Turquía en Europa

por GEES, 20 de diciembre de 2004

Tras cuarenta años de relaciones, la Unión Europea le dice a Turquía que está dispuesta a empezar a hablar de matrimonio... para dentro de al menos diez, quizás quince, o incluso 20 años, pero que en todo caso el enlace final no está garantizado. La morosidad no es para menos. Refleja el carácter angustioso, desgarrador, de la decisión. Tanto el sí como el no pueden encerrar grandes ventajas y enormes inconvenientes. Puede, ese es el problema, no podemos estar seguros. Aunque siempre hay iluminados que creen conocer el futuro en un sentido u otro, lo cierto es que lo único seguro es que la Unión con Turquía como parte será distinta de todo lo que hasta ahora hemos conocido y lo difícil es saber el cómo y la dirección de la diferencia.
 
Y está también la cuestión de orientaciones y valores. A unos gustará lo que a otros horrorice. Pero todos los argumentos tienen su importancia y Europa no ha dejado nunca de discutirlos, y la discusión ha arreciado últimamente ante la inminencia del compromiso. Que en España no haya tema, ni político ni mediático, es una muestra más de nuestro europapanatismo, chiquita, aunque a la larga no menos importante, comparada con la acrítica aceptación del tratado constitucional. En las conferencias y seminarios europeos, que también menudean, cada uno va a explicar su debate nacional, mientras que la explicación que a nosotros nos toca es la más sorprendente de todas, la de por qué no tenemos debate. ¡Nada de malo puede haber en la Unión Europea y todo lo que en ella entre queda transfigurado!
 
Pero lo cierto es que Turquía es el menos europeo de todos los miembros y aspirantes y por sus puras dimensiones tenderá a diluir el “europeismo” de la Unión, afectando a todo lo que comprende ese impreciso concepto. La gran cuestión, que encierra otras muchas, es en qué medida Europa europeizará a Turquía y en cuál Turquía deseuropeizará a la Unión.
 
Al menor enfurruñamiento, y su interminable candidatura ha sido fuente de incontables, los turcos exclaman con contenida indignación: '¡Bueno, si se trata de un club cristiano!' No, de eso exactamente no se trata. La Unión Europea no es una cofradía de nazarenos ni la Santa Alianza de Alejandro I, pero un club Europeo sí que no puede dejar de serlo, al menos hasta que ellos entren. Y eso tiene mucho que ver con la herencia grecorromana, el cristianismo, la civilización medieval, el renacimiento, la ilustración y otras muchas experiencias históricas que han creado la identidad europea por encima de sus divisiones nacionales y que son ajenas y, en muchos casos, contrarias a la evolución del mundo turco. Todas las civilizaciones son el producto de una religión, incluso en sus reacciones contrarias.
 
Por otro lado, los turcos hace caso un siglo tomaron a Europa como modelo e hicieron un gran esfuerzo por acortar distancias. La candidatura ha llevado a intensificar ese esfuerzo y es de suponer que las negociaciones incrementen la presión en el mismo sentido. ¿Podemos volver la espalda a esa solicitación? ¿Y podemos asumir las consecuencias del rechazo? Los líderes europeos ya no se han atrevido más a seguir haciéndolo, quizás con la esperanza de que los tratos vayan para muy largo y a ninguno les pille para cuando haya que decidirse por el sí o el no definitivo.