Yihadismo: escenarios africanos

por Carlos Echeverría Jesús, 29 de julio de 2011

 

El yihadismo salafista se está mostrando particularmente activo este verano en algunos frentes africanos, aprovechando en algunos el caos reinante (Egipto) y agudizando en otros escenarios ya antiguos de combate (Nigeria, Somalia y la franja del Sahel). Sin ser por ahora casi ninguna de las acciones producidas equiparables al sangriento atentado producido en Mumbai (la antigua Bombay) el 13 de julio, en el que tres explosiones sincronizadas en esta ciudad tradicionalmente castigada por este tipo de terrorismo provocaba en un primer momento 21 muertos y más de un centenar de heridos, sí veremos a continuación cómo determinados atentados muestran una tendencia al afianzamiento de la amenaza. Un gran ataque que veremos a continuación realizado por los terroristas yihadistas salafistas nigerianos de Boko Haram en junio supera incluso el número de muertos en Mumbai, pero lo habitual de los ataques en India y Pakistán contrasta con la excepcionalidad de las acciones terroristas, al menos hasta el presente, en el norte de Nigeria.
 
La presión yihadista crece en Egipto
 
El ataque con explosivos realizado el 12 de julio contra un centro de almacenamiento de gas natural situado en las proximidades del Aeropuerto Internacional de El Arish, en la península del Sinaí, no debe de pasar desapercibido. Este era el segundo ataque que se producía en ocho días contra instalaciones del gasoducto que abastece de gas egipcio al Estado de Israel, y cabe recordar que en las semanas de caos que llevaron a la defenestración del Presidente Mohamed Hosni Mubarak, entre enero y febrero de este año, ya se produjo un primer ataque terrorista, premonitorio, contra esta emblemática instalación.
 
En el Egipto hoy gobernado por el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas se libra un pulso entre fuerzas modernizadoras – que para muchos son las que necesariamente han de ganarlo, voluntarista reflexión esta que se basa en la idea cuando menos arriesgada que considera que estas son las corrientes naturales de la historia – y otras que podríamos calificar de retrógradas y obscurantistas. Entre estas algunos situamos a los Hermanos Musulmanes y otros se limitan a ubicar a una minoritaria y difícil de definir nebulosa de terroristas islamistas de la que separan de partida a la Hermandad en su conjunto. De hecho, los segundos son capaces de dibujar una línea clara de separación entre islamistas moderados, y ahí estaría la Hermandad, y radicales más o menos conectados con Al Qaida o con los restos de algunos de los grupos terroristas que asolaron el país en las décadas de los ochenta y noventa del siglo XX: Yihad Islámica y Gama’a Al Islamiyya. El médico cirujano cairota Ayman Al Zawahiri, desde hace un mes flamante nuevo número uno de Al Qaida central, fue un destacado dirigente del primero de estos dos grupos, de triste recuerdo por, entre otras cosas, haber asesinado en octubre de 1981 al Presidente Anuar El Sadat.
 
De cara al inmediato futuro, y en una dimensión distinta a la que en términos políticos llevará a convocatorias electorales varias – el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas acaba de anunciar que las generales previstas para septiembre se retrasan ‘sine die’ hasta octubre o noviembre -, Egipto seguirá sufriendo la presión más o menos visible de los grupos islamistas radicales, presión que no sólo se sentirá por parte de la ciudadanía (tanto la musulmana como la nutrida minoría cristiana copta) sino que podrá visualizarse también en escenarios tan sensibles como son las relaciones con el vecino Israel, la gestión de la también vecindad con la convulsa franja de Gaza o, en el oeste del país, la inmediatez de un escenario libio lleno de incógnitas.
 
