Terror biológico

por Rafael L. Bardají, 19 de diciembre de 2008

(Publicado en ABC, 19 de diciembre de 2008)
 
Hace dos semanas, la comisión del Congreso estadounidense sobre la prevención de la proliferación de armas de destrucción masiva y el terrorismo hizo público su informe «El mundo en peligro». Su primer párrafo es contundente: «Esta comisión cree que a menos que la comunidad internacional actúe decisivamente y con gran urgencia, es más probable que un arma de destrucción masiva sea utilizada en un ataque terrorista en algún punto del mundo hacia finales de 2013 a que no lo sea».
 
El miércoles, el centro de Madrid se colapsaba ante la posibilidad de que la embajada americana hubiera recibido un sobre con esporas de ántrax. Si en lugar de harina hubiera sido de verdad ese material biológico, apenas estaríamos ahora comenzando una larga, lenta y penosa tarea de desinfección a lo largo de todo el recorrido de esa mortal misiva.
 
Afortunadamente fabricar ántrax no es sencillo, aunque tampoco es imposible. Se ha intentado con escasos resultados. Hasta la fecha. Porque la difusión del conocimiento y de las tecnologías necesarias están ya prácticamente al alcance de cualquiera con conocimientos bioquímicos. Sabemos que Bin Laden contrató en el año 2000 a un científico, conocido como «el doctor ántrax», para que le proporcionara esa sustancia en su laboratorio de Kandahar. Por cierto, que ese científico, el doctor Yazid Suufat, acaba de ser puesto en libertad por las autoridades malasias, que le tenían encarcelado desde 2001.
 
Una semana movidita para el contraterrorismo: siete detenidos en París vinculados a Al Qaida y la célula afgana descubierta días antes en Bélgica, a la vez que se evacuaban los almacenes «Printemps» por amenaza de bomba; las falsas cartas de ántrax por media Europa; y la detención en Bahrein de una docena de terroristas de Al Qaida a punto de atacar ese pequeño emirato.
 
Conclusión: no podemos dormirnos ante una amenaza real, que tiene a Europa en su diana y que está dispuesta a echar mano de cuanto esté a su alcance para volarnos nuestros sueños, por pacíficos que éstos sean.