Yemen. Violencia desapercibida

por GEES, 25 de septiembre de 2009

El 16 de septiembre el ejército de Yemen bombardeaba un campo de refugiados chiíes en la provincia septentrional de Omrán, matando a 87 personas, la mayoría mujeres y niños. Esta acción de la Fuerza Aérea se inscribe en el marco de la ofensiva que desde el 11 de agosto libran las autoridades contra los rebeldes hutíes, de confesión chiita, en las provincias de Omrán, Saada y Al Jawf, esta última fronteriza con Arabia Saudí. Para el 19 de septiembre, día en que terminaba el Ramadán, el Gobierno había alcanzado con los rebeldes un alto el fuego pero los combates continuaron poniendo de manifiesto cuán profundas son las raíces del conflicto. No siendo fuerzas occidentales las autoras de la matanza, nadie ha protestado en el resto del mundo por estas muertes de civiles, pero hecho tan luctuoso nos obliga a explicar las claves de la violencia que sufre este país árabe.
 
Aparte del cotidiano azote del terrorismo yihadista, que también golpea a su vecino saudí, Yemen alberga en su seno, al igual que otros países árabes (Irak) y musulmanes (Pakistán o Afganistán, entre otros), enfrentamientos recurrentes entre suníes y chiíes. Estos choques pueden venir de antiguo pero como sabemos que los yihadistas salafistas, que son suníes radicalizados, procuran agudizarlos allí donde pueden. Así, el pasado 18 de julio una decena larga de personas moría violentamente en la provincia de Al Jawf, habitada por seguidores de ambas confesiones del islam, cuando rebeldes hutíes y militantes del islamista Al Islah se enfrentaban por el control de la mezquita Zine Al Abidine. Yemen une a sus gérmenes de violencia intercomunitaria agudizada por la susodicha ideología radical las tensiones derivadas de la reunificación de los dos Yemen en 1990 y de la guerra civil sobrevenida cuatro años más tarde, corta de duración (un mes) pero que enraizó aún más los odios cuando el sur trató de desgajarse para recuperar la estatalidad perdida. En el sur, el pasado 23 de julio 16 personas morían y 30 resultaban heridas en un enfrentamiento entre militares y separatistas armados en Jinzibar, capital de la provincia de Abyan, a 50 kilómetros al este de Adén, provocados por un líder yihadista de la ciudad, Tarek Al-Fadhli, quien apoya la separación del sur y que había convocado una manifestación para utilizarla de pantalla para lanzar un ataque con obuses contra una comisaría.
 
A la inestabilidad cada vez más extendida en todo el país se le une el activismo terrorista en la vecina Arabia Saudí -país con el que las fronteras son porosas, sobre todo para los terroristas- y el deterioro progresivo en Somalia extensible al Golfo de Adén. En Arabia Saudí, un macrojuicio contra 330 acusados de pertenencia a Al Qaeda terminaba el 8 de julio y dos días después cinco cuadros de la red de Bin Laden eran detenidos en Taif, a tan sólo 80 kilómetros de La Meca. Al mes siguiente, el 29 de agosto en Yeda, un terrorista suicida estuvo a punto de matar a Mohamed Bin Nayef Bin Abdelaziz, sobrino del Rey Abdullah Bin Abdelaziz y viceministro del Interior. Este escenario, que responde a la integración a principios de este año de las dos ramas de Al Qaida en la Península Arábiga, la saudí y la yemení, no es el más propicio para que Obama vacíe Guantánamo, enviando a esa Península al centenar largo de prisioneros originarios de Yemen.