La vuelta de Libia a la escena internacional: el islamismo como caballo de Troya
por
Francisco Ramón Trujillo Fernández
y
José Collado Medina,
25 de Enero de 2010
Dice el profesor Carlos Echeverria, que aunque es evidente la prioridad que para las políticas de seguridad y de defensa de España representa el Magreb -y en especial Marruecos y Argelia, que requieren de aproximaciones diferenciadas que escapen de la históricamente nefasta política de equilibrios- también lo es que Egipto y los otros tres Estados magrebíes deben ser incorporados a una visión integrada ya que los factores de inestabilidad analizados interactúan en todos ellos extendiéndose hacia Oriente Próximo y Medio y, por el sur, hacia el Sahel. Estos factores nos muestran claramente la contradicción a la que nos enfrentamos: cuando más urgente es la aproximación entre los Estados norteafricanos, más difícil parece el conseguirla dada la perduración de complejos contenciosos y desconfianzas que los vecinos septentrionales deberían, con prudencia pero también con firmeza, acercando y no distanciando a las partes, contribuir a resolver
i.
Revisamos en este artículo como entre estos factores de inestabilidad, el líder Muammar el Gaddafi considera al fanatismo religioso como un posible elemento de quiebra en el interior de su propio estado
ii.
1. Introducción
El Régimen de la Yamahiriya o República de Masas vive en los últimos años un verdadero resurgir en sus relaciones con los países occidentales. De Estado paria, Libia ha pasado a convertirse en un interlocutor válido en las relaciones con el Norte de África, gracias en parte al nuevo pragmatismo que ha sabido imprimir Gadafi, pero sobre todo por la capacidad de presión política que supone disponer de ingentes reservas de gas en su territorio. Efectivamente, la búsqueda por parte de Europa de rutas alternativas para la importación de gas natural pasa sin duda por el establecimiento de fuertes relaciones comerciales con Libia, en el entendimiento de que Rusia seguirá utilizando sus propios recursos energéticos como herramienta de presión. Esto es, cortando la llave del gas se consigue que media Europa pase frío, y la otra media siga temblando al pensar que dependen del gas del Cáucaso para subsistir en los largos inviernos europeos, sobre todo de la Europa del Este.
Así las cosas, debemos considerar que la Unión Europea importa cerca del 60% del gas que consume
iii, sin duda un porcentaje en situación de déficit que algunos actores estatales han sabido utilizar en su propio beneficio. De otra parte, es interesante la propuesta que realiza Aurelia Mañé Estrada al plantear la posibilidad de una estabilidad regional implementada por las relaciones comerciales basadas en el gas natural. Así, esta autora considera que el gas podría convertirse en
"un factor de integración energética regional"iven el marco euro mediterráneo.
Por tanto, nos encontramos en el momento actual con países como Argelia o Libia en los que la corrupción política reinante sigue siendo uno de los principales baluartes reivindicativos de los principales partidos islamistas en aras a adquirir cierta legitimidad en el seno de sus propias sociedades. Por otra parte, el concepto asistencial ha resultado trascendental para un gran número de organizaciones islamistas, desde Indonesia hasta Marruecos, pasando por Oriente Próximo. En este último territorio nos encontramos con un
Hamas cada día más reforzado que ha sabido ganarse al pueblo, gracias fundamentalmente a una extensa red de servicios sociales con la que se cumplen las necesidades y demandas de buena parte de la población más humilde de los territorios ocupados
v. El caldo de cultivo generado a lo largo de años de conflicto asimétrico con el enemigo israelí, ha permitido nuevas generaciones de jóvenes con un sentido del odio perfectamente manipulable y manipulado. Debemos entender por tanto el paralelismo al considerar por parte de los extremistas que el verdadero enemigo del pueblo es su propia clase dirigente. El siguiente paso sin duda es el golpe de estado, o a lo mejor algo más efectivo: introducirse en la propia clase política y en los foros de decisión más relevantes del país en cuestión. De esta manera pueden adquirirse cuotas progresivas de control
in crescendo, no solamente del poder político, sino también desde el punto de vista del acceso a los recursos. Pese a todo, no pretendemos más que considerar la relevancia que puede tener para Libia la pérdida de legitimidad política de la actual dictadura más necesitada que nunca de reformas internas, ya sea en el marco político como sobre todo en el económico.
