27 de Agosto de 2010
Casi todo el espectro ideológico de comentaristas políticos, desde la izquierda democrática de Tenenbaum hasta la derecha liberal de Botana, pasando por el ubicuo Majul, se hace la misma pregunta, sin poder responderla: ¿cómo es posible que este gobierno, que tiene un discurso y unos modos tan marcadamente progresistas, tolere o promueva unos niveles de corrupción comparables -si no mayores- a otras épocas que se caracterizaron precisamente por su venalidad?