La atribulada región septentrional de Nigeria
 
La eliminación el 10 de julio de once yihadistas salafistas del grupo Boko Haram en la localidad nororiental de Maidurugi, capital del estado federado de Borno, pone en evidencia la creciente magnitud de la amenaza terrorista en el tradicionalmente convulso norte de Nigeria. Elementos de las Fuerzas Armadas de la Federación acababan con estos terroristas al responder a un ataque producido contra una patrulla militar, acción esta que recuerda y mucho las tácticas de Al Qaida en las Tierras del Magreb Islámico (AQMI), vecino septentrional de los yihadistas nigerianos – a través de la franja del Sahel – y franquicia de ‘Al Qaida central’ que se ha erigido desde hace unos dos años en “protectora e inspiradora” de grupos como el susodicho Boko Haram, nacido en 2002 en el estado de Borno y cuyo nombre puede ser traducido como “grupo de los puros comprometidos con el Yihad y con el Profeta”. Su fundador, el predicador radical Mohamed Yusuf, eliminado en 2009 por militares nigerianos en el marco de una de las crisis anteriores a la actual, gustaba de mostrar su proximidad ideológica a Al Qaida, a los Talibán y al grupo Al Shabab de Somalia. En todo este tiempo diversos ataques contra comunidades cristianas, asaltos a prisiones y enfrentamientos cada vez más frecuentes con las Fuerzas Armadas y las Fuerzas de Seguridad han dado muestras de que los yihadistas nigerianos son buenos discípulos de sus maestros magrebíes. Así, en la Navidad de 2010 los ataques de Boko Haram provocaron un centenar de muertos en diversos escenarios. Más recientemente la preocupación local e internacional se ha intensificado con respecto a este grupo al realizar el pasado 16 de junio su primer atentado suicida, un ataque realizado además en la capital del país, Abuja, teniendo como objetivo el Cuartel General de la Policía y en el que murió un agente y decenas de personas resultaron heridas. También cabe destacarse una visibilidad cada vez mayor de la “causa” de los hermanos nigerianos en los bien elaborados vídeos que emite el Instituto de Comunicación “Al Andalus”, lamentable constatación permanente de la fijación de los terroristas por nosotros, españoles y portugueses confundidos en esta expresión que refleja su habilidad para manipular y tergiversar la Historia.
 
El 26 de junio varios terroristas que se movían en motocicletas atacaron con explosivos un bar en la ciudad de Maidurugi produciendo en el momento al menos 25 muertos y múltiples heridos. Este ataque, en un local muy concurrido, recuerda los sangrientos ataques de los terroristas somalíes de Al Shabab en dos locales de Kampala, capital de Uganda, de los que ahora se cumple un año y que provocaron 76 muertos y múltiples heridos. Bueno es además recordar y conectar ataques de este tipo para tener una visión de conjunto que nos permita visualizar que hay una amenaza sostenida en el tiempo y, aún peor, que se agrava según pasan los años. Hasta hace poco hablar del terrorismo yihadista salafista en África conllevaba referirse a los ataques contra las Embajadas de los EEUU en Kenia y Tanzania, realizados por Al Qaida el 7 de agosto de 1998 (provocaron 230 muertos, 219 en Kenia y 11 en Tanzania, y más de 5.000 heridos), pero en algo más de una década se han ido incrementando los escenarios del sanguinario activismo yihadista a añadir a los harto conocidos del norte del continente o de la castigada Somalia.
 
Volviendo a Maidurugi, el estallido de un coche bomba que provocó al menos dos muertos el 27 de junio y el enfrentamiento con una patrulla militar el 10 de julio demuestran que la fijación de los terroristas por la región es ya un hecho, y que las campañas de limpieza llevadas a cabo por el Estado en 2009 y 2010 no consiguieron eliminar del todo la amenaza. Los terroristas de Boko Haram tienen en común con los rigoristas egipcios el que pretenden que todos los nigerianos acaben aceptando sus abominables ideas – Nigeria es un país poblado por 151 millones de personas, muchas de ellas cristianas o animistas – y su pulso con otras comunidades es cada vez más violento. Ello permite explicar en buena medida el porqué de los enfrentamientos intercomunitarios que tanto en Egipto como en Nigeria son cada vez más frecuentes, y dibuja un siniestro porvenir que para evitarlo requerirá de una firme actitud de ciudadanos y de autoridades contra los extremistas. Los servicios de seguridad e inteligencia de Nigeria cifran en unos 400 los activistas de Boko Haram, una cantidad modesta o nutrida, según se mire: coincide con el número de activistas que muchos analistas suelen atribuir a AQMI, una cantidad que para estos suele ser presentada también como modesta, olvidando realidades tan importantes como son la motivación extrema de tales terroristas y, por supuesto, las dificultades inherentes a poner cifras a algo que es combinación de grupo terrorista tradicional y de movimiento de inspiración político-religiosa, realidad esta que para nosotros debería de incrementar generosamente esa cifra.
 
