Zapatero; con Castro frente a los anticastristas

por Gregorio Cristóbal Carle, 6 de abril de 2010

 

 

Izquierdista hasta los tuétanos e incapaz de tan siquiera disimular un rencor implacable, Zapatero se dedicó desde 2004 a convencer al mundo entero de que más allá del océano Atlántico había unas personas buenas, con altas miras políticas, que a pesar de haberse adueñado de los resortes del poder de forma ilícita y violenta iban a cumplir su único, portentoso y mesiánico destino; salvar a sus pueblos de las zarpas de la iniquidad capitalista. Ahí estaban todos los ídolos ideológicos de la izquierda española, baluartes de la libertad al servicio de sus congéneres - con Fidel Castro a la cabeza- como símbolos de la implacable justicia contra el vasallaje y las injustas dictaduras. Puro adoctrinamiento, pero que llevaba años funcionando. De Cuba, el adoctrinamiento se extendió como un reguero de pólvora por una Latinoamérica castigada por la endémica y enquistada corrupción de siempre, y así surgieron imitadores de todo tipo, casta y condición –Allende, pongo por caso- escondidos todos ellos en su falso y demagógico amor por la democracia y la libertad, en nombre de la habitual promesa de un mundo mejor.
 
Más adelante surgió en Venezuela, por la vía violenta, el régimen de Hugo Chávez, otro baluarte del golpismo y la intransigencia encubierta. Eficaz y a la vez aciago suboficial de escasas luces intelectuales, no tardó en transformar su gobierno en una rancia forma de autocracia  de izquierdas- haciendo y deshaciendo a su despótico gusto,  practicando el más vulgar de los nepotismos,   descabezando la división de poderes y sometiendo a ese pueblo que tanto juró amar… en suma, llevando a la más absoluta de las ruinas a la economía nacional, y encarcelando a cualquier “elementos subversivo” que se atreviera a entender u opinar diferente. Además, las acciones de Chávez culminan con la exportación de su juguete revolucionario más allá de las fronteras nacionales, para lo cual no duda en desviar  al exterior los recursos necesarios,  generados con el esfuerzo y el trabajo de su pueblo.
 
Cuba o Venezuela forman el imaginario que deslumbra y embelesa a la izquierda europea más radical, entre la que se encuentra Zapatero. Imaginario alimentado intelectualmente por falsos testimonios. En verdad se trata de regímenes políticos que mencionan al pueblo en primera persona, para luego negarle los   derechos más elementales, e inspirados en idearios anquilosados en burdos fracasos del pasado que constituyen un fin en sí mismo. Pero Zapatero no cesa en el empeño de impulsar un incisivo acercamiento y una desdichada comprensión hacia las satrapías más indecentes de Iberoamérica: Cuba, Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Ecuador. Lo cual no es lo peor: lo peor es que para esto también intenta implicar y convencer a las máximas autoridades institucionales de la Unión Europea. Busca arrastrar a Europa por su propia senda de sectarismo internacional.
 
Por suerte, la vieja Europa no se deja engañar fácilmente por la inmoral y peligrosa visión defensa de los dictadorzuelos latinoamericano. Zapatero se ha encontrado con un rechazo a la propuesta, que no encierra otra intención que la de servir como instrumento para lavar la imagen de los regimenes de partido único… o casi. Ahora, el presidente español ha vuelto a la carga con el cansino tema de defender los mismos postulados. El motivo ha sido la trágica y poco sorpresiva muerte de otro opositor a la tiranía de los Castro, al que posteriormente ha seguido el escándalo de Fariñas.
 
Orlando Zapata era un proletario negro que en su momento se reveló contra la imposición, el engaño y la represión de un régimen injusto y criminal, implantado a sangre y fuego. La respuesta no se hizo esperar; las autoridades le detuvieron ilegalmente y ordenaron su encarcelamiento, igualmente ilegal. Allí sufrió tortura todo tipo de vejaciones hasta que su rebeldía le llevó a una condena muy superior, esta vez a treinta años. Orlando decidió realizar una huelga de hambre para dar a conocer al mundo su situación y la de todos los que sufren en Cuba las tremendas consecuencias de la intransigencia política, el acoso, la persecución y la muerte por pensar diferente, por buscar ese pedazo de libertad que merece cualquier ser humano.
 
Finalmente falleció, después de 85 agónicos días de inanición. Su cuerpo no resistió más el sufrimiento y el maltrato propinado por agentes de la dictadura, que son los únicos culpables y responsables de la defunción. Como de todas las demás, las de los casi 800 compatriotas que luchando por la libertad se quedaron a medio camino, las de los fusilados, y las de los vivos que   no pueden hablar porque lo tienen estrictamente prohibido, bajo amenaza de cárcel y muerte.
 
Tras la muerte de Orlando otro le ha sucedido en la dura tarea de dar a conocer al mundo la brutalidad del régimen castrista, recurriendo a una huelga de hambre interminable. Guillermo Fariñas se encuentra al borde de la muerte. Y como en el caso de Zapata, Zapatero ha vuelto a hacer de las suyas. El gobierno español le ha tendido una mano envenenada para salvar la imagen del denostado, criminal y corrupto régimen cubano. En verdad, Zapatero ha oprobiado de forma constante y continuada a la oposición a Castro, negándole el pan y la sal de forma constante, hasta el punto de no querer reunirse con sus representantes, o darles su apoyo y aliento de forma simbólica. 
 
De ahí que carezca de sentido decente la propuesta española. Zapatero ha favorecido económicamente los intereses de esos sátrapas, manteniendo sus regímenes con injustas y gratuitas donaciones, lanzando discursos a favor de posturas oscurantistas y del todo erróneas, silenciando la verdad criminal de esos políticos que redimen al pueblo bajo la máscara de una presunta democracia, o lamentando- que no condenando- el vil asesinato de los luchadores por la libertad.