olvidarse de las encuestas que otorgaban la victoria a éste y de las propias del PRD en las que ambos políticos estaban muy igualados. La noche de la jornada, cuando el Instituto Federal Electoral (IFE) estaba transmitiendo datos preeliminares por medio del PREP, López Obrador fue el primer candidato en proclamarse ganador; afirmó que aventajaba a Calderón en medio millón de votos cuando era éste el que tenía 400.000 de votos por encima del segundo. A medida que las sumas no producían los resultados que él quería, AMLO empezó a denunciar un fraude y a aportar presuntas pruebas de éste.
Personalmente, la prontitud con que el equipo de López Obrador acarreó vídeos
[1] y actas y papeletas manipuladas, junto con la rápida organización de manifestaciones y marchas por todo el país, me inducen a pensar que había un plan para el caso de que el ex alcalde del Distrito Federal fuese derrotado.
Uno de los métodos sucios empleados fue la impugnación y el bloqueo de numerosas actas en los estados del norte de México, donde venció ampliamente Calderón, para retrasar la incorporación de esos datos al recuento definitivo realizado por el IFE
[2], a continuación del PREP (Programa de Resultados Electorales Preeliminares, un sistema informático y estadístico avalado por todos los partidos), los días 5 y 6, para que Obrador estuviese en cabeza durante las primeras horas. El día 5, los mexicanos se irían a dormir con la ventaja del candidato de izquierdas y se despertarían con la menguada victoria del PAN. En una parte apreciable del pueblo anidaría la sospecha de un pucherazo. Además, el jueves 6, cuando se supo la victoria de Calderón, el caudillo populista anunció la impugnación de las elecciones presidenciales y la petición de que se recuenten todos los votos
[3]. En la misma conferencia de prensa convocó la primera manifestación (asamblea informativa la llamó) en el Zócalo de la capital e insinuó el fraude por parte del PAN.
Elecciones limpias y controladas por el PRD
En la manifestación celebrada en el Zócalo el 16 de julio, López Obrador expuso ante sus seguidores y el país su objetivo, la apertura de los paquetes electorales para proceder a un nuevo recuento, mediante “acciones de resistencia civil pacífica”. Afirmó que, nada menos que “el 60 por ciento de las 130.4778 actas electorales, tiene errores aritméticos”.
El Instituto Federal Electoral (IFE) aseguró el mismo día que los consejos de distrito acordaron abrir los sobres o paquetes sólo en 2.870 mesas de las 130.477 instaladas en el país, para contar voto por voto y “despejar las dudas de los representantes de los partidos y coaliciones”. El IFE recordó que los sobres con los votos se abren exclusivamente cuando presentan indicios de alteración o los resultados de las actas, que poseen la autoridad electoral y los partidos, no coinciden, muestran modificaciones o han desaparecido.
En el control de las votaciones y el conteo participaron en torno a 2,5 millones de mexicanos: unos 900.000 como funcionarios de casilla (presidentes de mesa y vocales) y otro millón y medio de representantes de los partidos, entre los que había varios cientos de miles vinculados al PRD. Es decir, AMLO sostiene que los fraudes se produjeron con la omisión o la colaboración de su propia gente. La respuesta fue tajante por parte de los jefes estatales del PRD. Los dirigentes en Tlaxcala, Veracruz y Guanajuato negaron que sus interventores en las mesas se hubieran vendido o hubieran cometido actos ilegales, tal como había afirmado AMLO
[4]. El jefe del PRD en el estado de Guerrero declaró lo siguiente:
“Nosotros tenemos una buena estructura partidista y, aunque tuvimos ciertas deficiencias durante el proceso de la elección, se logró obtener más de 550 mil votos a favor de nuestro candidato Andrés Manuel López Obrador. Es gente que ya está cimentada y de ninguna manera desconfío de nuestros compañeros que estuvieron como representantes de casilla en las elecciones”[5].
José Woldenberg, presidente del Instituto Federal Electoral entre 1996 y 2003 (reconoció la victoria del panista Vicente Fox en 2000), subraya que un nuevo conteo significa que
“el partido que demanda eso desconoce las firmas de sus representantes en todas las casillas [actas]. (...) Los votos ya se contaron uno a uno y se contaron en presencia de los partidos políticos, que se quedaron con un acta que ellos firmaron”[6].