2. El extremismo islámico en Libia
El pragmatismo del que ha hecho gala el régimen libio en los últimos años tuvo sin duda un verdadero punto de inflexión tras los atentados del 11 de Septiembre. Así, Muammar el Gaddafi condenó de una manera fehaciente y sin duda sorprendente la actividad terrorista islamista colocándose en el lado de occidente, al menos desde el punto de vista teórico. Sorprende, se insiste, dado que durante años ha sido uno de los principales valedores y patrocinadores del terrorismo internacional. Así, el propio Gaddafi manifestaba lo siguiente:
"?
Nunca hemos visto un acto tan horrible realizado en una forma tan espectacular?"vi
Gaddafi intentaba de esta manera desmarcarse de una postura suicida que a la postre no podría haberle traído más que problemas, y de paso anunciaba la presunta detención de varios miembros de Al Qaeda asentados en su territorio. Por añadidura, el Gobierno libio ha desarrollado un papel bastante activo como participante en la
Conferencia de Ministros del Interior del Mediterráneo occidental, así como en su condición de observador en el
Proceso de Barcelonavii mientras de forma paralela entraba en el juego internacional y renunciaba a su programa de desarrollo de armas de destrucción masiva.
La realidad mientras tanto no se alejaba demasiado de los planteamientos de riesgo islamista en suelo libio, fundamentalmente porque en su propio territorio se han asentado varias
katibats adscritas a Al Qaeda en el Magreb Islámico, sobre todo en las zonas sur y este del país, menos controladas por el gobierno central, y con unas condiciones desérticas ideales para pasar desapercibido al control de la seguridad interna. El elemento
tuareg y su enorme capacidad para desplazarse en zonas aisladas, ha sido aprovechado por varios de estos grupos en Libia como también está ocurriendo en la
franja saheliana.En esta línea, el profesor Carlos Echevarría subraya las condiciones ideales del Magreb como zona de "redespliegue" de grupos terroristas
viii que se han aprovechado precisamente de grupos autóctonos diezmados por las políticas antiterroristas locales.
Tristemente, el reciente secuestro de tres compatriotas en Mauritania por parte de AQMI vuelve a mostrarnos la cara más dura y directa del terrorismo, e identificamos una vez más cómo la UMMA o Comunidad de Creyentes no entiende en absoluto de fronteras físicas, tal y como se dedujo del rápido apresamiento de los cooperantes catalanes en Malí y su traslado inmediato a una zona de nadie en el Sahel, apoyados en buena medida por rebeldes touareg, no necesariamente salafistas, pero que han encontrado con AQMI un buen filón.
En consecuencia, nos encontramos de un tiempo a esta parte con un país en el que grupos terroristas islamistas como el
Grupo Islámico Armado Libio, el
Movimiento de Mártires o el
Grupo Islámico Combatiente Libioix empiezan a obtener cierta capacidad logística y operativa. Incluso se ha llegado a hablar de un intento de asesinato del Presidente Gaddafi promovido por elementos terroristas aunque este extremo fue voluntariamente ocultado por el aparato estatal
x. El Grupo Islámico Combatiente libio es probablemente la facción más radical de los grupos extremistas del país
xi, algunos de cuyos miembros han estado operando en países como el Reino Unido en tareas logísticas
xii, pero que desde 1995 ha mantenido como principal premisa el establecimiento de un Califato islámico en Libia, al considerar al actual gobierno como apóstata, anti-musulmán, opresivo y corrupto. En 2008 se materializaron conversaciones con el gobierno libio con el objetivo de deponer las armas y renunciar a la violencia a través de la negación de la ideología Takfir
xiii, pero el proceso de reconciliación parece tener lejos su final. Y aquí surge el verdadero riesgo para Gaddafi, puesto que de alguna manera su continuidad se reduce tan solo a unos pocos años.
