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Balance 2007. ETA y Rodríguez Zapatero; vínculos de confianza
Análisis nº 262   |  13 de Febrero de 2008
 
El año 2007 comenzó en 2006; el 29 de diciembre, Rodríguez Zapatero afirmaba que España se encontraba mejor que un año atrás, y que “dentro de un año estaremos mejor”. Según las investigaciones, mientras el presidente comparecía ante los medios, sus interlocutores introducían la furgoneta cargada de explosivos en la T4 de Barajas. Horas después, quienes firmaban pactos y hojas de ruta con los enviados de Rodríguez Zapatero asesinaban a las dos personas. Así, en el año 2006, comenzaba realmente el 2007.
 
I. El proceso ha muerto, ¡viva el proceso!
 
El año 2007 comenzaba con las apuradas explicaciones, tras el crimen de Barajas, del Frente de la Paz de lo ocurrido en los meses de tregua; ETA se habría dirigido por carta a Rodríguez Zapatero al poco tiempo de ser elegido presidente, pidiendo abrir negociaciones para lograr el fin de la violencia. A partir de ahí se iniciaría una negociación que acabaría a finales de verano o inicios de otoño de 2006, cuando ETA haría exigencias políticas que el Gobierno consideraría inaceptables. El proceso se iría degenerando hasta la víspera de nochevieja de ese año. Esta versión de la negociación, mantenida por el Frente de la Paz después del atentado, se ha mostrado falsa en varias ocasiones. Aquí se ha abordado ya el asunto.
 
En cualquier caso, ETA consideró que las negociaciones con Rodríguez Zapatero no tenían porqué ser detenidas. Queremos manifestar nuestra voluntad de trabajar a favor del proceso, de fortalecerlo e impulsarlo (…) ETA quiere decir que todavía sigue en pie el alto el fuego permanente que comenzó el 24 de marzo a las cero horas. (Comunicado del 9 enero 2007). ¿Autojustificación ante los suyos y ante los demás?¿Eliminación de la propia responsabilidad? ¿Desfachatez y cinismo?¿Por qué tras cometer dos crímenes ETA considera aún abierto el proceso?¿por qué tras romper ostentosamente la tregua ETA afirmaba que el proceso seguía abierto?.
 
Pocos días después, Rodríguez Zapatero dejaba explícitamente las cosas poco claras. Tras condenar el crimen, se reafirmaba en "la energía y la determinación que tengo para ver el fin de la violencia y alcanzar la paz es hoy, aún si cabe, mucho mayor". El lector conoce bien el estilo propio del presidente: "Nada ni nadie, ni lo que hemos sufrido el día 30, va a detener el derecho de todos los españoles a que nuestras vidas sean unas vidas sin bombas". Ni en las formas ni en el fondo cambiaba la actitud que había mantenido en los últimos años.
 
Zapatero recordó su "firme convencimiento de que lo vamos a conseguir (…) para lo que se comprometió “a poner lo mejor de mí mismo, toda mi determinación, toda la fuerza democrática que me dieron en las urnas (…). No me va a faltar ni energía ni determinación para lograrlo". Sorprendentemente, la respuesta de Rodríguez Zapatero fue extremadamente tibia para tratarse de algo semejante. Afirmó que ETA se había equivocado, y que él seguiría trabajando por la paz. En Barajas, aún humeaban los restos de la T4.
 
Los datos que conocemos indican que la historia del proceso es distinta a la que se da por buena. La versión oficial, defendida desde Ferraz, Moncloa o desde el diario “El País” habla de cuatro momentos. En primer lugar, el cambio de actitud y el acercamiento de ETA a Rodríguez Zapatero; aquí se enmarcarían la declaración de Anoeta, la famosa y secreta carta, y el comunicado de marzo de 2006. En segundo lugar, Rodríguez Zapatero habría aceptado iniciar la negociación con ETA, dejando siempre al margen cuestiones políticas. En último acto, en verano de 2006, ETA habría subido el listón de sus pretensiones, que se harían para el Gobierno inasumibles. Por fin, en otoño los acuerdos estarían rotos, y un atentado como el de la T4 se vería venir. Después, la negociación llegaría a su fin.
 
