El problema no es Osama, ni siquiera las legiones y legiones de terroristas que tiene a su disposición el movimiento islamista. El problema es que los osamas de turno ven un occidente tan blandito como apetecible.
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The car-bomb/suicide-terror operations in London and Glasgow should have provided a fresh opportunity for reminding everyone, especially Muslims in Britain, that terrorism in the name of Islam still poses a major threat to public peace and safety. Yet this is not what is happening.

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Los recientes atentados islamistas en Londres y Glasgow nos sitúan de nuevo ante el reto de comprender la causa por la que un musulmán puede llegar voluntariamente a convertirse en un terrorista.
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El problema es que mientras nuestro gobierno se enzarza en una supuesta alianza de civilizaciones, hay otra guerra por debajo entre la yihad y el mundo occidental que tiene como fruto los cadáveres de nuestros compatriotas.
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In the past year, we have seen the battlefield deaths of such prominent terrorists as Abu Musab al-Zarqawi in Iraq, and Shamil Basayev and Abu Hafs al-Urdani in Chechnya, as well as a host of less publicized kills and captures.

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