De otra parte, parece evidente que Gaddafi considera al fanatismo religioso como un posible elemento de quiebra en el interior de su propio estado
xiv, máxime al considerar que un golpe de efecto de los Grupos Islamistas locales podría poner en vías de extinción a su propio Gobierno de
Al Fatah. Así ocurre en otros países del norte de África como Marruecos, cuyos aparatos de seguridad llevan años reprimiendo de una manera contundente a los distintos grupúsculos adscritos a Al Qaeda.
3. Una sociedad de mayoría sunní
En cualquier caso, la mayor parte de la sociedad Libia practica un Islam
sunní malikí propio del norte de África, aproximadamente el 97% de la población
xv si bien influido sin duda por ciertas prácticas de origen bereber en las que las
hermandades y los
santones han mantenido su prevalencia
xvi, y ello a pesar de que dichas prácticas suponen un insulto para la unicidad del Islam
xvii, en el entendimiento de que la santificación de individuos va en contra de la sumisión del hombre a Allah. En este contexto, el Gobierno revolucionario surgido del golpe de estado del 69 ha intentado por todos los medios promover la propia práctica religiosa, fundamentalmente porque el estado de las masas o
Jamahiriyah fue conformándose con el paso de los años en un híbrido mezcla de populismo de izquierdas, nacionalismo y socialismo, aderezado con ciertos toques de integrismo islámico sobre el papel. En suma, la
dawa implementada de manera sostenida por grupos como
Hermanos Musulmanes, lograba promover cierto revisionismo de la práctica islámica, sobre todo desde finales de los años setenta
xviii. Pero el régimen no ha obviado cuales son los verdaderos problemas que atañen al fundamentalismo islámico, precisamente en la línea desarrollada por la Hermandad Musulmana. Así, como afirma Alison Pargeter, el crecimiento incesante de seguidores de grupos islamistas puede interpretarse en clave de oposición al régimen puesto que pueden llegar a promover ciertas tesis anti-gubernamentales, algo parecido a una "
resistencia pasiva"
xix.
4. El problema de la sucesión y el riesgo añadido de los Grupos Islamistas
Justo en este punto sería interesante convenir ciertos elementos que no por obvios dejan de ser relevantes; así, la capacidad de liderazgo del propio régimen puede ponerse en entredicho una vez el propio líder desaparezca. El sistema planteado en el
Libro Verde establece toda la concentración del poder en una única persona, por lo que el proceso de la sucesión podría ser utilizado por algunos sectores para introducir determinados discursos radicales vinculados al juego político-religioso. En cierto modo, el enfrentamiento existente entre los futuribles reformistas y conservadores forma parte del propio juego de ambiciones del país.
Saif Al Islam, hijo de Gaddafi y principal representante en la práctica del área reformista, parece empezar a perder posiciones en la carrera por el liderazgo en beneficio de
Ahmed Ibrahim, representante del ala más dura del régimen y menos partidario de las ansiadas reformas económicas
xx.
De otra parte, no podemos obviar el papel que está realizando
Al Islam a través de una ONG, negociando con Al Qaeda la liberación de presos del Grupo Islámico Combatiente Libio, tal y como ponía de manifiesto recientemente el Diario
El Paísxxi. Es una figura, la de la intermediación, que puede llegar a resultar rentable para el régimen libio, al menos desde el punto de vista político.
