(Publicado en ABC, 6 de agosto de 2010)
¿Se imaginan ustedes que George Bush hubiera enviado a su mujer y a sus hijas de vacaciones a España antes de venir él en visita oficial? Zapatero y todos sus acólitos del «nunca mais» y el «no a la guerra» hubieran puesto a bajar de un burro al entonces presidente de Gobierno, José María Aznar. Toda su amistad con EE.UU. recompensada sólo con una visita privada de la familia del «numero uno».
Pues aunque nadie dice nada, eso es precisamente lo que le ha ocurrido a la España de Zapatero: que en lugar de honrarnos con una visita cósmica, Barack Obama ha preferido empaquetarnos a su familia y no tener que plantarse en la escalinata de La Moncloa estrechando la mano de alguien al que considera pieza de caza más que menor. Vamos, un monosabio y no un matador, ahora que va de toros.
Esa relación cósmica que auguraba Leire Pajín entre Zapatero y Obama ha quedado reducida, como era previsible, a unas vacaciones. Y ni siquiera la familia Obama ha tenido la disposición de hacer un bonito gesto con el socialismo de barrio español, escogiendo su máximo exponente, Benidorm. No, se ha ido a tierra de ricos, el epicentro de la jet-set, Marbella. Claro que también es verdad que la beautiful socialista se deja ver por entre los yates de allí.
La visita dejará todo el dinero que se quiera, pero no deja de poner de relieve, una vez más, el poco o nulo respeto que se tiene a nuestra España actual allende nuestras fronteras (y en parte de las interiores me temo). Zapatero ha logrado en estos años que volvamos a poner como nuestro valor esencial, nuestras playas. En La Casa Banca recibió el trato de un insignificante. Y ahora volvemos a ver para qué nos quiere el number one, para quedarse de Rodríguez. Que no de Zapatero.