Análisis excesivamente cartesianos han llevado también a evaluar la amenaza representada por Boko Haram como coyuntural, más visible según se acercaban las fechas de las elecciones presidenciales celebradas el pasado 16 de abril, comicios que han confirmado en la Presidencia de la Federación al cristiano Goodluck Jonathan que sucedió a su predecesor musulmán, Umaru Musa Yar’Adua, fallecido en 2010 de enfermedad en un hospital de Arabia Saudí. Olvidan quienes hacen estos análisis que los yihadistas salafistas tienen un calendario distinto, y ello nos lo demuestra el análisis del activismo de cualquier grupo de ese pelaje, y que son letales siempre que pueden, antes, durante y después de campañas electorales o de cualquier otro acontecimiento político o social que a ellos pocos les importa. En cualquier caso, el que durante la campaña electoral se produjeran según la ONG nigeriana “Civil Rights Congress” 516 muertes violentas da fe del escenario, pleno de contradicciones, en el que el terrorismo yihadista tiene aún más ventajas – y estímulos – para actuar. En lo que respecta al norte del país, región de mayoría musulmana, los terroristas sí han instrumentalizado y lo seguirán haciendo las fricciones que vienen de muy atrás en la historia de este país en la convivencia entre estos y los cristianos y animistas. De hecho, nada más hacerse públicos en abril los resultados que daban la victoria a Jonathan, el norte, donde el candidato más votado había sido el musulmán y general del Ejército Muhamadu Buhari quien fuera jefe de estado golpista en la década de los ochenta, se convertía en escenario de violencia, con quema de iglesias y el asalto a la prisión de Kaduna y la consiguiente liberación de presos – entre ellos de algunos terroristas – incluidos. De los susodichos 516 muertos más de 200 eran del norte, y tal nivel de violencia provocó que casi 50.000 personas abandonaran en dicha región sus hogares convirtiéndose en desplazados.
 
El que Boko Haram haya atentado incluso en la capital federal, Abuya, atacando como veíamos en junio el Cuartel General de la Policía, nos demuestra que este actor terrorista, bien motivado y con inspiradores y aliados exteriores de enjundia, va a estar cada vez más presente en nuestros análisis porque pugna con vigor por constituirse en uno de los arietes del yihadismo salafista, dentro y quizás también fuera del continente africano.
 
El caos somalí
 
A la importante ola de violencia protagonizada por los terroristas de Al Shabab en los últimos meses se añade ahora, como agravante estructural de la inestabilidad crónica que caracteriza a Somalia, una sequía de alcance regional que crea un escenario aún mayor de caos, el ideal para actuar desde la perspectiva de los islamistas más o menos radicalizados. Más de un millar de somalíes cruzan cada día a Kenia y otros tantos lo hacen a Etiopía, huyendo de la sequía y de la guerra. Además, como hicieran antes sus hermanos de Egipto o de Argelia, los terremotos y sequías ofrecen a los islamistas somalíes la oportunidad de atender a las víctimas haciendo en paralelo un descarado proselitismo. Pasó en el marco de terremotos en El Cairo, o en El Esnam en Argelia o más recientemente en el norte de Marruecos, y ahora la recién estrenada cadena de televisión de Al Shabab presume continuamente de llevar ayuda de emergencia a los más débiles, cumpliendo así con su papel de buenos musulmanes y haciendo favores que luego querrán cobrarse.
 
Un contingente de 9.000 efectivos de la AMISOM, la Misión Militar de la Unión Africana en Somalia, apoya al Gobierno Federal de Transición (GFT), figura creada en Kenia en 2004 que hoy está asediada con su líder al frente, el Presidente Sharif Sheik Ahmed, en algunos barrios de Mogadiscio que controla frente al acoso de Al Shabab. Un embrión de un híbrido Fuerzas Armadas-Fuerzas de Seguridad para el GFT está siendo entrenado en la vecina Uganda por jefes, oficiales y suboficiales españoles en una Misión de la Unión Europea (EUTM-Somalia) desde abril de 2010, pero se hace necesario un esfuerzo aún mayor y, sobre todo, estar bien seguro de lo que se hace y dar un empuje fuerte en términos de seguridad para acabar con la amenaza. A los que España entrena los selecciona el GFT con la participación en el proceso de los EEUU, que paga salarios y aporta equipamiento además de realizar labores de inteligencia. En la lucha contra Al Shabab, Washington combina este esfuerzo en términos de financiación y apoyo con otros de carácter ofensivo aunque lo hace en términos muy selectivos, tanto con elementos de las fuerzas especiales como con herramientas como los aviones no tripulados (UAV): el 24 de junio un UAV atacaba en la región somalí de Kismayo a dos líderes de Al Shabab a los que las autoridades estadounidenses relacionaban con el cabecilla de Al Qaida en la Península Arábiga (AQPA) Anwar Al Awlaki, hiriendo a estos y matando a algunos de sus hombres. Antes de este ataque otro similar había eliminado, el 6 de abril en la localidad meridional de Dhobley, a un cabecilla de Al Shabab, Musa Dheere, mientras que el cerebro de los susodichos ataques de 1998 contra las Embajadas estadounidenses en Nairobi y Dar es-Salam, Fazul Abdullah Mohamed, había muerto en un tiroteo en Mogadiscio. Originario del archipiélago de las Comores y nacionalizado keniata, Fazul estaba considerado como el líder de Al Qaida en la región oriental de África, habiendo cobrado su figura aún más importancia tras la eliminación de Osama Bin Laden el pasado 2 de mayo.
 
