Terapia democrática

por GEES, 16 de diciembre de 2004

La retirada de Marwan Bargouti de la carrera presidencial en Palestina es una excelente noticia para todos. Tras la muerte de Arafat desapareció un grave obstáculo para la ejecución del Road Map. De ahí que el acuerdo entre la vieja guardia, representada por Abu Mazen, y los más jóvenes, Dahlan y Bargouti, despertara esperanzas en todo el mundo sobre la viabilidad del proceso de paz. Por fin habría al otro lado un interlocutor con capacidad y disposición para negociar. Es fácil imaginar la tensión con que Bargouti ha vivido estos últimos días, preso en una cárcel de Israel y viendo como, a pesar de ser el dirigente más popular de Palestina, otros negociaban y decidían la estrategia a seguir. De ahí su reacción, rompiendo los pactos y presentándose como candidato. Pero los intereses de Bargouti entraban en violenta colisión con los de la comunidad palestina e internacional. Un terrorista convicto difícilmente puede ser el interlocutor que Israel y Estados Unidos pueden aceptar. La Unión Europea es otra historia. Las presiones para que diera marcha atrás han debido ser enormes y, finalmente, Bargouti ha claudicado.
 
Recientes encuestas muestran que un poco más de la mitad de la población palestina consideran que el uso de la violencia para lograr la independencia es un error. Para la gran mayoría es evidente que la II Intifada ha sido un fracaso. Bargouti no quiso, no pudo o no supo mantenerse al margen. Bien al contrario, asumió un claro liderazgo en la conducción de la campaña terrorista. Eso le ha quemado y le puede costar definitivamente la carrera política.
 
Mientras el proceso avanza en Palestina el régimen político egipcio sufre la presión de los sectores más democráticos. El gran aliado de Occidente, el tampón que contiene la riada islamista, genera tanta corrupción como nepotismo. El intento de que el actual Presidente sea sucedido por su hijo es tan escándaloso como inaceptable.
 
La reciente Conferencia de Marruecos ha supuesto la presentación de la nueva estrategia norteamericana para la transformación del “Amplio Oriente Medio”. Todavía está en sus albores, pero el proceso se ha iniciado. Por ahora hay algo evidente, que algunos analistas árabes repiten con rubor: sólo hay elecciones democráticas allí donde israelíes o norteamericanos lo exigen por la fuerza. Cuando un régimen político se estabiliza en el Mundo Árabe, sea una monarquía tradicional o una república, las elecciones dejan de ser limpias, la corrupción campa por sus respetos y el desarrollo económico y social se estanca. Combatir esta situación es el gran objetivo de la Iniciativa para la Transformación del Amplio Oriente Medio. Para ser creíble, más allá de Palestina e Iraq, la diplomacia occidental debe empezar por sus aliados. La evolución de Egipto y Marruecos será un excelente parámetro para evaluar la firmeza de nuestras convicciones y la disposición a colaborar de los aliados tradicionales en la región.