Terrorismo en Argelia y contexto regional

por GEES, 19 de enero de 2013

 Algunos analistas no dudan en estos momentos de confusión en considerar el ataque terrorista de Tiguentourine, en las cercanías de In Amenas, realizado el 16 de enero, como una “respuesta” a la intervención militar francesa en el norte de Malí. Es como si por “molestar” a los terroristas debiéramos asumir este tipo de respuestas. Como si nos hubieramos buscado que nos atacaran.

Referirse a esto en plural es no sólo importante sino obligado, porque la toma por terroristas de un complejo gasístico es un ataque a toda la Comunidad Internacional, y no sólo a Argelia, que pone el escenario, ni sólo a los países que sin quererlo se han visto directamente implicados según las diversas nacionalidades de rehenes capturados. A algunos, en concreto a los españoles, ya nos tocó antes, con los secuestros de cinco cooperantes – tres por AQMI y dos por el MUYAO, actores centrales ahora en este agravamiento del conflicto en el norte de Malí, y eso por no irnos más atrás y enumerar los compatriotas asesinados por el Grupo Islámico Armado (GIA), antecesor de todos estos grupos activos ahora, en los años noventa y también en Argelia.
 
Los acontecimientos se están produciendo de forma vertiginosa, pero es preciso que la opinión pública asimile unos conocimientos mínimos para poder digerirlos y, sobre todo, para que no sea engañada bien por despistados bien por malintencionados.
 
La intervención militar francesa ha sido bienvenida por no pocos malienses, y no sólo por las autoridades de Bamako, y ha sido avalada por la Comunidad Internacional, algo que como sabemos los profesionales de las Relaciones Internacionales no es tan sencillo, sobre todo cuando lo que se dilucida es el uso de la fuerza y este es el caso. Cuando los tres grupos terroristas – Ansar Eddine denunciaba unilateralmente el 3 de enero su “compromiso” del alto el fuego acordado en Argel el 21 de diciembre – mostraban en esos días su voluntad de seguir adelante con la imposición de su terror en Malí, y atacaban Konna poniendo en peligro el escaso territorio del país que aún no controlaba, las alarmas se encendieron y hubo que cambiar los calendarios.
 
Recordemos que la Resolución 2085, aprobada por el Consejo de Seguridad de la ONU el 20 de diciembre, fijaba unas condiciones y un calendario de intervención internacional en Malí válidas sólo para los Estados y para la Comunidad Internacional pero no para el enemigo terrorista. Este último, que no se ajusta a límite alguno, ni jurídico ni moral, vio la ocasión de hacer progresos en su guerra yihadista y emprendió su ofensiva y el Presidente interino de Malí pidió ayuda al Consejo de Seguridad – y a su valedor por excelencia en el mismo, Francia – obteniéndola de inmediato.
 
 La intervención militar francesa debe de ser vista pues, primero como necesaria, y segundo como parte de ese esfuerzo multinacional que incluirá efectivos africanos de la CEDEAO. Es evidente que también estos tendrán que ajustar sus calendarios a la precipitación impuesta por los terroristas.