Tal como reconocieron los observadores enviados por la Unión Europea, las votaciones y los conteos fueron libres, hechos que, por desgracia, son una excepción en la agitada historia del país. Y un político demagogo pone en riesgo semejantes progresos por su ambición. Así lo describe el escritor Enrique Krauze:
“En sus 185 años de vida independiente, México sólo ha vivido en un orden legal democrático durante tres períodos: un decenio en el siglo XIX (el luminoso período de la República Restaurada), un año en el XX (el sueño democrático de Francisco I. Madero) y el primer lustro del siglo XXI. Este México, que ensaya por tercera ocasión la democracia, enfrenta una prueba crucial de la que depende no sólo nuestro futuro como sociedad civilizada (respetuosa de las leyes, las libertades, las instituciones) sino también -en alguna medida- el futuro de la democracia en Latinoamérica”[7].
Pese a los hechos y el control sobre el proceso electoral, que convierten el engaño en algo muy improbable, López Obrador está dispuesto a llegar a la presidencia “como sea”.
Bandas de la porra y titiriteros
Su carrera política comenzó en el Partido Revolucionario Institucional (PRI) hasta que en 1988 se unió al PRD, el nuevo partido fundado por otro priista desencantado: Cuauhtémoc Cárdenas. A lo largo de ésta, el candidato de la izquierda y de los admiradores del guerrillero Marcos y de Hugo Chávez, ha empleado los tumultos callejeros y las
bandas de la porra para ganar sus victorias. Amedrentó a tres presidentes: Carlos Salinas, Ernesto Zedillo y Vicente Fox. A fin de obtener su residencia en el Distrito Federal y presentarse así a las elecciones para la alcaldía de éste, movilizó a sus partidarios, y cuando el Gobierno quiso retirarle el fuero para que se le juzgase por incumplir una sentencia repitió la maniobra: se presentó como la víctima de los poderosos y lanzó a la calle a sus partidarios y
clientes[8].
Igual que hace Chávez, cuando los manifestantes los mueve él encarnan al pueblo; por el contrario, cuando esas manifestaciones son en contra de su persona o de su gestión forman parte de una conspiración.
“Meses antes, ante escenarios similares, el entonces jefe de Gobierno del Distrito Federal había declarado que los linchamientos eran parte de los usos y costumbres de algunos pueblos. Meses antes, también, Andrés Manuel López Obrador descalificó una gran marcha de protesta contra la delincuencia porque la consideró simplemente otro complot en su contra”[9].
Desde los primeros momentos, el PRD ha recurrido a las movilizaciones de sus partidarios, que en muchos casos son asalariados de las administraciones que controlan. El jefe de Gobierno del Distrito Federal, Alejandro Encinas, dijo que los funcionarios capitalinos están
“en todo su derecho” de utilizar los eventos oficiales del Gobierno del Distrito Federal para exhortar a la
“resistencia civil” a la que convocó AMLO
[10].
El 18 de julio, a los dos días de la manifestación en que AMLO dio la consigna de la “resistencia civil”, Calderón empezó a padecer los métodos de su adversario. A la salida de una reunión con varios sindicalistas en el Club de Prensa, en el centro histórico de la ciudad de México –territorio controlado por el PRD-, una banda de la porra le insultó y golpeó su vehículo. La agresión no concluyó en una pelea debido a la habitual moderación de la derecha ante este tipo de agresiones. Uno de los mamporreros fue identificado como Daniel Valle, empleado de la Secretaría de Seguridad Pública capitalina, dirigida por el PRD.
El vicecoordinador del PRI en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, José Medel Ibarra, declaró en una rueda de prensa que reconocía a Valle como el sujeto que le golpeó en 2003. Añadió que el subsecretario Gabriel Regino (PRD)
“tiene un grupo que se encarga de hacer diversos trabajos de provocación en contra de los que denominan enemigos de su partido”[11].
Ante la agresión a su rival político, Obrador reaccionó de idéntica manera que parte de la clase política española ante los asaltos de sedes del Partido Popular. En una entrevista radiofónica hecha la tarde de ese mismo día dijo:
“No condeno los hechos sino el fraude electoral. Eso es legítima defensa”. Y añadió:
“Si quieren imponer [¿quiénes?] al candidato de la derecha, aparte de que sería un presidente impuro, mucha inestabilidad política se desataría”[12].
El ambiente creado por este sector del PRD y justificado por Obrador y su círculo es de tal violencia que Josefina Vázquez Mota, coordinadora de la campaña de Felipe Calderón, declaró que éste y su familia están vigilados en prevención de un atentado
[13]. Las amenazas, hasta de muerte, se están extendiendo a los miembros del PAN
[14], y quienes tratan de oponerse en la calle a los grupos izquierdistas también son agredidos
[15].
