Soplan vientos de mediocridad en la economía boliviana

por Gregorio Cristóbal Carle, 24 de octubre de 2007

D. Evo Morales Ayma está poniendo todo su empeño y afán en impulsar un profundo proceso de cambio de la estructura política del Estado  mediante la imposición de la Asamblea Constituyente, pero no parece mostrar interés alguno por adoptar medidas que enderecen el rumbo de la economía nacional.
 
La cuestión no es baladí, ya que el ciclo económico mundial se encuentra en un periodo alcista que ha generado una coyuntura de precios inmejorable en el sector de las materias primas, circunstancia que ha permitido al Señor Morales cantar las excelencias de la situación macroeconómica nacional.
 
En realidad, lo que estamos presenciando en Bolivia no es otra cosa que un espejismo de bonanza económica, agravado por una errática acción de gobierno y un Presidente al que no le importa contradecirse, mentir o tergiversar los hechos, con tal de transmitir una imagen idílica de la nueva Bolivia.
 
En este contexto cargado de incertidumbres - recordemos la propuesta de los cuatro niveles de autonomía- es muy difícil que la economía del país evolucione favorablemente. Transcurrido más de un año de la “era Morales”, parece  evidente que - en materia económica-el gobierno no solo está viviendo -en buena parte- de los réditos del pasado “neoliberal”, sino que ha adoptado una irresponsable desidia hacia el sector privado de los medios de producción  que más pronto o más tarde acabará pasando factura a la nación.
 
El eminente empresario y actual  Presidente de la Cámara de Comercio, Servicios y Turismo de Santa Cruz de la Sierra, D.  Gabriel Dabdoub, no lo ha podido definir mejor: “el sector empresarial, pese a los obstáculos impuestos por la administración gubernamental de Evo Morales, seguirá invirtiendo y arriesgando en Bolivia” y lo que es más importante, “hay 'señales de una posible confrontación entre los propios bolivianos, situación que hasta ahora no ha ocurrido porque la mayoría de los habitantes quieren vivir en democracia y en libertad'.
 
Lo único cierto es que los bolivianos vienen asistiendo -desde el ascenso al poder del Movimiento al Socialismo-a una verdadera sangría intervencionista de los sectores económicos más relevantes del país,  vieja y conocida receta que en experiencias pasadas poco o nada ha aportado al crecimiento y a la mejora de las condiciones de vida de los ciudadanos.
 
Para el actual gobierno no hay más disyuntiva que el  recurso a la intervención, como si no existiera la posibilidad de manejar las variables económicas de otro modo. En estas circunstancias parece lógico pensar que la inversión se retraiga, y que las expectativas económicas relativas al futuro más inmediato no estén dando las señales deseadas, aumentando exponencialmente el distanciamiento existente entre la clase empresarial y sus dirigentes gubernamentales.
 
Es ahora cuando comienzan a vislumbrarse los resultados de la ineficiencia del gobierno y sus  efectos en el comportamiento económico del país, a pesar de que sus dirigentes promulguen, contra viento y marea, la mejora generalizada de la situación gracias a la intachable aplicación práctica de los postulados del  “socialismo del siglo XXI”.
 
La consecuencia parece lógica ya que a día de hoy, el gobierno indígena boliviano no está gestionando las grandes cuestiones de la economía nacional con el  necesario rigor, aplicando los principios de eficiencia, eficacia y contención del gasto público que inspiran cualquier economía moderna.
 
De esos polvos vienen estos lodos. El país se encuentra con una tasa de inflación cercana al 10 %- parece imparable- y en una situación de subida incontenible de los precios-  diez de los doce principales productos de la canasta familiar volvieron al alza en el último mes, después de mantener cierta estacionalidad entre fines de agosto y principios de septiembre, según un análisis del Servicio de Información de Mercados Agropecuarios (SIMA) de la FDTA-Valles, desde la semana del 15 de septiembre hasta la que concluyó el pasado 13 de octubre.
 
¿Cuál ha sido la respuesta del Gobierno Morales? Abordar el problema alegando que esto sucede porque el comportamiento de la economía está arrojando resultados excelentes, para luego, volver a cometer el craso error intervencionista -intentando ejercer el control estatal de los precios y realizando importaciones masivas de los productos afectados por las incontenibles subidas-.
 
De este modo difícilmente se van a minimizar los efectos de la situación, y menos aún paliar su repercusión directa  en el poder adquisitivo de los bolivianos, cada vez se encuentra más mermado.
 
El siguiente paso será imputar la culpa a la oposición o a los empresarios contrarios a las tesis oficialistas, como ya ha hecho el Presidente Correa en Ecuador…si no al tiempo.
 
