Terror en Bombay

por Robert Spencer, 27 de julio de 2006

La noche del martes, 8 bombas cuidadosamente colocadas para explotar en secuencia detonaban a lo largo del sistema ferroviario de conmutadores de Bombay (comúnmente conocido hoy como Mumbai), matando al menos a 147 personas e hiriendo a centenares más. El Primer Ministro de la India, Manmohan Singh, decía que 'terroristas' estaban detrás de los ataques. Los agentes de Inteligencia dicen que el grupo jihadista terrorista Lashkar-e-Taiba, o Ejército del Valeroso, coordinó los ataques junto con el Movimiento de Estudiantes Islámicos de la India. La Lashkar-e-Taiba está íntimamente ligada a Al-Qaeda, de la que recibe apoyo financiero.
 
Funcionarios hindúes de Inteligencia habían sido conscientes de que se encontraba en preparación un ataque: los jihadistas habían estado acumulando explosivos y armamento. Sin embargo, el Ministro de Seguridad Nacional Shivraj Patil decía que los funcionarios sabían que los jihadistas estaban planeando atacar, 'pero el lugar y el momento no se conocían'.
 
Bombay es el centro financiero de la India. Los alentados, según el Hindustan Times, fueron 'metódicamente ejecutados para golpear a la capital financiera del país y sumergirla en el caos'. La mayor parte de las bombas explotaron en la sección de primera clase de los trenes, donde se congregan los empresarios. Todas las estaciones en las que explotaron bombas se encontraban a lo largo de los suburbios de clase alta de Bombay. Además de luchar por arrancar Cachemira del control de la India y extender la ley islámica allí, la Lashkar-e-Taiba tiene como uno de sus objetivos a largo plazo el establecimiento de un estado islámico en la India y la destrucción de los hindúes. (Uno de los lemas del grupo es 'Matar hindúes es el modo de avanzar'). La clase financiera de la India es aplastantemente hindú; los conspiradores estaban bastante al tanto de que en la India, los musulmanes no viajan generalmente en los compartimentos de primera clase.
 
Mientras que los jihadistas de la Lashkar-e-Taiba esperaban asestar un golpe mortal a la economía de la India con los atentados de Bombay, el grupo tiene aparentemente numerosos aliados en los países musulmanes y occidentales que apoyan la jihad financieramente y en otros sentidos. En mayo del 2005, dos hombres y una mujer eran arrestados en Gran Bretaña por conspirar para proporcionar a la Lashkar-e-Taiba fondos y armas. Hace cinco semanas, el 6 de junio, Alí Asad Chandia, un musulmán paquistaní que ha residido en Estados Unidos durante doce años y que daba clases de tercer grado en un centro islámico de Maryland, era procesado por proporcionar apoyo a la Lashkar-e-Taiba en calidad de miembro de la 'red jihadista de Virginia' - un grupo de jóvenes musulmanes que se estaban entrenando para ir a Afganistán a emprender la jihad contra las tropas americanas destacadas allí. Afronta 45 años en prisión.
 
La infiltración de la Lashkar en los países occidentales no ha sido únicamente financiera. Los operativos de la Lashkar enviaban a un converso francés al Islam, Willie Brigitte, hasta Australia, presuntamente para atacar las bases militares en Sydney. Brigitte también parece haber reclutado a Faheem Khalid Lodhi, un jihadista procesado recientemente bajo cargos del terrorismo vinculados a su posesión de materiales de fabricación de explosivos y mapas de la red eléctrica de Australia. En enero del 2003, un joven musulmán paquistaní de Australia llamado Izhar ul-Haque, 'harto de los occidentales', se abría camino hasta un campamento de entrenamiento de la Lashkar, pero más tarde cambió de opinión.
 
Por supuesto, el apoyo a la Lashkar-e-Taiba no procede únicamente de Occidente. En noviembre del 2003, el Daily Times de Pakistán informaba:
 
LAHORE - Tehrik Khuddamul Islam Ameer Maulana Masood Azhar recibía el viernes millones de rupias de empresarios de las zonas industriales y comerciales de Lahore destinados a los muyaidines de Cachemira. Maulana Azhar dijo entregar personalmente las donaciones a los muyaidines. 'Se llevó con él cuatro sacos de rupias', declaró una fuente sin identificar al Daily Times. Se reunió con empresarios tras las oraciones del viernes y les solicitó la entrega del zakat a los muyaidines. También visitó las zonas industriales de Lahore en Sheikhupura Road y se dirigió a la gente en un comedor iftar de una fábrica.
 
El apoyo a la Lashkar-e-Taiba está bastante extendido en Pakistán. En un acto de recaudación de fondos para la Lashkar, una mujer presentó a su hijo al representante de la Lashkar. '¡Lo dono para la jihad!' exclamó; el operativo de la Lashkar la rechazó educadamente, diciendo 'apreciamos su donación, pero es demasiado joven. Consérvelo con usted como nuestro depositó. Cuando sea un adulto, el entregaremos para la jihad y le ganará un buen nombre'. La mujer respondió, 'soy la madre de cuatro hijos. Lo que sucede es que si le dono un hijo para la jihad, él se une al martirio y nos gana el cielo a todos'.
 
Con tales posturas vivas y coleando en Pakistán, la condena inmediata de los atentados de Bombay por parte del gobierno paquistaní la noche del martes es bienvenida, pero realmente no es suficiente. Los funcionarios paquistaníes y occidentales necesitan seguir el rastro financiero de la jihad de cerca -- a pesar de los mejores esfuerzos del New York Times -- puesto que los atentados del martes muestran el punto final de ese rastro. La sofisticada planificación de los atentados de Bombay y el alcance global de la Lashkar-e-Taiba indican que las autoridades occidentales subestiman a su propia costa a tal grupo. Además, la continua proliferación de la ideología de la jihad alimenta las actividades de la Lashkar tan incuestionablemente como que el dinero que ingresa en sus arcas procedente de Pakistán y de Occidente no puede ser ignorado. Los atentados de Bombay bien pueden establecer a la Lashkar-e-Taiba en la conciencia pública como un grupo terrorista temible; bien podemos esperar que esto impulse a los funcionarios anti-terror a arrojar más luz sobre las actividades de reclutamiento y financiación del terrorismo, y maniobren para ponerles fin.

 
 
Robert Spencer es director de Jihad Watch y autor de 5 libros, 7 monografías y numerosos artículos acerca del terrorismo islamista. Licenciado con honores en Estudios Religiosos por la Universidad de Carolina en Chapel Hill), lleva desde 1980 estudiando teología, derecho e historia islámicos en profundidad. Es adjunto de la Free Congress Foundation, y sus artículos acerca del islam aparecen en el New York Post, Washington Times, Dallas Morning News, el National Post de Canadá, FrontPage Magazine, WorldNet Daily, Insight in the News, Human Events o National Review Online entre otros. Entre sus textos se encuentran algunos de los libros más conocidos acerca del terrorismo islámico, como “El mito de la tolerancia islámica” (Prometheus Books, 2005. ISBN 1591022495), “La guía políticamente incorrecta del islam” (Regnery Publishing, 2005. ISBN 0895260131), o “El islam al descubierto: cuestiones preocupantes sobre la religión de mayor crecimiento del mundo.”