Un lugar bajo el sol

por Helle Dale, 4 de julio de 2007

(Publicado en The Heritage Foundation, 15 de junio de 2007)

José Stalin dijo que la muerte de un hombre es una tragedia, la muerte de millones es una estadística. Entonces ¿cómo interpretar la muerte de 100 millones? ¿Es demasiado para que la mente humana lo digiera?
 
Ésta es la mejor estimación del inmenso número de vidas perdidas a causa del comunismo, la fuerza política más seductora pero mortal que el mundo ha conocido hasta la fecha. Durante la mayor parte del siglo XX, desde la Unión Soviética y China pasando por Corea del Norte, Camboya, África, Afganistán, Vietnam, Europa del Este y Latinoamérica, el comunismo llevó por un camino inmensamente destructivo a una gran parte de la humanidad. 
 
Las víctimas del comunismo merecen ser recordadas, no menos que las víctimas de otras ideologías menos novedosas. Aquí en Washington, por fin tienen su propio monumento, inaugurado el 12 de junio por el  presidente Bush, casi dos décadas después del desmoronamiento de ese otro símbolo opresivo, el Muro de Berlín. De hecho, se inauguró al conmemorarse 20 años de la fecha del famoso discurso de Ronald Reagan en el que lanzó el reto “Sr. Gorbachov, ¡tire abajo este muro!” Entre los allí presentes para la inauguración, había embajadores y ministros de Asuntos Exteriores de muchos países que alguna vez estuvieron bajo la tiranía comunista, así como miembros del Congreso de Estados Unidos y del gobierno. El evento se vio coronado con un cálido sol washingtoniano.
 
El momento de la inauguración no podía haber sido más apropiado. Como Rusia - liderada por el presidente Vladimir Putin, ex coronel de la KGB - ha decidido  entrar en un curso de confrontación más revanchista contra Estados Unidos, es importante que las obras no tan distantes de los líderes soviéticos permanezcan  frescas en nuestra memoria
 
El monumento está ubicado al borde del Washington oficial, saludando a los conductores en la esquina de las avenidas de Massachusetts y de Nueva Jersey, sólo a unas calles del Capitolio de Estados Unidos. La estatua de bronce de 3 metros de altura es un monumento enormemente apropiado. Fue creada por el escultor californiano Thomas Marsh y es una réplica de la escultura de papel maché de “La Diosa de la Democracia” erigida por los estudiantes chinos en la Plaza Tiananmen en 1989 antes de que su demostración pacífica por la libertad y la democracia fuera brutalmente aplastada por el ejército chino. Y por supuesto “La Diosa” tuvo como fuente de inspiración a la Estatua de la Libertad que está en el puerto de Nueva York.
 
Pero hay que decir que el Monumento a las Víctimas del comunismo es también un monumento a la perseverancia de un hombre, Lee Edwards, historiador y alto miembro de la Fundación Heritage, que es quien tuvo la idea original. En 1993, el Congreso de Estados Unidos aprobó unánimemente la legislación autorizando el monumento y Edwards comenzó la larga tarea de recaudar un millón de dólares para el proyecto. Le ha tomado 17 años alcanzar este sueño. Incluso cuando uno tiene una buena idea y una buena causa, el empeño y la dedicación son imprescindibles.
 
No era sólo que la recaudación de fondos iba lentamente, sino que conseguir el permiso de los funcionarios de planificación del Capitolio para construir el monumento era difícil de obtener y lento de expedirse. Tomaron en consideración varios sitios y luego cambiaron de opinión antes de que dieran el permiso definitivo para que se colocara en la avenida de Massachusetts.
 
El Monumento a las Víctimas del comunismo con sede en Washington - que con el tiempo tendrá un museo y un banco de datos - se une a los museos y monumentos que lentamente van apareciendo en los países del antiguo bloque comunista, por ejemplo en Hungría y los Países Bálticos entre otros, donde el pasado reciente es algo aún muy duro de asumir. Sin embargo, el asunto aquí es no sólo recordar aquellas vidas humanas injustificablemente desperdiciadas en nombre de una ideología política que se preciaba de ocuparse del llamado “bien común” por encima del bien del individuo. También se trata de escuchar la advertencia para el futuro que estos museos y monumentos conllevan.
 
En su discurso, Bush citó al escritor checo Milan Kundera, quien alguna vez describió el comunismo como la lucha de la memoria contra el olvido: “Los regímenes comunistas hicieron algo más llevarse la memoria de las víctimas. Con este monumento, lo que decimos de las víctimas inocentes y anónimas del comunismo es que estos hombres y mujeres vivieron y que no serán olvidados”.  E igualmente importante, el presidente relacionó los males del comunismo con los males terroristas contra los que estamos luchando hoy y que están inspirados en un estilo militante de islam que muestra tan poco respeto por la vida humana y la dignidad individual como el comunismo.
 
“Como los comunistas”, dijo Bush, “los terroristas y radicales que atacaron nuestra nación son seguidores de una ideología asesina que abomina la libertad, tritura toda discrepancia, tiene ambiciones expansionistas y persigue objetivos totalitarios. Como los comunistas, nuestros nuevos enemigos creen que los inocentes pueden ser asesinados al servicio de una visión radical”.
 
Nunca perdamos de vista la amenaza de esa visión - si lo hacemos, será bajo nuestra propia responsabilidad.


 

 
 
Helle Dale es directora del Centro Douglas y Sarah Allison para Estudios de Asuntos Exteriores y de Defensa de la Fundación Heritage. Sus artículos se pueden leer en The Wall Street Journal, The Washington Times, Policy Review y The Weekly Standard. Además, es comentarista de política nacional e internacional en CNN, MSNBC, Fox News y la BBC.
 
 
©2007 Traducido por Miryam Lindberg