El reforzamiento de las acciones antiterroristas en Somalia corre en paralelo al agravamiento de la amenaza que Al Shabab representa. El 10 de junio era asesinado en un atentado suicida, ejecutado en Mogadiscio por su propia sobrina, el Ministro del Interior del GFT, Shakur Sheik Hasan, Este era el Ministro más poderoso del GFT y hace ya el número seis de los ministros asesinados por Al Shabab desde que esta institución gubernamental se creara. Ahora los ataques suicidas están ya plenamente introducidos en el escenario bélico somalí gracias a la filial local de Al Qaida y el 30 de mayo un suicida con doble nacionalidad, somalí y estadounidense, había matado a dos soldados de la AMISOM en Mogadiscio. Por otro lado, el 22 de abril Al Shabab hizo pública una amenaza dirigida contra Kenia, algo que viniendo de quien viene las autoridades de Nairobi se han tomado bien en serio. Finalmente, el 7 de mayo el grupo volvió a hacer una manifestación pública para comprometerse a vengar a Bin Laden mostrando con ello sus crecientes ambiciones globales.
 
La centralidad del Sahel
 
El asesinato de 13 militares argelinos el 16 de abril en las cercanías de Tizi Uzu, capital de la Cabilia argelina, y el hecho de que el 25 del mismo mes murieran otros 17 de idéntica manera en Azazga, en la misma región, en los ataques más letales sufridos por las Fuerzas Armadas argelinas en las últimas semanas, rompe con un relativo descenso del activismo terrorista letal en los últimos tiempos. De estos y otros ataques realizados por AQMI destacaremos, por un lado, que la mayoría se han producido en la citada provincia septentrional, y por otro que las autoridades nacionales, algunos de sus interlocutores y muchos analistas de dentro y de fuera de Argelia relacionan dicho rebrote terrorista con el aprovechamiento por AQMI del caos generado en los últimos seis meses en buena parte del norte de África, particularmente en Libia.
 
A principios de junio era el Ministro argelino de Asuntos Magrebíes y Africanos, Abdelkader Messahel, el que adjudicaba al flujo de armas de armas procedentes del campo de batalla libio la proliferación de atentados en el norte de Argelia. En cuanto a los interlocutores extranjeros, durante sus visitas a Argel el Jefe del Mando Militar Estadounidense para África (USAFRICOM), General Carter F. Ham, el 1 de junio; el Ministro de Asuntos Exteriores francés, Alain Juppé, el 20 de junio; o el Ministro italiano de Asuntos Exteriores, Franco Frattini, el 12 de julio, han insistido también sobre ello. El que el Ministro del Interior argelino, Dahou Ould Kablia, haya tratado de quitarle a este asunto parte de la importancia que otros le dan es lógico, debiendo de justificar el buen hacer de su departamento en términos de control de fronteras, pero es evidente que del caos reinante en la región son los terroristas y los contrabandistas los que más beneficio están sacando. Así, el tráfico de armas más sofisticadas (cada vez se habla más de los SAM-7 y no sería extraño ver en un futuro próximo su eficacia en términos de derribo de alguna aeronave, sobre todo si los terroristas pueden acceder al sistema completo del arma y reciben la necesaria formación para utilizarlo) y la dinamización de movimientos y actores ilícitos preocupa cada vez más, explica algunas acciones que han tenido lugar en el Sahel en las últimas semanas y prepara el terreno para una reunión de alto nivel y de carácter multinacional que sobre dicha franja se celebrará a principios de septiembre en Argel.
 
