No sólo el Consejo de Seguridad tiene que aprobar sanciones que dobleguen a los iraníes, cualquier estado puede hacerlo a título particular y esa será una inversión en paz.
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La amenaza nuclear iraní afecta mucho más a Europa que a Estados Unidos. Sus misiles, que en breve estarán dotados de cabezas nucleares, alcanzan territorio europeo y, según pasen los años, más y más partes de él.
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El tercer escenario es aún más peligroso para los países occidentales, y consiste en la posibilidad de que Irán proporcione componentes nucleares al terrorismo islámico.
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Para que esta nueva iniciativa diplomática pudiera tener éxito debería haberse iniciado hace cuatro años.
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Durante algo más de tres años Al Baradei ha intentado probar que el programa nuclear iraní sólo tenía como fin su vertiente civil y no una componente militar. Pero no lo ha logrado. Al contrario, cuanto mayor ha sido su empeño, más palpable era que los ayatolas buscaban la bomba atómica.
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El proceso democratizador está muerto y el Líbano se encamina hacia un cambio de régimen con el que finalmente se reconozca la hegemonía chiíta, bajo un Gobierno islamista y autoritario.
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El arma nuclear resulta más que atractiva a los ojos de los dirigentes de Teherán y explica el por qué de su aceptación de sanciones, el creciente precio a pagar por no renunciar a su programa y el riesgo, incluso, de cosas peores. En sus cálculos, todo eso merece la pena si al final pueden enseñar al mundo su bomba.
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Los países democráticos deben saber lo que se avecina con el totalitarismo islámico, y de la misma manera que el Yihad busca derribar Israel, para después poder expandirse a nivel mundial, los países demócratas necesitan defenderle ante la barbarie totalitaria del islamismo. Defender a Israel no sólo beneficia directamente a Israel, beneficia a toda la humanidad.
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Los suníes han pasado de apoyar la insurgencia y practicar una alianza con Al Qaida a romperla e incorporarse al proceso político. Han comprendido que los islamistas no defendían sus intereses, sino que les utilizaban para sus fines radicales.
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