Los neocón están de saldo, pero el último ismo de retaguardia se llama «néoréac». Cuidado: noconfundir con los «neopros» de vanguardia. «Néoréac» serían los maestros pensadores de la nuevaFrancia de Sarkozy. La gran misión «néoréac» es acabar con el desmadre de Mayo del 68, al quealgunos de sus apóstoles culpan nada menos que de acabar con el pensamiento. Lo curioso es quebuena parte de los supervivientes del 68 militan ahora entre los «néoréac», como André Glucksmannque, en los días del desmadre, eran de los que maullaban como gatos apaleados «Mao, mao, mao...».Los «néopros», que se inclinan por el galante encanto de Ségol_ne Royal, también dan de palos al 68 yaplauden los llamamientos de su musa para el restablecimiento de la disciplina en la escuela. Su másínclito representante es Bernard Henri-Lévy, otro veterano del 68 y de la melancólica resaca animada porlos «Nouveaux Philosophes»
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Mientras la Academia decide si acepta neocon como animal de compañía o, al menos, contesta a una pregunta que furmulé a su servicio de consultas hará tres semanas largas, habrá que tirar del Webster's Dictionary, que lo define como <
>. La descripción nos adentra en el perfecto cajón de sastre del liberalismo, donde cabe desde la izquierda norteamericana hasta la desregulación económica.