La lógica interna de esta versión es indudable; al ofrecimiento de ETA el Gobierno responde con curiosidad, y cuando las pretensiones terroristas superan lo aceptable, la negociación se rompe. Si esto fuese así, el comportamiento del gobierno socialista hubiese sido impecable, y las críticas, desde la AVT, GEES o La Razón, injustas; tal fue la versión que llevó a Fernando Savater a cargar con fuerza contra las víctimas, y la que aún mantienen responsables socialistas desde 2007. ¿Es así?
 
II. ¿Quién y de qué negociar?
 
Como en cualquier actividad política, y por tanto humana, carece de sentido describir una negociación en abstracto; hay que preguntarse, antes de nada, quién negocia y para qué. Como en el caso del diálogo, la negociación en sí misma es moralmente neutra; se puede dialogar para hacer el mal, y se puede negociar entre malhechores. Pero observada ante esta verdad sencilla, el análisis histórico de la negociación parece dibujar un panorama distinto.
 
Conocemos de sobra los principios políticos que mueven a la banda terrorista ETA, y que con variaciones históricas, se remiten a la Alternativa KAS; desde este lado, la cuestión quien negocia y para qué negocia, más allá de las diferencias personales que seducían a los partidarios de la negociación, tiene un alcance limitado. Los cambios de las personas sentados a la mesa de negociación, sobre todo a partir de verano de 2006, dibujan un control exhaustivo de la banda, más allá de que fuesen los moderados o los políticos los llamados a representar a los devoradores de hombres. Un repaso a los comunicados de ETA, a las declaraciones de Batasuna desde 2004 llega invariablemente a una única conclusión: ninguna pretensión de la banda terrorista ha cambiado.
 
Las cosas están también más claras desde el punto de vista del PSOE. Tras la legislatura, puede ya trazarse un esbozo de las creencias, impulsos y sensaciones políticas que mueven el PSOE de Rodríguez Zapatero. Sus palabras no dejan lugar a dudas: “hay un proyecto de alcance en valores culturales, y por tanto ideológicos, que puede definir la identidad social, histórica, de la España moderna por mucho tiempo”  (Jesús de Toro, “Madera de Zapatero”, p.150). La transición nos devolvió la democracia, nos dio la libertad, instauró un sistema ideológico homologable al del resto de los países, nos capacitó enormemente para estar en la vanguardia tecnológica, tener tantos investigadores como otros y, sin embargo, nuestra identidad no está cuajada. No está cuajada (Ibíd., p.162). Respecto al País Vasco, el presidente era claro en marzo de 2006; “en el concurso de todas las fuerzas políticas, de la opinión pública, de la sociedad y, por último, la tarea a plazo más largo, que es refundar la convivencia social en Euskadi” (El País, 26 marzo 2006).
 
¿Qué indican estas declaraciones? Como afirma el presidente, ante todo que existe un proyecto. En lo social, cambio ideológico y cultural de la sociedad española; en lo institucional, superación del marco constitucional de la Transición; en lo estatutario, refundación del marco jurídico en Euskadi, estatutario y territorial.
 
¿Puede negarse que Rodríguez Zapatero busca instaurar un cambio de régimen en España? No lo parece; al liberal-conservador del PP, al socialdemócrata de UPD o Ciudadanos, el proyecto les escandaliza. Al nuevo socialista, al new red que advierte contra la derecha y la Iglesia, o al Comité Federal del PSOE el proyecto les agrada sobremanera. Si existen socialistas en el PSOE descontentos con la política del presidente, lo desconocemos. Lo que sí sabemos es que el PSOE, desde Felipe González a José Bono, desde Rodríguez Ibarra hasta Francisco Vázquez, secunda como un solo hombre el proyecto de Rodríguez Zapatero. Pocos son capaces de negar que el proyecto existe, y que vía Pacto del Tinell, Educación para la ciudadanía y superación constitucional se está ya llevando a cabo.
 