El 24 de junio comandos mauritanos mataban a 15 elementos de AQMI pertenecientes a la katiba Alvourghan en el bosque de Wagadoum, situado en el norte de Malí a tan sólo 70 kilómetros de la frontera mauritana, en una operación que parece haber sido una acción combinada de diversos países más que una aventura en solitario de Mauritania. Ello nos permite recordar que ya en julio de 2010 se produjo una operación combinada mauritano-francesa parecida a esta y también en suelo de Malí. Tras el ataque mauritano de junio se ha entrado en una dinámica de enfrentamiento que pone de manifiesto la voluntad del régimen de Nuakchott de acabar con la impunidad con la que AQMI ha venido actuando, aprovechándose con habilidad de los frenos que las fronteras suponen para los Estados. El 5 de julio AQMI respondía atacando un cuartel mauritano en Bassiknou, a 45 kilómetros de la frontera con Malí, y provocaba una dura reacción mauritana en la que se utilizaban medios aéreos para perseguir a los terroristas.
 
Finalmente, la reunión de Argel reunirá en septiembre a los países directamente afectados (Argelia, Malí, Mauritania y Níger) más otros invitados por estar asociados o poder estarlo a tan necesario esfuerzo antiterrorista. Los EEUU estarán en lugar preferente, aplicando además los principios recogidos en su Estrategia Antiterrorista actualizada, hecha pública el 30 de junio y que considera a un espacio como es la franja del Sahel como prioritario en la medida en que también lo es para Al Qaida, fijando además como objetivo el trabajar estrechamente con Argelia, Malí, Mauritania y Níger. Aunque para Argelia es sin duda importante el apoyo que los EEUU o algunos Estados miembros de la Unión Europea le puedan brindar, tiene claro que ha de contar ante todo y sobre todo consigo misma, como le ocurriera en la llamada “década negra” de los noventa, y quiere liderar un esfuerzo de carácter subregional que incluye a los otros tres países citados, que deja fuera necesariamente a una Libia inmersa en una compleja guerra civil tribal aderezada con una intervención militar exterior y que tampoco incluye a un Marruecos que tradicionalmente va por libre aunque proteste de forma reiterada por la marginación a la que le somete Argelia.
 
El frente argelino de la lucha antiterrorista se refleja no sólo en el Estado Mayor Operativo Conjunto (CEMOC) en 2010 y con base en Tamanrasset sino que también se intuye en operaciones como las llevadas a cabo en junio por fuerzas mauritanas en el norte de Malí. Aunque nada haya trascendido al respecto esta cuestión habrá sido tratada en la 11ª Sesión del Comité Bilateral Fronterizo Argelino-Malíense, celebrado en Argel en los días 12 y 13 de julio, culminación de un proceso de intensificación de los contactos bilaterales iniciado a fines de abril y que ha incluido una reunión del CEMOC en mayo en Bamako. Argelia quiere liderar una respuesta multinacional al terrorismo de AQMI en el que desaparezcan las fuerzas occidentales y adquieran protagonismo las regionales africanas coordinadas por las argelinas. Destacamentos de fuerzas especiales francesas se localizan en Atar (Mauritania) y Niamey (Níger) y estadounidenses en Gao (Malí), y los antecedentes de la intervención de tales fuerzas existen en la región. Por ello Argelia, tradicional adalid del esfuerzo dirigido contra la injerencia extranjera, quiere que el CEMOC sirva para ‘africanizar’ cuanto antes la respuesta al terrorismo. Pero la intensificación de los ataques en suelo argelino y el hecho de que AQMI tiene aún en su poder a cuatro rehenes franceses y a una italiana plantea un verano difícil en términos de seguridad en la región y constituye un contexto de gran complejidad de cara a la reunión prevista en Argel a principios de septiembre. Todo ello incorpora además más dificultades con el escenario de guerra en Libia, en el que los aliados occidentales para la lucha antiterrorista de los países sahelianos se enfrentan en el campo de batalla al aliado magrebí, saheliano y africano que sigue siendo el régimen del Coronel Muammar El Gadaffi.


 
 
Carlos Echeverría Jesús (Madrid, 26 de marzo de 1963) es Profesor de Relaciones Internacionales de la UNED y responsable de la Sección Observatorio del Islam de la revista mensual War Heat Internacional. Ha trabajado en diversas organizaciones internacionales (UEO, UE y OTAN) y entre 2003 y 2004 fue Coordinador en España del Proyecto "Undestanding Terrorism" financiado por el Departamento de Defensa de los EEUU a través del Institute for Defense Analysis (IDA). Como Analista del Grupo asume la dirección del área de Terrorismo Yihadista Salafista.