A medida que transcurren los días y se agota el plazo para que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación
[16] resuelva los recursos y proclame al vencedor, las protestas se radicalizan y extienden. Las unidades de choque del PRD acosan al actual presidente, Vicente Fox
[17], presionan a los miembros del Instituto Federal Electoral
[18] y se manifiestan ante las empresas calificadas de enemigas e incluso la Bolsa de Valores de México
[19]... La mayoría de estos disturbios se producen en la capital sin que las autoridades locales, del PRD, intervengan
[20] para garantizar los derechos de los demás ciudadanos cuya vida no depende de los enchufes
[21] que pueda repartir Obrador desde Los Pinos. La pregunta que cabe hacerse es: ¿de dónde sale el dinero que paga a tantos
liberados?, ¿acuden todos voluntariamente?
[22]
Los grupos de AMLO que ejecutan acciones de
“resistencia civil” (bloqueos, amenazas) han elaborado una lista negra de empresas privadas en contra de las que protestan o lo harán en el futuro porque están
“del lado de la derecha”[23]. Se trata de Banamex, el primer banco de la nación, Bancomer, propiedad del grupo BBVA, Avantel, Mexicana, Sabritas, Coca- Cola, Wal Mart, Kimberly Clark, Bimbo y la cadena de televisión Televisa. ¡Sin duda, una de las mejores maneras de atraer inversiones al país! Los empresarios, tanto nacionales como internacionales, se habían alegrado
[24] del triunfo de Calderón porque temían la política económica intervensionista y derrochadora de AMLO, y están comprobando que sus temores eran fundados.
A partir del 30 de julio, fecha de la segunda gran manifestación en el Zócalo, el PRD radicalizará su campaña de resistencia para
“defender el voto”. El portavoz del partido, Gerardo Fernández Noroña, no descartó el bloqueo de aeropuertos, carreteras y pasos fronterizos. Las decisiones, explicó, las tomarán los manifestantes en el Zócalo mediante votaciones a mano alzada
[25]. En esa manifestación, López Obrador declaró una asamblea permanente e instó a sus seguidores a montar varios campamentos en el Zócalo y las calles aledañas hasta que el TEPJF se pronuncie
[26]. De nuevo el gobierno del Distrito Federal colabora con los rebeldes al permitir la ocupación del espacio público por los manifestantes.
Entre sus aliados, Obrador cuenta con la casta de los intelectuales progresistas. Y también con otra estrella mediática de la izquierda europea y americana: el subcomandante Marcos. El rebelde enmascarado, que tuvo que disolver su partido debido a la corrupción de los dirigentes
[27], declaró en una entrevista su apoyo a AMLO y explicó cómo Fox y el PAN realizaron el fraude:
“Según información que teníamos, en el IFE se empezó a hacer un guardadito de millón y medio de votos, para compensar la desventaja de Calderón. Votos no sabemos de dónde, pero en el padrón electoral hay 5 millones de gentes que no iban a votar. Dos millones muertos y tres o más que no están en el país. El PRD debió poner atención y no lo hizo porque calculó que ganaría sobrado. La tarde del 2 de julio en Los Pinos ya saben que van a perder. Fox llama a Ugalde y le dice que hay que administrar la entrada del PREP mientras se acomodan los votos guardados. El IFE empieza a dar entrada sólo a las casillas donde va bien Calderón. Se trata de un fraude operado desde Los Pinos y el comando central del PAN, que pone en crisis la democracia, la legalidad y la supuesta neutralidad del IFE”[28]. Interesante conocimiento y apreciables opiniones de quien no cree en las elecciones ni en el Estado
[29].
De los
titiriteros que forman la corte de AMLO destacan la actriz Jesusa Rodríguez, la soprano Regina Orozco, los escritores Elena Poniatowska
[30] y Carlos Monsiváis y el cineasta Luis Mandoki. Igual que sus correligionarios españoles, su misión es encabezar las manifestaciones, elaborar eslóganes y promover a su líder entre los medios de comunicación extranjeros.
Es tanto lo que se juega la izquierda mexicana y latinoamericana en el país que hasta interviene la dictadura comunista de Cuba. Un tal Peter Gellert
[31], que no es diplomático, pero sí representante del Movimiento Mexicano de Solidaridad con Cuba, incitó desde la embajada cubana a mantener la movilización social ante la llegada de Felipe Calderón a la Presidencia, porque el PAN, dijo, representa la subordinación de la política internacional mexicana a la de la Casa Blanca.