Y es aquí donde conviene volver la vista hacia el análisis que ETA hace del proyecto de Rodríguez Zapatero y de la situación de España después de marzo de 2004, de superación constitucional y voladura estatutaria: “Conceptos y principios políticos que durante años la izquierda abertzale se ha visto obligada a defender en solitario son asumidos hoy por muchos agentes y partidos. (Entrevista en Gara, mayo 2006).
 
Ya antes, en la declaración de Anoeta, Batasuna-ETA había fijado dos periodos en la historia reciente del “conflicto”; antes de 2004 y después de 2004. Antes de 2004, el Estado se habría caracterizado por la represión. A partir de 2004, ETA certifica el principio del fin constitucional desde dentro del propio Estado: “En el Estado español, el debate se centra en la reforma constitucional y en el modelo de Estado autonómico futuro”. Y además, constata la propuesta batasuna, se realiza desde el propio Gobierno; “lo sustancial es comprobar que ya ni siquiera el PSOE es capaz de detener el actual estatus tal y como está diseñado en la actualidad”.
 
Sea porque hasta ahora no había sido posible por motivos de prudencia histórica (Rodríguez Zapatero) o porque la lucha terrorista ha causado el agotamiento del Estado de Derecho (versión etarra), ETA y Rodríguez Zapatero coinciden en creer necesario el cambio de régimen en España. Desde este punto de vista, la secuencia histórica sobre la negociación cambia; en primer lugar, es Rodríguez Zapatero quien, desde la secretaría general del PSOE, aúpa en 2002 a la dirección del PSE a quienes llevaban años negociando con Herri Batasuna, con quien compartían la necesidad de una negociación política, una pseudoindependencia y la anexión de Navarra.
 
Si esto es así, conviene no llamarse a engaño; el origen de la negociación no está en ETA, sino en el propio Rodríguez Zapatero; embarcado, con voluntad y consciencia, en un proceso de cambio de régimen, con el proyecto de refundar la convivencia social en Euskadi. Así, en el primer recodo del camino debía necesariamente juntarse con la banda terrorista, fraternal aquí en su objetivo inmediato. El ingenuo se escandaliza ante esta afirmación, y el inconsciente acusa al Partido Popular de alarmista. Uno y otro olvidan sacar las conclusiones evidentes de las palabras del presidente; es su proyecto el que conduce a la negociación con ETA, y no al revés.
 
Si esto es así, podemos llegar a la conclusión de que el “proceso de paz” ni comenzó en 2006 ni finalizó en 2007; ni comenzó cuando Rodríguez Zapatero pronunció su declaración en junio de 2006 ni termino con el atentado del 30 de diciembre o la declaración del presidente pocos días después. Los cruces de comunicados a comienzos de 2007 entre Rodríguez Zapatero y ETA dejan las cosas meridianamente claras; los contactos se encuentran paralizados, en espera de verse relanzados. Ni el uno ni los otros parecen dudarlo en ningún momento.
 
III. Confianza o “no pretender resolverlo todo en una etapa”
 
Sería conveniente retroceder en este punto la entrevista que Rodríguez Zapatero ofrece al diario El País el 26 de marzo de 2006, cuando es feliz protagonista de portadas y artículos en los medios. En estas declaraciones surge por primera vez la idea del accidente, que los críticos tanto han recordado desde entonces. Pero más allá de éste, en la entrevista el presidente traza el plan que parece que tiene en mente para el “proceso de paz”;
 
Pregunta: ¿se pueden descartar accidentes en este proceso?
Respuesta; No. Hemos manifestado que el proceso será largo, duro y difícil. Como todo el mundo puede comprender, estamos hablando de 40 años de violencia, y aunque mi deseo es que no haya ningún accidente, nadie puede descartarlo”.
 
