Seguro energético. ¿Por qué apostar el futuro de Estados Unidos en algo tan escurridizo como el petróleo?

por Clifford D. May, 9 de julio de 2008

(Publicado en Real Clear Politics, 5 de junio de 2008)
 
Bud McFarlane sirvió en los marines y, años después, lo hizo como consejero de Seguridad Nacional del presidente Reagan. Por eso escuche cuidadosamente cuando, en un seminario sobre seguridad energética de la Fundación para la Defensa de las Democracias, dijo esto sobre las instalaciones petroleras de Arabia Saudí: “Cualquier terrorista suicida que se precie de serlo podría destruirlas. Cualquier artillero también podría hacerlo.”
 
No sólo eso: hace dos años, McFarlane escribió un artículo para The National Interest destacando que los terroristas de al-Qaeda habían intentado volar unas importantes instalaciones petroleras en Arabia Saudí. Si el ataque hubiera tenido éxito, “habría cerrado la terminal durante semanas, por no decir meses, y el precio del petróleo se habría disparado a más de 150 dólares el barril…” escribía McFarlane.
 
El precio del petróleo se está acercando hoy a ese nivel de todos modos. Así es que imagínese lo que significaría ahora un atentado terrorista contra la red global de suministro de petróleo. McFarlane lo dijo claramente: “Si el flujo de petróleo que sale desde el Golfo Pérsico se viese interrumpido (como al-Qaeda ha prometido y que podría suceder fácilmente), veríamos el precio del petróleo dispararse a más de 200 dólares de la noche a la mañana... La economía global probablemente caería en una profunda depresión”.
 
Usted seguramente creerá que los políticos han hecho de esto una prioridad para así garantizar que no suceda un desastre semejante. Usted seguramente creerá que los candidatos presidenciales están debatiendo acerca una política de actuación que pudiera protegernos en la eventualidad de que este producto estratégico - la savia de nuestra economía, esencial para nuestras fuerzas militares - dejase de fluir o si su precio continuase subiendo. Si usted lo cree, está equivocado. 
 
El eslogan de la web de Newt Gingrich dice: “Perfore aquí. Perfore ahora. Pague menos”.  Ciertamente, tiene sentido explotar nuestras probadas reservas energéticas, como dice Gingrich, “para reducir nuestra dependencia de fuentes de energía extranjeras provenientes de países inestables”.
 
Deberíamos haber comenzado hace años. A principios de 2001, serví como consejero de la Secretaria de Interior Gail Norton. Usar los recursos energéticos en Alaska y a las afueras de las costas americanas - al mismo tiempo que se protegía el medioambiente escrupulosamente - estaba entre sus principales prioridades. Pero incluso con un republicano en la Casa Blanca y una mayoría republicana en ambas cámaras del Congreso, ella no pudo conseguirlo. 
 
Ahora los demócratas controlan el Congreso y la mayoría de sus miembros continúan oponiéndose a perforar prácticamente en todas partes.
 
Si mañana cambiaran de opinión, eso tendría impacto en el mercado de futuros, pero tomaría años antes de que usted pudiera llenar el tanque de gasolina proveniente de nuevas fuentes americanas. 
 
He aquí la manera más rápida de comenzar a protegernos contra interrupciones de suministro y subidas de precios: El Congreso podría establecer un estándar abierto de combustible requiriendo que cada automóvil vendido en Estados Unidos sea capaz de usar una variedad de combustibles líquidos. Esa tecnología ya existe y su costo es de sólo 100 dólares por vehículo.
 
La posibilidad de que muchos vehículos de combustible flexible (FFV) entraran al mercado sería un enorme incentivo para que los empresarios compitieran por los dólares de los consumidores produciendo combustibles alternativos más abundante y rápidamente. (Poner a todos los fabricantes de combustible al mismo nivel también debe estar en la lista de las cosas por hacer del Congreso).
 
Si hace falta incentivos para que los fabricantes de automóviles abran el mercado del combustible a fuerzas competitivas, facilítenlos. También se debe animar a los consumidores a cambiar sus viejos vehículos de un solo combustible (tan contaminantes) por los FFVs. 
 
Gingrich ha señalado que el gobierno - especialmente el ejército - consume mares de petróleo. Crear un mercado libre y competitivo del combustible podría hacer que el precio del petróleo baje a 90, 70 y hasta 50 dólares el barril. Eso se traduciría en ahorros enormes - los suficientes como para pagar los incentivos.
 
A largo plazo: Acelerar la producción de vehículos híbridos enchufables y de coches que sólo funcionen con electricidad. Hoy en Estados Unidos prácticamente hemos dejado de usar petróleo para generar electricidad. En el futuro, Estados Unidos debería estar usando energía nuclear, eólica, solar y a base de carbón para producir más electricidad y dar opciones adicionales de transporte a los americanos.
 
Los híbridos enchufables tienen motores de combustible flexible que permiten que el vehículo siga funcionando cuando no es muy conveniente recargar la batería enchufándola a la pared. Los automóviles exclusivamente eléctricos podrían tener pequeños motores que simplemente recarguen la batería cuando no sea posible enchufarlos.
 
Se puede hacer mucho más, pero comenzando con políticas de acción como las antes expuestas, se le puede quitar al petróleo extranjero su estatus estratégico. Los terroristas que tienen como objetivo las instalaciones petroleras en Arabia Saudí ya no serían una preocupación importante. Los mulás iraníes no podrían amenazar con cortar las exportaciones de petróleo para darles una lección a los americanos como lo hizo otra vez el líder supremo iraní Ali Jamenei apenas esta semana. El precio de los combustibles lo determinarán - y disciplinarán - las fuerzas del mercado en un ambiente competitivo.
 
Menos dinero acabará en manos terroristas. Y no tendremos que sacrificar la movilidad que tanto apreciamos los americanos. Si los políticos que estamos manteniendo en Washington tienen una mejor manera de asegurar nuestro futuro, que nos lo cuenten ya, ¡faltaría más!

 
 
Clifford D. May, antiguo corresponsal extranjero del New York Times, es el presidente de la Fundación por la Defensa de las Democracias. También preside el Subcomité del Committee on the Present Danger.
 
 
 
 
©2008 Scripps Howard News Service
©2008 Traducido por Miryam Lindberg