Otro de los respaldos que conviene mencionar es el de la filial del PSOE en México. El 13 de julio, Rosi Arranz, miembro del secretariado del partido socialista, declaró que
“por solidaridad con la izquierda estamos apoyando a Andrés Manuel” [32]. La semana anterior, el secretario general del PSOE y presidente del Gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero, había felicitado a Felipe Calderón por su triunfo.
Sube el prestigio de Calderón
Las protestas y la rebelión de AMLO están teniendo un efecto contrario al buscado por sus impulsores: Calderón está aumentando su respaldo y su prestigio. De acuerdo con una encuesta
[33] realizada tres semanas después del 2 de julio, si se repitieran las elecciones presidenciales, un 40.4% votaría por Calderón, un 39.8% por Obrador, un 17.4% por Roberto Madrazo y un 2.4% por otros partidos. En comparación con los resultados conocidos, los candidatos del PAN y del PRD crecerían a costa del PRI y Calderón aumentaría su ventaje en unas centésimas. Calderón y AMLO mantienen una imagen predominantemente positiva, incluso mejor a la del mes previo a las elecciones. Calderón ahora tiene un balance de opiniones positivas menos negativas de 17 puntos positivos, cuando en junio tenía 9. AMLO obtiene 7 puntos positivos contra 4 en junio.
Además, el 52.5% está convencido de que Felipe Calderón fue el ganador de las elecciones. Esta postura la comparten no sólo los votantes de Calderón, sino también la mayoría de los votantes del candidato del PRI (54%) e incluso un 10% de los votantes de López Obrador. Un 45% de los mexicanos cree que el TEPJF debe declarar presidente electo a Calderón; sólo un 26% es partidario de que se declare vencedor a AMLO y un 20% preferiría que se anulase de la elección. Y si el TEPJF fallara a favor de Calderón, sólo un 16% rechazaría tajantemente esta decisión, en particular quienes votaron por el candidato de la coalición Por el Bien de Todos, que sería un 38%. AMLO se está quedando solo y en su pelea está quemando el PRD, que acababa de situarse como segundo partido mexicano.
Ante la tensión creciente y las campañas algunos políticos, empresarios y hasta obispos se han decantado por la apertura de los paquetes electorales y un nuevo recuento. Es una tentación comprensible. La derecha suele estar dispuesta a sacrificar sus programas y deseos políticos en aras a la paz social, mientras que a la izquierda no le importa subvertir el orden público con tal de imponer sus proyectos.
Sin embargo, una cesión ante el ex alcalde de la capital federal no traería la paz, sino que revitalizaría las protestas. Un recuento
“voto por voto, casilla por casilla” que no le diera el primer puesto tampoco lo aceptaría López Obrador. De ahí la elaboración de dos argumentos que permiten mantener su queja. El primero es que él es
“el candidato de los pobres”, por lo que debe gobernar para moldear un México más feliz y justo; así Obrador goza de la superioridad moral sobre Calderón, el candidato de los ricos
[34]. El segundo, que grandes poderes más o menos ocultos, desde el presidente Fox a las televisiones, pasando por Estados Unidos, han adulterado la elección mediante un uso torticero de los anuncios electorales y presupuestos públicos; es decir, las elecciones no se realizaron en condiciones de equidad entre los dos candidatos
[35] y deben repetirse. Éstas son palabras del mismísimo AMLO dirigidas a Calderón:
“Como usted comprenderá, yo nunca podré decir que estas elecciones fueron equitativas, limpias y libres”.
Conviene disipar las dudas sobre la igualdad de condiciones entre los dos candidatos. Por ejemplo, López Obrador no quiso presentarse al primer debate electoral televisado con sus demás rivales, que se desarrolló en abril. Su silla quedó vacía. Si Calderón disponía de más medios que él, ¿por qué desaprovechó esa ocasión de equilibrar la balanza?
El informe del IFE sobre la propaganda de todos los candidatos a la presidencia de la república sostiene que el candidato de la coalición Por el Bien de Todos, Andrés López Obrador, sumó 16.316 anuncios de televisión, que ocuparon 319.155 por 11.904 anuncios de Calderón y 275.309 segundos. El priísta Roberto Madrazo contrató 10.475 anuncios; en total, 276.311 segundos. La radio fue el medio preferido del candidato del PAN, pues contrató 106.960 anuncios con 1.889.295 segundos. López Obrador apareció en 60.410 cuñas, que sumaron 1.218.434 segundos y Madrazo en 59.414, con 1.520.659 segundos. Respecto a la prensa escrita, Roberto Madrazo sumó 982 inserciones, por 803 de López Obrador y 350 de Calderón
[36].
