Suiza y la libertad de religión

por Eduard Yitzhak, 9 de diciembre de 2009

 

Aunque la comunidad judía y las iglesias cristianas pidieron que se votara a favor de permitir levantar más minaretes, la mayoría de los suizos, y contra todo pronóstico, votaron en contra. Los progres europeos en general, y los españoles en particular están echando las campanas al vuelo para denunciar la intransigencia, xenofobia, racismo e intolerancia de los suizos por el resultado del reciente referéndum en el que apoyaron la prohibición de construir más minaretes de mezquitas en el territorio del país alpino.
 
Pero a pesar de todos los epítetos empleados por los "progres", e independientemente de que puedan estos ser o no ciertos, la realidad es que en los países musulmanes se prohíbe edificar sinagogas o iglesias, se condena a muerte a los musulmanes que abandonan el Islam y se convierten a otra religión, se azota al que lleva símbolos religiosos no-musulmanes [cruces, estrellas de David] y en Arabia Saudita, aquellos que se equivocan al entrar en territorio ultra-islámico de la Meca por la autopista, sólo tienen dos alternativas, o convertirse al Islam o ser decapitados.
 
Países en los que se azotan a los que beben alcohol, y a los solteros que fornican, y se lapidan a los adúlteros, y se ahorcan a los homosexuales. Países en los que se emiten fatuas condenando a muerte a los disidentes, como Salman Rushdie y otros.
 
En estos países cada año a más de 3 millones de niñas se les extirpa el clítoris, y tantas otras barbaridades, como amputar la mano y pie a los ladronzuelos; pero los ladrones de "chilaba blanca" veranean en Suiza y en la Costa del Sol, gozando de las rameras aquí en la tierra.
 
Estos izquierdistas, progres de Café con keffia, que en realidad no son más que nostálgicos del Gulag y herederos de Stalin, son incapaces de emitir la menor crítica contra la intolerancia de los fieles devotos del Islam. Relativistas éticos que protestan por las opiniones de los líderes de la Iglesia Católica, devienen mansos, dóciles y sumisos como corderitos ante la barbarie islámica.
 
Pero estos sumisos izquierdistas ante la extrema derecha religiosa del Islam consideran que cualquier crítica contra el totalitarismo y terrorismo islámico es un acto de intolerancia, xenofobia y racismo. Lo mejor que podría acontecer a estos izquierdistas es que  tuvieran que vivir años en la Cuna del Islam; esto les serviría de cura.