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El PP en el laberino

por fernando Caro Grau, 15 de Noviembre de 2009

EL PP EN EL LABERINTO
España parece abocada a perpetuarse en el fracaso histórico: la oportunidad que representó el binomio transición-acceso a las instituciones europeas se ha dilapidado y la realidad de lo que somos y del papel que jugamos en el concierto internacional emerge dejando al aire todas nuestras vergüenzas, que no son pocas.
 
Una parte significativa de la responsabilidad en ello la tiene la derecha política, esa estructura incapaz de representar decentemente a la derecha social de carácter liberal a la que desconoce y traiciona, abrazando o eludiendo causas no en función de convicciones firmes y profundas sino en función de cálculos cortoplacistas.
 
Los errores y carencias que evidencia el PP son de grueso calado. En primer lugar, el PP desconoce profundamente la naturaleza del tinglado al que se enfrenta: una maquinaria de destrucción masiva ¿son precisos los ejemplos?. En consecuencia, falto de convicciones y de una percepción certera de la situación, elabora estrategias, enfoques, modos y maneras seguidistas  que no hacen sino enredarle en un laberinto cada vez más intrincado y cuya única salida ?enfoques y planteamientos firmes, basados en convicciones profundas e inequívocamente democráticos y liberales- es desechada sistemáticamente.
 
Ilustremos lo dicho. Aznar nombró a Rajoy sucesor-heredero a título de secretario general -al igual que D Juan Carlos I fue nombrado sucesor a  título de Rey- mediante un  mecanismo "caudillista", en definitiva incompatible con el calificativo democrático. Bien es cierto que para entonces Aznar ya había consumado todas las traiciones a sus promesas de "regeneración democrática" (recuérdese al ministro E. Serra y la desclasificación de algunos documentos secretos, al ministro Michavila y el pacto "por la justicia" con el que se perpetuaba la muerte de Montesquieu o al ministro Rato y su actuación en relación con la sentencia en el caso Antena-3, por ejemplo) y que su poder, tras sus éxitos electorales, obviaban cualquier necesidad de democracia interna en su partido.

Además la bonanza económica por un lado y la vida interna del PP, por otro, aportaban argumentos suficientes como para que nadie osara poner en solfa los designios del "faraón": el reparto del poder que sucedería a la previsible victoria electoral de Rajoy haría olvidar cualquier agravio. Los terribles atentados del 11M (qui prodest?) vinieron a modificar radicalmente los parámetros de análisis de la situación; admitiéndose exclusivamente razones externas en la derrota de las elecciones generales ?lo cual no es completamente verificable- se continuaba la deriva acusadamente antidemocrática de Rajoy y de su partido, deriva que no ha tenido ningún tipo de rechazo, réplica u oposición por parte de los "liberales".

Para cualquier demócrata resulta inaceptable que el candidato Rajoy, tras haber pertenecido a dos gobiernos de la nación y habiendo perdido no una sino dos elecciones generales consecutivas, no haya dimitido ipso-facto. Ese es el comportamiento habitual de cualquier líder político inglés, alemán o francés, por ejemplo, en situación similar: un comportamiento inequívocamente democrático.

Lejos de ello el gran timonel monta -en Valencia- un "baño de adhesiones y fidelidades inquebrantables" en un congreso "a la búlgara" según decir de FJL.  A pesar de la inconsistencia de su liderazgo, rehen de los jefes de las taifas regionales que lo mantienen en tanto ellos consoliden sus parcelas de poder y ofuscado por los vahos del incienso derramado, anima a los "liberales" de su partido a irse al partido Liberal, manifestándose así como un leninista convencido y dispuesto a aplicar de inmediato -y de modo inmisericorde- el más genuino "centralismo democrático" en su "democrático partido".

De nuevo los aguerridos liberales -cualquier parecido con los de 1808 es pura casualidad- se refugian en el silencio y callan, callan, callan. Y ya en estos días, tras una serie de avatares no por conocidos menos lamentables, emerge de nuevo el genio y la figura del nuevo "Rey Sol": "C'est moi qui confectionne les listes electorales, le PP c'est moi ".

La España del S XXI no soporta tanto desatino: mientras nuestra derecha política sea tan nefanda como la izquierda y los "liberales" no ejerzan ni la libertad de expresión, estaremos abocados al fracaso histórico; es nuestro sino.

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