¿Una potencia para quedarse?

por Mark Steyn, 21 de noviembre de 2006

(Publicado en Chicago Sun Time, 12 de noviembre de 2006)

Hace un par de semanas en la radio, Hugh Hewitt me sugería que los terroristas intentarían conseguir una España en las elecciones americanas. Recordará usted (aunque evidentemente muchos americanos no) que en el 2004, cientos de pasajeros fueron masacrados en múltiples atentados ferroviarios en Madrid. Los españoles respondieron con una enorme manifestación en la calle de presunta solidaridad con los muertos, toda lacrimógena pasividad y pancartas diciendo '¡Basta!' -- '¡suficiente!' Por lo que no se referían a '¡suficiente!' de estos asesinos, sino '¡suficiente'! del gobierno del Primer Ministro Aznar, y de Bush y de Blair, y las tropas en Irak. Un par de días después, votaron a un gobierno socialista que inmediatamente retiró las fuerzas españolas de Oriente Medio. Un lucrativo trabajo de un par de horas para la jihad.
 
Le dije a Hugh que yo no pensaba que eso sucedería esta vez. El enemigo no es solamente un puñado de simplones pastores pushtún, sino relativamente sofisticado al menos en su entendimiento de nosotros. Todos somos infieles, pero no todos los infieles se derrumban de la misma manera. Si hubieran llevado a cabo una España -- volado un puñado de coches de metro en Nueva York o vaporizado el Empire State -- habrían vuelto despertar la rabia primaria de septiembre del 2001. Con otra montaña de cadáveres apilada hasta el cielo, el electorado habría salido en estampida hacia la fila Republicana y exigido que Estados Unidos volase a alguna parte y bombardease a alguien.
 
El colectivo de la jihad sabe eso. De modo que en su lugar utilizaron una estrategia más pensada. Su opinión de América es a grandes rasgos la del historiador británico Niall Ferguson -- que el Gran Satán es la primera potencia con desorden crónico de atención. Razonaron que si podían someter a los americanos al pasar de la incesante tortura del cuentagotas en los desiertos de Mesopotamia -- un par de muertos aquí, un atentado en un mercado allí, coches ardiendo, humo sobre la ciudad en las noticias de la noche, día tras día tras día, y anotar una victoria o dos durante la semanas antes de las elecciones - se puede reducir suficiente electorado y persuadirles de votar como españoles sin que ni siquiera se den cuenta. Y funcionó. Puedes racionalizar lo ocurrido el martes en el contexto de las elecciones de medio mandato previas -- 1986, 1958, 1938, bla, bla, bla -- pero no es así como fue visto en el mundo, bien en las cancillerías de Europa, donde bailaban haciendo la conga, o en las cavernas del Kush hindú, donde también estarían bailando la conga si el mulá Omar no lo hubiera convertido en ofensa decapitatoria. Y, como si confirmara que el martes no fue simplemente 1986 o 1938, el presidente respondió a los resultados despidiendo al funcionario del gabinete identificado con mayor proximidad con el desarrollo de la guerra y reemplazándolo por un hombre vinculado a James Baker, Brent Scowcroft y otros fetichistas de 'la estabilidad' del grupo de la realpolitik irreal.
 
Si Rumsfeld debiera o no haber sido lanzado por la borda hace mucho, ciertamente no debería haber sido sacrificado la mañana del miércoles. Por un lado, es una confirmación involuntariamente flagrante de la politización de la guerra, y una particularmente falta de valor: es difícil concebir una minusvaloración más pública de una causa noble que condicionar a su directiva al escaño de Lincoln Chafee en el Senado. El despido de Rumsfeld por parte del presidente fue desafortunado y trivial.
 
Aún así, ahora todos somos españoles. La portavoz entrante afirma que Irak no es una guerra a ganar, sino un problema a solucionar. El secretario de defensa entrante pertenece a una comisión encargada de hacer precisamente eso. Un nostálgico columnista de la generación de los 50 en el Boston Globe argumenta que el honor exige que Estados Unidos 'acepte la derrota' igual que hizo en Vietnam. No funcionó tan bien para los nativos, pero al infierno con ellos.
 