Un poco más adelante, el periodista pregunta; “¿cuánto ha aprendido del proceso irlandés y de sus contactos con Tony Blair para iniciar el proceso?”. Y el presidente responde enumerando las tres características que tendrá –estaba ya teniendo-, el proceso: “(…) Hay tres consecuencias decisivas de la experiencia irlandesa. La primera es trabajar en un ambiente de discreción; la segunda, crear los mínimos vínculos de confianza; la tercera no pretender resolverlo todo en una etapa porque es prácticamente imposible. Tiene que ser paso a paso.”
 
Quizá preocupado por un problema evidente, el periodista insiste, y Rodríguez Zapatero incide en la respuesta. Pregunta el redactor de El País: En el caso de Irlanda hubo una ruptura violenta de la primera tregua con dos asesinatos en Londres. Se interrumpieron las conversaciones durante meses hasta que el IRA volvió a declarar otra tregua. ¿Cómo se reconstruyó el proceso después de una ruptura tan abrupta? En la respuesta, Rodríguez Zapatero no deja lugar a dudas acerca de sus intenciones, las mismas que se ponen de manifiesto dramáticamente después del crimen de la T4: Porque hubo siempre un hilo de comunicación más allá de lo que podría ser un accidente, en este caso tan grave como lo que ocurrió. Ésa es la reflexión que nos han trasladado. Siempre se mantuvo un hilo de comunicación y de mínima confianza.
 
Esta declaración de intenciones del presidente, efectuada en marzo de 2006, cuando las cosas marchan bien, adquiere en el año 2007 una importancia evidente; Rodríguez Zapatero afirmó expresamente que la clave del proceso estaba en seguir negociando pese a los atentados terroristas. No ya que se pudiese negociar después; es que la negociación pese al crimen formaba parte de la misma negociación. La advertencia es fundamental; en la hoja de ruta que Rodríguez Zapatero esboza en la entrevista se introducen dos elementos. En primer lugar la posibilidad real de que hubiese accidentes; en segundo lugar la existencia de un hilo de comunicación y de confianza que posibilitara los acuerdos al margen de esos accidentes.
 
Parece un error contemplar el proceso de negociación de esta legislatura olvidando que, desde el principio, estuvo presidido por la necesidad de establecer un vínculo de confianza al margen de los atentados. Desde este punto de vista, el comportamiento de Rodríguez Zapatero a lo largo del año 2007 y comienzos del 2008 no parece sorprendente; según confesión propia, los atentados no deben romper un proceso que no depende de ellos para llegar a buen fin. A eso parece estar hoy dedicado.
 
IV. 2007; el proceso continúa
 
Los primeros meses de 2007 vienen marcados por la renuncia expresa del Gobierno a proclamar la derrota y la persecución de ETA; no existe una sola declaración gubernamental comparable a las efectuadas por los Gobiernos de Aznar o de González en relación con la lucha antiterrorista. En su día, causó extrañeza la falta de firmeza de un presidente de Gobierno a quien han asesinado a dos personas; sin embargo, ésta alcanza todo su sentido en relación con la necesidad de lograr un vínculo de confianza por encima de los accidentes.
 
En 2007 siguen los contactos. En febrero, ETA manda una nueva carta a Rodríguez Zapatero; en ésta le acusa de no haber cumplido lo pactado. Para los etarras, de lo que se trata es de cumplir los compromisos suscritos: “los principios establecidos en los apartados correspondientes a la Declaración del Presidente del Gobierno, el Preámbulo y las aclaraciones, serán recogidos en un acuerdo político entre los partidos políticos vascos que garantice la superación del conflicto, en el marco de las conversaciones políticas iniciadas y en los foros constituidos a tal efecto”. La carta introduce un elemento pocas veces citado; la existencia de unos acuerdos firmes y sólidos a los que el Gobierno de Rodríguez Zapatero y ETA habrían llegado antes de 2006 y de la declaración de alto el fuego. Acuerdos que serían de tipo político. Si esto es así, y las noticias que han ido surgiendo a lo largo de los dos últimos años parecen corroborarlo, la verdadera negociación terminó antes de que la negociación oficial se hiciera pública.
 