Mientras tanto, en la pugna por el liderazgo, podrían crearse determinados vacíos de poder que podrían ser utilizados por ciertos colectivos islamistas, deseosos por otra parte de controlar el proceso de reformas para implementar su propia estrategia. Así, un país rico en hidrocarburos como Libia puede ser una adecuada plataforma de financiación del Islam en versión radical, y las claves socioeconómicas ayudan a apuntalar estas hipótesis. El país se encuentra en el puesto 131 de 179 en el Índice de Percepción de la Corrupción, según un estudio desarrollado por
Transparency Internationalxxii, existe mucho desempleo entre los jóvenes y un creciente descontento de la población para con el régimen, sobre todo por los reducidos servicios sociales, las malas prestaciones sanitarias y la pérdida progresiva de nivel de vida. Las desigualdades sociales del Magreb exigen con premura cambios estructurales desde el punto de vista de las reformas económicas, lo cual se acrecienta por la incapacidad de los gobiernos del norte de África por "...absorber el crecimiento demográfico...", tal y como apunta Gonzalo Escribano en su
paper sobre los retos económicos del Magreb
xxiii.
En estas condiciones, los partidos islamistas pueden alzar una voz irreductible que plantee nuevas reformas en el seno del régimen, uno de cuyos casos más razonables lo apreciamos en los
Hermanos Musulmanes (HHMM). El grupo fundado por
Hassan Al Banna defiende las posturas reformistas implementadas por el hijo de Gaddafi,
Saif Al Islam, gracias al cual, unos 80 miembros de HHMM habrían logrado abandonar la cárcel en 2006 como medida de gracia
xxiv. La estrecha vigilancia a la que se somete por parte del Gobierno libio a los miembros de la Hermandad no es un impedimento para que el hijo de Gaddafi defienda el establecimiento de la
Sharia o Ley Islámica y promueva de manera indirecta la participación de HHMM en la vida pública. En cierto modo, no se puede ocultar la notable preocupación que existe en el seno del régimen sobre el peligro de radicalización de los más jóvenes, pero sobre todo por el riesgo de ataques que pueden sufrir las propias infraestructuras
gasísticas por parte de grupos terroristas.
Ese miedo del gobierno libio por la progresiva radicalización de ciertos sectores de su población pudo escenificarse en Febrero de 2006 como explica
Amirah Fernández en su artículo sobre la necesidad de reformas en Libia
xxv a través de una serie de violentas protestas. El régimen de Gaddafi se ha visto capacitado hasta el momento para controlar a los radicales islamistas, incluso hasta el extremo de colaborar con gobiernos occidentales, pero en ningún caso se esperaba manifestaciones violentas como las producidas en la localidad de Bengasi, cuando policía y manifestantes se encaraban tras la aparición de un ministro italiano portando una camiseta con caricaturas de Mahoma. En esa ocasión se unieron opositores al régimen y extremistas religiosos, pero en ningún caso hasta el punto de desestabilizar al
Gobierno de las Masas. Mientras tanto, debemos añadir que no es nuevo el interés de los extremistas por atacar emplazamientos petrolíferos. En Argelia se repiten los ataques a convoyes de contratistas extranjeros dedicados al negocio del gas, algo que según Andrew McGregor se mueve fundamentalmente por criterios político-religiosos.
Esto es, existe cierta conciencia de que la llegada al país de multinacionales extranjeras puede suponer un apoyo a la legitimidad del régimen, que se vale de los recursos de la tierra para imponer su soberanía sobre el pueblo.
5. Conclusión
Podemos concluir con dos elementos a tener en cuenta en un futuro cercano, por una parte, las reformas necesarias, que debe llevar a cabo Gaddafi en el ámbito económico y por otra la relevancia de sus recursos energéticos en el ámbito político.
Así nos encontramos con varias aproximaciones interesantes que apuntan al entorno medioambiental como generador de opiniones contrarias al propio régimen y posible elemento desestabilizador. Y me explico. La falta de reformas económicas en Libia puede llevar al país a un punto de involución, dado que el país necesita de manera urgente aplicar criterios de privatización de empresas públicas y modernizar sus elementos de extracción de hidrocarburos.
El pueblo puede identificar la falta de oportunidades con una gestión ineficaz por parte del gobierno central, y ciertamente esta situación de vacío podría ser utilizada en su propio beneficio por militantes islamistas.
No debemos olvidar que Libia es el tercer proveedor de gas en Europa y uno de los dos grandes productores de hidrocarburos del Magreb junto con Argelia.
