Autor: Pedro Valdés Guía

Las "guerras entre la gente": el ejemplo del caso afgano

La realidad del conflicto afgano actual desacredita la victoria concebida como mera derrota de una fuerza adversaria a la que sucedería la constitución tutelada de un orden mediante la acertada aplicación de procesos funcionales. La realidad se impone y la corrupción no tarda en invadir esa ficción de poder autóctono, poniendo de manifiesto su artificio. El dolor que siempre acompaña al desorden se generaliza y alimenta una insurgencia que se enfrenta al seudo-orden tutelado demostrando que la guerra no ha terminado. No ha terminado porque, en las denominadas “guerras entre la gente”, es posible pedirle algo más a la violencia en que consiste la guerra. En estas guerras al anverso de la destrucción le debe acompañar siempre el reverso de la instauración, que no es una suerte de construcción funcional, sino una fuerza comprometida en engendrar un poder legítimo para ese espacio concreto. Compromiso con la legitimidad que se traduce en un diálogo entre quien es soberano en fuerza y la realidad concreta que le interpela. En este sentido, la fuerza militar es un poder que se autolimita, poniéndose al servicio de una realidad institucional e histórica que trata de impulsar y, en ocasiones, de encauzar.

por Pedro Valdés Guía, 19 de julio de 2011