Las intervenciones de Calderón están siendo contadas a diferencia de las de Obrador. El candidato del PAN se presenta como defensor de las leyes vigentes, uno de los puntos de su programa electoral, y destaca que sólo el TEPJF puede modificar los resultados.
“Exijo respeto al voto, respeto a la ley, respeto a los ciudadanos; porque todo eso es respeto a México. Exijo respeto para México y para los mexicanos que ya decidieron el 2 de julio”. A la propuesta de su rival de que él también pidiese el recuento de todas las papeletas, contestó que las elecciones
“fueron limpias, libres y democráticas” y que acatará la resolución del TEPJF. Ya ha recibido las felicitaciones, entre otros, de George Bush, José Luis Rodríguez Zapatero
[37], Álvaro Uribe, Angela Merkel y Stephen Harper, primer ministro de Canadá. Y ha mantenido reuniones con sindicalistas, dirigentes campesinos, empresarios, alcaldes y periodistas en las que ha adelantado las líneas de su Gobierno.
Son sus colaboradores más cercanos y la cúpula de su partido quienes replican al PRD y a AMLO, para quedar por encima de la trifulca. Cuando López Obrador dijo en la cadena de televisión que él era el presidente electo, el portavoz del PAN le comparó con el general López de Santa Anna, uno de los personajes históricos más detestados por los mexicanos:
“Lo que queda muy claro es que se trata de un desplante mesiánico, una autoproclamación al viejo estilo de Antonio López de Santa Anna. (...) Un verdadero demócrata respeta a la mayoría de los mexicanos, a las autoridades electorales, la solución pacífica de los conflictos”[38].
La asonada, el modelo de ZP
El comportamiento del PRD y de sus bandas de la porra y de titiriteros muestra que cierta izquierda ha optado por métodos de acción directa para tomar el poder. El primero en hacerlo fue el PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero a la vista del éxito de las movilizaciones en Galicia por la marea negra causada por el petrolero Prestige
[39]. Después, con motivo de la guerra de Irak, el secretario general de los socialistas prefirió echarse a la calle junto con los comunistas y los partidos separatistas para desgastar al Gobierno de José María Aznar
[40]. En ambos casos, los cálculos del PSOE fracasaron. En las elecciones locales de mayo de 2003, no se produjo el hundimiento del PP ni el ascenso del PSOE. Sin embargo, en los días que mediaron entre los atentados del 11 de marzo de 2004 y las elecciones del 14, el PSOE recurrió de nuevo a las agresiones, los insultos, los asedios a las sedes del PP en la jornada de reflexión y añadió las acusaciones al Gobierno de haber organizado un complot. Se registraron casos de intimidación y acoso en las mesas electorales a interventores y cargos del PP.
Otros caudillos izquierdistas que han recurrido a la estrategia de la acción directa son el boliviano Evo Morales y el argentino Néstor Kirchner. Morales consiguió el derrocamiento de dos presidentes legítimos mediante manifestaciones violentas, sobre todo contra Gonzalo Sánchez de Lozada, en las que murieron docenas de personas. Kirchner ha impulsado boicots a empresas como Shell, ha pactado con bandas de piqueteros
[41] y ha apoyado, sobre todo por omisión
[42], los cortes de carreteras y puentes entre Uruguay y Argentina por la construcción de dos papeleras.
A diferencia de estas izquierdas, la italiana, por ejemplo, no salió a la calle cuando el primer ministro derrotado, Silvio Berlusconi, se empeñó durante unos días en negarse a reconocer los datos y en exigir un nuevo recuento de los votos. El Ministerio de Interior refutó las declaraciones de Berlusconi
[43], que al final se rindió ante las pruebas. Y eso que la diferencia en la Cámara de Diputados entre la coalición izquierdista La Unión y la liberal-conservadora Casa de las Libertades era inferior a los 25.000 votos: 19.002.398 frente a 18.977.843.
Los partidos de izquierdas han perdido elecciones recientemente en Polonia, Canadá, Australia, Portugal, Alemania y Perú, y en ninguno de esos países han tratado de conquistar el poder que les negaron los ciudadanos mediante movilizaciones callejeras. Sólo ha ocurrido con el español Rodríguez Zapatero, el boliviano Evo Morales y el mexicano Andrés Manuel López Obrador. El secretario general del PSOE ha aportado una novedad a sus pares ideológicos a la altura de la Alianza de Civilizaciones.