Así no habrá paz en Afganistán
En su blog “
por esos mundos”, Florentino Portero aborda las tres posibilidades de la política exterior española para Afganistán, que se resumirían en:
- Modificar el objetivo de la misión y entrar en combate con los talibanes
- Reconocer que la estrategia de Obama conduce a la derrota, y retirarnos de allí cuanto antes
- Mantener la ficción actual, según la cual en una misión de paz los ataques a nuestras tropas son ataques terroristas.
Portero se lamenta, con razón, del hecho de que la indefinición y el marasmo de nuestra misión allí no es sólo responsabilidad del gobierno, sino de una oposición desentendida del asunto, unos medios de comunicación situados (esto ya es opinión mía) entre el desconocimiento y la ideología, y unos militares convertidos en rehenes del gobierno. Entre unos y otros, la inercia del sentido original de la misión se ha mantenido, por lo menos hasta la decisión obamita de la retirada. Ahora no está claro para qué mueren nuestros soldados, ni para qué matan, cuando lo hacen. De las tres opciones, la tercera se prevé como la más posible, además de la más dañina.
La primera exigiría un objetivo claro y una voluntad de cumplirlo. Lo que pertenece a una era ya concluida: En cuanto al objetivo, tras la salida de Aznar y de Bush, pocos defienden el objetivo original, acabar con los talibanes, expulsar a AlQaeda y proporcionar un régimen más o menos digno y respetuoso con la dignidad de la persona. Hoy nadie se preocupa por ello. Ha triunfado el realismo, que exige pactar con los talibanes el control de AlQaeda y un régimen que no nos proporcione imágenes desagradables a la hora del telediario. Pese a la mitificación de Afganistán, si no se gana a los talibanes no es por una capacidad que a occidente le sobra, sino por una falta de voluntad que, en la guerra, es aún más importante. En el caso de Obama ha sido determinante. Y es más verdad en el caso de España: Zapatero abomina de la posibilidad de crear y mantener una democracia en Kabul, y menos si hay que usar la fuerza en ello.
Cambiar la estrategia de ser sólo objeto pasivo en la guerra de Afganistán, y pasar a combatir a los talibanes en la región española exigiría
saber para qué; el Gobierno no lo sabe, y lo poco que sabe –a fin de cuentas es la guerra de Aznar- no le gusta. Aún sabiéndolo, queda el escollo de la necesidad de una férrea voluntad de conseguirlo, incluso tras la decisión de Obama. Que tras la salida americana una estrategia sostenida es imposible es verdad, como lo es que
la posición internacional de la diplomacia española tampoco busca aunar esfuerzos en el país afgano, sino subirse al carro común de la retirada, sin llamar demasiado la atención pero agradecida por la decisión de Obama. Pese a que el interés nacional y europea exigiría derrotar al despotismo talibán, ni gobierno ni oposición tienen percepción de ello. No combatiremos y nos retiraremos junto a los demás, en silencio, como ha advertido
Rafael Bardají.
La segunda
es también acorde con el interés nacional, pero es poco probable, teniendo en cuenta la obsesión de Zapatero por lograr el reconocimiento de Obama: la invitación al
National Breakfast Prayer fue un regalo envenenado que el socialista aceptó, deteriorando aún más su imagen internacional. ¿Ha captado Zapatero el desprecio de la Casa Blanca como para repetir otro Irak? Aún siendo así, el abandono cuenta con otro obstáculo: la posición socialista mantenida desde 2004 (
Afganistán guerra buena, Irak guerra mala) se vendría abajo. Por otra parte, el PP no ha sido menos deslumbrado por Obama que el PSOE, y más allá de exigir al gobierno que reconozca
que eso es una guerra, mantiene su apoyo pasivo a Zapatero. Pese a que hoy la misión es esencialmente distinta a la de Aznar –o precisamente por ello- de ninguna manera defenderá o apoyará una retirada.
No habrá decisión drástica en Afganistán, porque gobierno y oposición están demasiado hipotecados como para tomarla.
La tercera opción es la más probable: el gobierno mantendrá las tropas hasta que Obama mande retirada, y contará con el apoyo del PP, que de vez en cuanto hará electoralismo a propósito del concepto de guerra. . Cuando EEUU se repliegue, se replegará España. El problema es el antes y el después: antes porque las vidas que nos dejemos por allí no tendrán un objetivo claro y definido, que el gobierno no ha dado y la oposición no ha pedido. Después, porque el coste de la misión afgana serviría para dejar mejores infraestructuras al mismo movimiento talibán que destruyó los budas en marzo de 2001. Dividir a estos en moderados y radicales, tiene el mismo sentido que dividir a los nazis entre extremistas y moderados: “pactaremos con los nazis más moderados su permanencia en el poder”. Imagínense.
Al final, como decíamos en un
celebrado artículo,
Cuando uno prefiere la paz a la victoria suele ocurrir que ni tiene paz ni victoria. Eso es precisamente lo que está sucediendo en Afganistán”. ¿Alguién en su sano juicio cree que con la retirada a dos años vista habrá paz en un Afganistán dominado por los mismos a los que occidente fué a derrocar?
Si te ha gustado la entrada, por favor deja un comentario.
Comentarios
Hay 1 comentario en esta entrada
Sam78 dice:
Zapatero hará todo lo que Obama le pida, sea estas más tiempo o sea retirarse cuanto antes. Pero tal y como se están poniendo las cosas, lo mejor será lo segundo, porque los muertos los ponemos nosotros.
El día 10 de Febrero de 2010, a las 19:18:41