Sahara: España y la tensión en el Magreb

por Ana Camacho, 3 de marzo de 2005

(Publicado en MUNDO NEGRO - Nº 491 - Diciembre 2004)
 
La decisión de la ONU de prolongar otros seis meses la presencia de los cascos azules en el Sáhara Occidental ha rebajado, al menos por el momento, la peligrosa escalada de tensión que, desde el pasado mes de septiembre, mantenía al rojo vivo las relaciones entre Marruecos y Argelia. España no se ha librado de las sacudidas de la crisis porque Argelia y el Frente Polisario han señalado el alineamiento de la diplomacia de Rodríguez Zapatero con Francia, firme defensora de la anexión de la ex colonia española a Marruecos, como el detonante de la agresividad con que el rey Mohamed VI intenta ahora forzar una solución dando la espalda a la ONU y al derecho internacional.
 
Para calmar los ánimos, el ministro de Asuntos Exteriores español, Miguel Ángel Moratinos ha intentado convencer a su homólogo argelino, Abdelaziz Beljadem, de que España sigue apoyando el plan Baker II, aprobado por el Consejo de Seguridad de la ONU y el Frente Polisario y que Marruecos rechaza porque prevé la celebración de un referéndum, si bien algo descafeinado, de autodeterminación saharaui. Pero en Argel no olvidan que, tras prometer zanjar el conflicto en sus primeros seis meses de mandato, el Gobierno socialista se hizo cómplice de una maniobra de Francia y Marruecos para liquidar el contencioso en una reunión cuatripartita con Argelia, al margen de la ONU y de los saharauis. Una maniobra que España ha negado pero que Beljadem ha vuelto a airear a los pocos días de su encuentro con Moratinos.
 
Para los saharauis esta “conspiración” fue sólo el punto de partida del escoramiento de Rodríguez Zapatero hacia Marruecos, en contra de la doctrina de la ONU, que sigue reconociendo a España como la potencia administradora del territorio. Desde su punto de vista no cabe otra lectura de las restricciones al tráfico aéreo decretadas a primeros de septiembre por el Ejército del Aire en Madrid y el Mando Aéreo de Canarias, frente a las costas saharauis por un período de cuatro meses, con el pretexto de que Marruecos realiza maniobras militares en el Sáhara. La Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) ha asignado hasta ahora a España el control del espacio aéreo que se encuentra sobre el cielo del Sáhara Occidental y, aunque se especula con que las restricciones estén relacionadas con las exploraciones de las compañías petrolíferas contratadas por Marruecos, el Frente Polisario teme que el objetivo real sea la cesión a la potencia ocupante del espacio aéreo saharaui.
 
También es causa de recelo que, justo ahora, España haya reanudado la venta de armas a Marruecos, o que en la votación del 18 de octubre de una resolución del Comité de Descolonización de la Asamblea General de la ONU de apoyo al plan Baker, haya liderado la abstención de los países de la Unión Europea, que Marruecos ha celebrado como una gran victoria diplomática.
 
Los saharauis han tenido su contrapartida en África, con el reconocimiento de Suráfrica a la RASD (República Árabe Saharaui Democrática). Como represalia, Marruecos ha llamado a consultas a su embajador en Pretoria. El presidente surafricano Thabo Mbeki ha contestado que, para su Gobierno, “la gran vergüenza es que la autodeterminación del pueblo del Sahara Occidental, siga sin resolverse”. Una vergüenza tan grande, añadió, como lo fue en su tiempo la existencia en su país del “apartheid”.