Cuando en agosto y septiembre de 1994 se produjeron graves disturbios en Montevideo causados por la extrema izquierda dirigida por ex terroristas montoneros para impedir la extradición a España de tres etarras, se publicó que numerosos periodistas uruguayos acudieron a la embajada española para pedir información (datos, fotos…) sobre ETA, y los diplomáticos españoles les contestaban que no tenían ningún material disponible. Es uno de los ejemplos que demuestran que el Ministerio de Asuntos Exteriores etarra ha funcionado mucho mejor que el del Reino de España, al menos hasta los años de Gobierno de José María Aznar.
En 1987, el MLNV constituyó, con disfraz de ONG,
Askapena, una
“organización internacionalista vasca” y uno de cuyos fines consiste en
“impulsar, ayudar y dinamizar la solidaridad hacia la lucha de liberación de Euskal Herria en otros pueblos del mundo”. Desde la desarticulación policial y judicial de Xaki, calificada en una sentencia como
“el aparato de relaciones internacionales de la organización terrorista”, ETA elevó a Askapena a la categoría de su nuevo Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación, como se denomina ahora el que tiene el Reino de España. Desde 1989, Askapena envía por el mundo a militantes encuadrados en brigadas solidarias. Docenas de ellos, pasaron por Nicaragua, y este año los brigadistas han sido casi cien, que han viajado a Escocia, Palestina, Bolivia,
Venezuela, Argentina y
Uruguay, según ha publicado el
diario Gara. Los costes los suelen pagar los países de destino o bien los ayuntamientos controlados por los batasunos con cargo a ayudas al desarrollo y becas. Una vez en su lugar de destino, los brigadistas establecen contactos con grupos afines, difunden la ideología
abertzale y crean vínculos y una red. Sus corresponsales en esos países montan protestas cuando se producen extradiciones de etarras o detenciones sonadas, aparte de anular constantemente los discursos españoles sobre el terrorismo.