Son elementos sobre los que trabajar, como en el caso de la Unión Europea, en su política de apertura de nuevos canales comerciales hacia Egipto y Libia, naciones vinculadas fuertemente a los países europeos, y a la búsqueda de sinergias económicas estables, con ellos
xxvi.
Estados Unidos también plantea intereses en la zona, por lo que buscan en Libia un futuro aliado estratégico con el que pueda contrarrestar la ostensible y progresiva influencia de China en el tejido empresarial del sector de hidrocarburos.
Observamos por tanto, en el nuevo tablero de juego que se está conformando, una relativa capacidad de influencia del gobierno libio sobre otros países occidentales sustentada en unas ingentes reservas contrastadas de petróleo, unido a unos bajos costes de extracción y sobre todo basada en un menor coste de transporte por su cercanía con la Unión Europea, lo cual hace tan apetecible, para los dos jugadores, cerrar acuerdos de explotación de recursos
xxvii.
En resumen y como decía Carlos Echeverria, que aunque es evidente la prioridad que para las políticas de seguridad y de defensa de España representa el Magreb -y en especial Marruecos y Argelia, que requieren de aproximaciones diferenciadas que escapen de la históricamente nefasta política de equilibrios- también lo es que Egipto y los otros tres Estados magrebíes (entre los que se encuentra Libia) deben ser incorporados a una visión integrada.
Notas
i ECHEVERRÍA JESÚS, Carlos. Introducción. Documentos de Seguridad y Defensa nº 10 titulado: Evolución geopolítica del norte de África: Implicaciones para España. CESEDEN Madrid. Junio de 2007.
ii CUBEDDU, Giovanni. "Gaddafi ha visto que el fanatismo religioso nos está llevando al desastre y ha vuelto una vez más a ser realista". Entrevista a Giovanni Innocenzo Martinelli, Vicario apostólico de Trípoli (Libia). Mundo Islámico. Diciembre de 2007, Artículo disponible en la web: <http://www.webislam.com/?idn=11107>.
v NAPOLEONI, Loretta. "
Yihad. Cómo se financia el terrorismo en la nueva economía". Barcelona, Urano Tendencias, 2004. P.141.
vi FERNÁNDEZ, Yusuf. "Libia está al frente de la lucha contra el terrorismo". Revista Amanecer. 21 de Septiembre de 2002. Artículo disponible en: <www.revistaamanecer.com>
viii Id. "
Las redes del terrorismo islamista en el Magreb" Seminario Inter-Universitario UNED/UAM sobre "
Terrorismo, Islamismo y Economía de los países islámicos". Febrero-Mayo 2005. [Conferencia accesible en formato audiovisual en la web:
http://teleuned.uned.es/teleuned2001/html/ ].
ix El GICL fue fundado en 1995 por antiguos yihadistas que lucharon en la Guerra antisoviética en Afganistán.
x YUEQIN, Liu. "
Impact of Islamic Extremist Forces on Developments In North Africa". The Horn of Africa Democracy and Development International Lobby
(HADDAD). Artículo disponible en la web:<http://www.ak- sophiabooks.org/impact_of_islamic_extremist_forc.htm#Terrorism in Libya>
xiii VV.AA.
"The changing face of islamist militancy in North Africa". Select conference proceedings from the expanding geography of militant Jihad. The Jamestown Foundation. 2008.
xiv CUBEDDU, Giovanni. "Gaddafi ha visto que el fanatismo religioso nos está llevando al desastre y ha vuelto una vez más a ser realista". Entrevista a Giovanni Innocenzo Martinelli, Vicario apostólico de Trípoli (Libia). Mundo Islámico. Diciembre de 2007, apud < www.webislam.com>. Artículo disponible en la web: <http://www.webislam.com/?idn=11107>.
xvii No hay más Dios que Allah y Mohammed es su Profeta
xxi IRUJO, José María. "Mauritania solicita ayuda a Gaddafi", en Diario El País. Lunes, 14 de Diciembre de 2009. P. 11.
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