Cada vez parece más claro que para cuando ETA lanza su comunicado de alto el fuego en marzo de 2006 y Rodríguez Zapatero responde con la declaración del 29 de junio, los acuerdos básicos se habían ya alcanzado. En Txillarde, Oslo o Ginebra se había hablado ya de ámbito de decisión, de la anexión de Navarra y del resto de temas políticos. El Gobierno niega por completo que esto sea así; las filtraciones y la versión repleta de detalles de ETA, muestra que los terroristas esperaban que a partir de marzo de 2006, el Gobierno simplemente mostrara ante la opinión pública y llevara a cabo lo pactado anteriormente. Ése es el contenido de la carta de febrero de 2007 publicada por Gara.
 
El 31 de marzo se produce otra reunión. De esta reunión sólo conocemos la versión etarra, contaminada o no. Según ETA, el Gobierno habría enviado a una sola persona, para garantizar la discreción tras el doble crimen de Barajas. Esta persona pediría a la banda un nuevo comunicado de renuncia a la comisión de más atentados, para salvar las elecciones. Citando textualmente, Gara (23 junio 2007) repite las palabras del enviado del Gobierno: “No se pide un desarme, no -aclara textualmente-, pero sí seguir sin atentados”.  Y por si ETA no acepta, el Gobierno hace una nueva propuesta; el cambio de estatutos para que Batasuna pueda presentarse a las elecciones de mayo.
 
Según Gara, el PSOE pidió un nuevo comunicado etarra que calmara las cosas tras las críticas recibidas tras el crimen de Barajas. ETA, por el contrario, exigiría que el Gobierno cumpliera lo pactado; Las coordenadas de fondo de la discusión son muy claras. Mientras la parte estatal trata de arrancar nuevos compromisos de cese de acciones violentas a ETA, ésta incide en que la clave para avanzar es cumplir el compromiso de lograr un acuerdo político. Pero el representante estatal no llega a tanto: en el punto más avanzado del cruce de mensajes dice estar dispuesto a seguir buscando un acercamiento al consenso (Gara, 23 junio).
 
En primavera, el eco de los encuentros después del crimen es negado al tiempo que justificado por Rodríguez Zapatero; "No ha habido ningún diálogo del Gobierno y el Gobierno tiene la obligación de tener la mejor información posible” (20 mayo 2007). Expresión ya habitual del gobierno; negar y afirmar al mismo tiempo. O negación convertida cada vez más en afirmación: entre el 14 y el 16 de mayo, ETA y los enviados del Gobierno se reunían otra vez para hablar de política; según la versión etarra, publicada por ETA en Gara, los enviados de Rodríguez Zapatero dieron un paso más que satisfacía a la banda terrorista. Es decir, tras el doble crimen de Barajas el Gobierno no sólo elevaba el listón ante los terroristas, sino que lo bajaba aún más aproximándose a lo que los terroristas pretendían. No fue suficiente, y los representantes de Rodríguez Zapatero responden entonces a los terroristas con una frase que resume la ruptura moral entre los ministros de Interior y de Justicia con parte de las FSE; “La Guardia Civil sólo obedece al Duque de Ahumada”.
 
¿Pudieron producirse estas conversaciones de manera oficiosa, sin conocimiento directo del presidente? Quizá. Pero lo que elimina esta posibilidad es lo sucedido horas después. El día 21, un día después de que Rodríguez Zapatero negara la existencia de contactos, PSE y Batasuna vuelven a reunirse de nuevo. Esta vez convienen en que la ruptura es inevitable y que ETA se considera libre de asesinar. A esas alturas de 2007 hay al menos dos rondas de conversaciones; la de marzo, y la del 14 al 21 de mayo.
 