Más grave es aún, si cabe, la decisión gubernamental- indiscriminada y discriminatoria- de cargar con un nuevo impuesto del 1% las inversiones que provienen del exterior. Dicha medida que no solo afecta a las empresas  sino que además incide directamente a las remesas de los ciudadanos bolivianos que se han visto obligados a emigrar al extranjero por las difíciles condiciones de vida que tienen que soportar en su país.
 
En este sentido, y como señalo perfectamente D. Gabriel Dabdoub en una clarificadora y visionaria  conferencia impartida recientemente en Madrid 'es una muestra de que (Evo Morales) no quiere que existan ingresos de divisas' para Bolivia, 'porque hay gente que consigue créditos más económicos en el exterior, y este impuesto va en contra de la inversión y de reducir los costos a los productos, costos que al final son traspasados al consumidor final'.
 
Se trata entonces, de un impuesto que no solo va a repercutir negativamente en el capítulo de la ya maltrecha inversión de la empresa extranjera en el país, sino que además castiga a los millones de conciudadanos que, careciendo de oportunidades laborales en Bolivia, han tenido que solicitar préstamos y dejar a sus  familias para  tratar de  alcanzar una existencia más digna en el exterior. Es éste el gobierno para el pueblo del Sr. Morales.
 
El monumental error no es sólo es imputable al  Banco Central de Bolivia, sino que también es responsabilidad de un poder ejecutivo que elude cumplir con sus obligaciones en materia económica y solo sabe responder a una gestión política cargada de gestos y connotaciones populistas.
 
Haga lo que haga el Gobierno, lo único que logrará es castigar a la población. La inflación cada vez es más profunda y estas decisiones monetarias sólo agravan la situación, dificultando sobremanera la llegada de  dinero a Bolivia.
 
Al Presidente no le salen las cuentas y le faltan ingresos para hacer frente a todos los compromisos electorales. En este sentido parece evidente que el  Estado boliviano ha comenzado  a pagar las consecuencias del supuesto proceso de nacionalización de los hidrocarburos -cualquier entendido en la materia sabe que no ha existido nacionalización, sino un cambio más o menos sustancial de los vínculos jurídico comerciales con las transnacionales petroleras - y la desastrosa gestión llevada a cabo por la estatal  Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), que ya  ha visto recortados sus dividendos.
 
¿Cómo se resuelve la situación ante los ojos de los ciudadanos bolivianos? Con el manido e imaginativo recurso a la ley hecha a la media, en este caso una Resolución de los Ministerios de Hidrocarburos y Hacienda. Así, las autoridades del Movimiento al Socialismo, con Evo como cabeza visible, han decidido recurrir al  Tesoro General de la Nación para “redistribuir”- en realidad, desviar- los recursos del Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH) y poder hacer frente al pago del Bonosol- renta que perciben los ciudadanos de la tercera edad-.
 
El recorte asciende a 100 millones de dólares y afecta directamente a las regiones de todo el país -con una disminución del  30% de sus ingresos- a las Alcaldías y a las Universidades. En este sentido no parece en absoluto lógico que dichos organismos e instituciones paguen la ineficiencia del Gobierno Central.
 
Así las cosas parece conveniente recalcar de nuevo las clarificadoras declaraciones realizadas por D Gabriel Dabdoub “El Gobierno Central al momento no ha podido cumplir con su promesa de hacerse cargo del Bonosol, porque no se están manejando de manera eficiente los recursos del Estado, puesto que también el TGN ha recibido un importante incremento en sus cuentas por concepto del IDH'Según los datos oficiales, de junio de 2005 a diciembre de ese año el TGN recibió 163,2 millones de dólares por IDH y gastó 70 millones en el Bonosol.
 
En 2006 los ingresos del Gobierno Central se multiplicaron a 385,1 millones de dólares y tuvo que erogar 107 para el pago del Bonosol; mientras que para este año se espera que el TGN tenga un ingreso de 400,7 millones de dólares por concepto de IDH y se erogue un monto de 107 millones de dólares por concepto de Bonosol.
 
Las autoridades bolivianas deben reaccionar, y gobernar también la economía nacional. Hoy más que nunca se torna necesaria la apertura de espacios para la reflexión y el dialogo entre todos los agentes económicos del país con la finalidad de programar y racionalizar las medidas a adoptar en éste ámbito.
 
Es cierto que las exportaciones bolivianas crecen,  pero también aumenta la incertidumbre, cunde el desasosiego y aumentan las posibilidades un enfrentamiento civil. Entonces las preocupaciones del pueblo boliviano tendrían que ser otras.

 
 
Gregorio Cristóbal Carle, es Consultor Internacionalización de Empresas. Profesor de Escuela Europea de Negocios (Bolivia). Árbitro Internacional ACAM.