¿Qué significa cuando la hiperpotencia del mundo, responsable del 40% del gasto militar del planeta, decide que no puede soportar una guerra de guerrillas con bajas históricamente reducidas contra un grupo improvisado de insurgentes locales y terroristas importados? Puedes llamarlo 'redespliegue' o 'estrategia de salida' o 'paz con honor' pero, para cuando se anuncie en al-Jazira, puedes apostar con bastante seguridad a que cualquiera que sea el eufemismo oficial acordado allá en Washington, se habrá perdido en la traducción. Lo mismo cuando se anuncie en 'Buenos días Pyongyang' y en Khartoum Network y, llegados al caso, la BBC.
 
Para el resto del mundo, la guerra de Irak no trata de Irak; trata de América, y de la voluntad americana. Me cuentan que en lo profundo de los cimientos del Pentágono hay estrategas planeando guerras para la gran confrontación con China alrededor del 2030 / 2040. Bien, es una labor soberbia, supongo. Pero, tal y como están las cosas, para cuando China sea lo bastante poderosa como para desafiar a Estados Unidos, no lo va a necesitar. Mientras tanto, los tíos que nos desafían ahora mismo -- en Irak, Afganistán, Irán, Corea del Norte y por todas partes -- son calificados por el electorado americano como un reality show del que nos hemos aburrido. Lo siento, no queremos quedarnos para ver si ganamos; preferiríamos nominarnos a nosotros mismos para salir de la isla.
 
Hace dos semanas, recordará usted, informaba de una reunión con el presidente en la que le pregunté lo siguiente: 'Dice usted necesitar estar a la ofensiva todo el tiempo y permanecer a la ofensiva. ¿No es el problema que el pueblo americano le respaldara con solidez cuando intervino y derrocó a los Talibanes, cuando intervino y derrocó a Saddam, pero cuando precisamente parece ser una especie de operación defensiva semicolonial desagradecida sin final... quiero decir, donde está la ofensiva en todo esto?'
 
El martes, el voto de la seguridad nacional se evaporó, y, sin él, ¿qué queda para el Partido Republicano? Congresistas Republicanos atrapados a los controles del peor de los mundos -- un gobierno enorme atiborrado de intervenciones a porrillo en casa y una cooperación política a tiendas de condición deficiente en el extranjero. Precisamente mi nuevo libro argumenta lo contrario: gobierno reducido en línea en casa y asertividad contundente en el extranjero. Se realiza una labor soberbia, y si no se lo digo yo, al vincular la guerra y la política exterior con los temas nacionales. Por supuesto no tiene que ser así de soberbio si la incoherente inversión del Partido Republicano es la única alternativa en oferta.
 
Como es el caso, nos encontramos ahora mismo en un sitio muy oscuro. Hace mucho tiempo desde que América ganó una guerra de manera incontestable, y elegir perder Irak sería un acto de autoindulgencia tan parroquiana que el momento americano no duraría, y no merecería durar. Europa se está haciendo semi-musulmana, los estados del Tercer Mundo dependientes de la ayuda exterior se hacen nucleares y, con todo ese 40% de gasto militar planetario, América no puede reunir la voluntad para derrotar a enemigos insignificantes. Pensamos que podemos simplemente abandonar el juego enseguida, y volver a casa y ver la televisión.
 
No funciona así. Empezara como empezara, Irak es la prueba de la seriedad americana. Y si el Gran Satán no puede ganar en Vietnam o en Irak, ¿dónde puede ganar? Así es como lo ve China, Rusia, Irán, Corea del Norte, Sudán, Venezuela y todo un montón de otros. 'Estos colores no destiñen' es un buen lema de camisetas, pero en realidad estos colores han pasado 40 años destiñendo de las junglas del sureste de Asia, los helicópteros del desierto pérsico, las calles de Mogadiscio... Añadir las arenas de Mesopotamia a la lista será un acto de debilidad del que América nunca se recobrará.


 

 
 
Mark Steyn es periodista canadiense, columnista y crítico literario natural de Toronto. Trabajó para la BBC presentando un programa desde Nueva York y haciendo diversos documentales. Comienza a escribir en 1992, cuando The Spectator le contrata como crítico de cine, Más tarde pasa a ser columnista de The Independent. Actualmente publica en The Daily Telegraph, The Chicago Sun-Times, The New York Sun, The Washington Times y el Orange County Register, además de The Western Standard, The Jerusalem Post o The Australian, entre otros.