Estamos en primavera. Mientras los enviados del Gobierno se reúnen aquí y allá con los responsables etarras, se produce el escándalo “De Juana”; huelga de hambre, relaciones sexuales y paseos por La Concha de San Sebastián. En paralelo, se produce la reentrada de los partidos proetarras en las instituciones vascas y navarras. Durante meses, los ministros de justicia e interior afirmaban la imposibilidad de impedir que los proetarras se presenten a las elecciones municipales de mayo, y el carácter, humanitario o inevitable, de la excarcelación de De Juana.
 
¿Era posible que un terrorista usara resquicios legales para sacar provecho, como afirmaba el Gobierno? Sin duda. ¿Se realizaron anteriormente planes de reinserción de terroristas? Sin ninguna duda. Y por otro lado, ¿pudiera entenderse la dificultad para ilegalizar las listas de los terroristas? La respuesta resulta también positiva. Cualquiera de estos hechos por separado, en un clima de confrontación total con el terror, no pasaría de la simple anécdota; sin embargo, cuando todos ellos se dan juntos y coinciden con reuniones secretas y negadas, el escéptico tiene razones sobradas para desconfiar, y las víctimas, para poner el grito en el cielo. Mientras el Gobierno permitía que la mitad de las listas etarras regresaran a las instituciones, ETA y el Gobierno dialogaban sobre cómo podría la primera volver a ocupar escaños.
 
ANV en las instituciones
 
Como nadie, ni siquiera el Gobierno, dudó nunca, ANV se presentó a las elecciones municipales del 27 de mayo de 2007 con las listas repletas de representantes, no ya de Batasuna, sino de Herri Batasuna. Hoy sabemos que la languidez del Gobierno venía acompañada de nuevas negociaciones secretas en las que se trató este tema. No había ni garantismo legal ni inevitabilidad jurídica. Había unas conversaciones en marcha, enmarcadas en un proceso en el que la confianza debía, debe y deberá jugar un papel esencial; nada que no estuviese previsto.
 
Al mismo tiempo, se produce un rebrote salvaje de la kale borroka; las razzias abertzales tienen en la Semana Grande de San Sebastián el punto de partida de un verano caliente que se prolongará hasta nuestros días; a finales del año 2007, los atentados de guerrilla urbana se extienden, mostrando hasta que punto la situación para el entorno etarra ha mejorado respecto a antes de 2004. Batasuna convoca marcha tras marcha, sus dirigentes se convierten en estrellas mediáticas y ocupan telediarios y portadas. Y simétricamente, los concejales constitucionalistas vuelven a ser acosados en las calles y los plenos.
 
Durante el verano, se rompen las conversaciones entre el PSOE y el bloque nacionalista vasco para gobernar Navarra; el pacto que ambas formaciones es reconocido el mismo día de las elecciones, pero los resultados hacen que sea necesaria una nueva negociación que se alarga durante todo el verano, despertando las iras de unos y la vergüenza de otros. Navarra se descolgaba de ser, en palabras de Otegi, “la solución al conflicto”. Por un lado, las cosas parecían volver a la normalidad. Incluso el dirigente batasuno da con sus huesos en la cárcel.
 
Por parte de ETA, continuó ya sin disimulo la extorsión a empresarios del País Vasco y Navarra. Se producen las detenciones y los espectáculos de etarras en la Audiencia Nacional; las imágenes de Iñaki Bilbao indignan a la opinión pública y avergüenzan al Gobierno. ETA roba explosivos y material en Francia y se van descubriendo movimientos de sus comandos, tanto los de abastecimiento como los propiamente criminales.
 
