Terminar el genocidio ya

por Vance Serchuk y William Kristol, 29 de septiembre de 2004

(Publicado en Washington Post: eventualmente Estados Unidos actuará en Darfur.
La pregunta es cuánto tardará [en hacerlo] , y cuán eficazmente [lo hará],
22 de septiembre del 2004)
 
En raras ocasiones la separación entre diplomacia y acción eficaz ha sido tan pronunciada como esta semana en Naciones Unidas. El martes, el Presidente Bush, hablando ante la Asamblea General de la ONU, hizo un llamamiento al gobierno sudanés a detener la masacre de Darfur, reiterando la declaración del Secretario de Estado, Colin Powell, de que las atrocidades allí [cometidas] constituyen genocidio. El Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi Annán, también condenó a Khartoum por su campaña de violencia. Y tres días antes, el Consejo de Seguridad aprobó la Resolución 1564, una advertencia suavizada, carente de fuerza, de que se considerarían sanciones si la carnicería continúa.
 
Desafortunadamente, casi con total certeza la barbarie de Sudán continuará, en ausencia de la acción y de la dirección eficaces de Estados Unidos. El fracaso de las naciones del mundo en forzar a Sudán a cambiar su comportamiento es simplemente el recordatorio más reciente de que deberíamos haber aprendido desde el final de la Guerra Fría -- en los Balcanes, en Ruanda y en Irak. Naciones Unidas es [una organización] lenta y débil, y Estados Unidos, especialmente al seguir esperando a Naciones Unidas, es en sí mismo demasiado lentos en actuar.
 
Estados Unidos actuará eventualmente en Darfur. Tras las elecciones, el Presidente Bush o el Presidente Kerry no se sentarán a mirar y no permitirán el segundo genocidio en una década en África. Intervendremos -- tarde. La pregunta es cuán tarde, y con qué eficacia.
 
El régimen de Khartoum está poco dispuesto a terminar el baño de sangre que ha desatado en Darfur. Unas 50.000 personas han sido asesinadas, 1,2 millones forzados a huir de sus hogares. Las milicias Janjawid, respaldadas por el gobierno sudanés, continúan atacando a los refugiados, destruyendo aldeas y obstruyendo las actividades de ayuda, actuando en lo que el Grupo Internacional de Crisis ha calificado de 'estado de impunidad total'.
 
El gobierno de Estados Unidos ha hecho todo lo posible por resolver diplomáticamente la crisis. Durante casi seis meses, Bush, Powell, y otros altos funcionarios han exigido urgente y públicamente que el gobierno sudanés contuviera a las milicias. El gobierno norteamericano ha amenazado repetidamente con 'consecuencias' si Sudán no lo hacía. En esto, la administración Bush tiene el apoyo, de hecho el estímulo, de un consenso bipartito, izquierda-derecha, de 'nunca más'.
 
Ahora es hora de que las amenazas terminen y las consecuencias comiencen. Después de todo, además del imperativo humanitario, Estados Unidos tiene un interés estratégico en Sudán. Khartoum es uno de los siete regímenes en la lista norteamericana de gobiernos que patrocinan el terrorismo, y la dictadura de Sudán tiene vínculos con casi todas las organizaciones terroristas significativas de Oriente Medio en general. Al Qaeda tuvo su base en Sudán durante los años 90, y otros grupos terroristas continúan operando allí libremente. Este mes, el Die Welt informó de que Siria y Sudán han estado colaborando en desarrollar armas químicas, y podrían haberlas utilizado contra civiles en Darfur. Así, al movernos contra Khartoum por sus abusos contra los derechos humanos, también asestaremos un golpe en la guerra contra el terrorismo.
 
Que detener la campaña de Sudán en Darfur requerirá varios miles de tropas extranjeras sobre el terreno lleva siendo obvio desde hace meses. También es obvio que algunas de estas tropas tendrán que ser norteamericanas. Como en el caso de los Balcanes, de Ruanda o de Irak, los legisladores norteamericanos han esperado que Naciones Unidas tomara la iniciativa y autorizara tal fuerza. Pero después de la votación del sábado del Consejo de Seguridad, está claro que al menos dos miembros del consejo -- China y Rusia -- vetarán cualquier acción auténtica contra Sudán. Khartoum goza de una relación estratégica con Beijing, hambriento del crudo sudanés y que no se preocupa de derechos humanos o, llegado el caso, de genocidio. El Kremlin tiene un robusto comercio de armas con Sudán, habiendo enviado solamente este verano un pedido de los mismos cazas MiG  implicados en castigar a civiles en Darfur. (El embajador sudanés en Moscú informa de que su gobierno está 'muy complacido' con la compra, que los rusos enviaron con cinco meses de antelación).
 
Por supuesto, puede que los legisladores norteamericanos deseen que el problema de Darfur fuera solventado por nuestros aliados en la región, y algunas naciones africanas han indicado que estarían dispuestas a contribuir con tropas. Pero ese contingente necesitará ser respaldado por Estados Unidos. Si el régimen de Khartoum va a ser forzado a aceptar la intervención extranjera en su territorio, o si ese régimen va a ser depuesto, Washington tiene que ser un líder en el esfuerzo.
 
Al igual que tan a menudo es el caso, la coalición de los que van a Sudán voluntariamente va a tener que estar ampliamente apoyada, organizada y financiada por Estados Unidos, muy probablemente sin un mandato de la ONU. Esa intervención va a suceder, pero cuanto más antes actuemos, más vidas se salvarán y antes se asestará un golpe a las fuerzas del terrorismo y la barbarie. Y dado el apoyo bipartito a tal acción, esperar hasta después de nuestras elecciones es tanto imprudente como innecesario. De hecho, los preparativos para la intervención servirían como señal útil de que el presidente siguiente, cualquiera que éste sea, continuará promoviendo el papel y las responsabilidades de Norteamérica en el mundo post Guerra Fría, post 11 de Septiembre.
 
William Kristol es editor del Weekly Standard. Vance Serchuk es un investigador asociado de defensa y política de seguridad en el American Enterprise Institute.