Ilegalización de ANV; “Deprisa, deprisa”
 
A finales de verano y principios de otoño se huelen las elecciones generales de 2008.  Se abre el debate sobre misma ilegalización de ANV y PCTV que antes se afirmaba imposible. A la encarcelación de Arnaldo Otegi meses antes le siguen las de la mayor parte de la Mesa Nacional batasuna.  Las Fuerzas de Seguridad detienen en pocos meses más etarras que en dos años juntos, atrás queda el escándalo del bar Faisán. ¿Estamos, por fin, volviendo a antes de 2004? Así se afirma desde el Gobierno y la galaxia mediática que le acompaña. Rodríguez Zapatero declara: “No hay ninguna expectativa. Lo he expuesto en más de una ocasión. Después de la ruptura por parte de ETA, no hay ninguna expectativa de reanudar ese diálogo (…). La única expectativa es que ETA abandone las armas. Ésa es la única expectativa, y que el Estado sea cada día más fuerte, y que los que quieren que se acabe la violencia sean cada día más. Ésta es la expectativa que hay por delante.” (Público, 5 noviembre 2007).
 
Pero las tajantes palabras del presidente esconden algo; el gobierno no afirma que jamás negociará con ETA, sino que no hay ninguna expectativa. Estas palabras del presidente, del 5 de noviembre, alcanzan un nuevo significado a la luz de lo que se conocería poco después: días antes de que Rodríguez Zapatero negara la existencia de diálogo, de nuevo ETA había estado dialogando otra vez con sus representantes. Una semana después de su entrevista, sale a la luz un nuevo informe policial; “Por parte de miembros del Partido Socialista de Euskadi se continúan los contactos con miembros de la banda terrorista ETA, concretamente la pasada semana se celebró una reunión en una pequeña localidad situada entre las fronteras alemana y austriaca”, según lo publicado (19-11-07) por “El Mundo”.
 
Según el informe policial, las reuniones se producen entre el 15 y el 21 de octubre. La noticia va más allá, y el autor, Antonio Rubio, descubre que el informa afirma la existencia de un posible pacto entre el PSOE y ETA de cara a las próximas elecciones: En otro de los párrafos del documento, que quizás es el más trascendente e importante, se recoge cómo piensa la banda terrorista ETA ayudar al PSOE para que gane los comicios de marzo: “Para conseguir que el PSOE obtenga la victoria, ETA hará un gesto encaminado al fin del terrorismo en fechas próximas a las elecciones. En el informe-análisis no se concreta cuál será el «gesto» de la organización terrorista con los socialistas, pero todo los indicios apuntan a que ETA podría decretar una nueva tregua antes de las elecciones de marzo de 2008”. La veracidad del informe policial queda para los expertos; de confirmarse la noticia estaríamos ante el mayor escándalo de la España constitucional.
 
Acaba 2007, sigue la negociación. En 2008, la lógica del año anterior continúa sin variación; en enero, el PSOE y Batasuna vuelven a reunirse en Txillarde, el mismo caserío donde se iniciaron las conversaciones entre ambos hacía años. “El proceso de ilegalización de ANV y PCTV y la cercanía de las elecciones generales fueron los temas que se pusieron encima de la mesa” (Gaceta 4 febrero 2008).
 
Durante el año 2007, Rodríguez Zapatero no sólo dialogó con ETA, sino que los diálogos fueron fluidos y continuos en el tiempo. En marzo se habló de un nuevo comunicado etarra; en mayo de las elecciones municipales y en octubre de las generales, lo mismo que en enero de 2008. Todas ellas con dos premisas; mantener la confianza y mantener el secreto. La segunda de ellas se logró mas mal que bien: Es más que probable que vuelvan a conocerse conversaciones efectuadas durante el año 2007; al fin y al cabo el diario Público ha documentado 66 entrevistas entre el PSOE y ETA (18 noviembre 2007). En cuanto a la primera, el desarrollo de los acontecimientos durante el año 2007 parece indicar que Rodríguez Zapatero mantiene abiertos los vínculos de confianza de los que hablaba en marzo de 2006, a la espera de lo que ocurra el 9 de marzo.

 
 
Óscar Elía Mañú es Analista  del GEES en el Área de Pensamiento Político.
 


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