¿Sabe el Ministerio de Defensa qué vehículos quiere comprar?

por Hernando Cortés Monroy, 7 de julio de 2009

Son ciertamente dos temas diferentes, o eso se podía pensar, pero las últimas declaraciones oficiales, que no oficiosas, del Ministerio de Defensa hacen dudar ya sobre estas proposiciones.
 
La adquisición apresurada de los vehículos MLV Lince y MRAP RG-31E para el Ejército de Tierra vino motivada por la necesidad de equipar a las fuerzas desplegadas en Líbano y Afganistán con medios adecuados suficientemente protegidos contra el tipo de amenazas presentes en las zonas de operaciones -explosivos improvisados, explosivos perforantes de circunstancias, etc…-, dadas las carencias e insuficiencias mostradas por el equipo allí desplegado y con el que se había dotado a las tropas destacadas. Hasta aquí nada especial ni preocupante.
 
Lo preocupante viene cuando se ha tardado demasiado tiempo en dotar parcialmente a las fuerzas con los medios, y al decir parcialmente queremos decir que solo se ha adquirido y desplegado un vehículo que cumple mínimamente con las necesidades -el Lince-, y solamente se ha desplegado en Afganistán: ningún Lince se ha enviado al Líbano-, y el otro vehículo, RG-31, aún no se ha decepcionado: ni para Afganistán ni para el Líbano.
 
Los primeros MLV Lince permanecieron más de ochos meses aparcados en algún depósito del Ejército, mientras se les introducían ciertas modificaciones necesarias antes de enviarlos a la zona de operaciones, según se decía. La entrega de los primeros RG-31 ha sido rechazada, según es público ya, ante las numerosas deficiencias presentadas que, según la propia Ministra Chacón, no los hace seguros para las tropas. Además ha trascendido que a los citados RG-31 se les han incorporado no menos de 50 modificaciones. No resulta fácil entender esto. ¿Qué demonios es lo que se había adquirido?
 
El resultado es que, a fecha de hoy, no hay ningún vehículo MRAP entregado al Ejército. No hacemos ningún comentario, pero no se puede entender que desde el propio Ministerio no se pidan responsabilidades, ni se aclare la situación, ni la misma Ministra asuma la responsabilidad que, sin duda, tiene, entre otras cosas por no exigir esas responsabilidades a los organismos, personas, u organizaciones dependientes del Ministerio, y relacionados directamente con estos fallos de gestión, de organización, de estructura y de administración, después de todo, de los recursos públicos.
 
Pero lo que más sorprende ahora es que desde el Ministerio de Defensa se diga, de cara a la adquisición de un futuro vehículo 8x8 -en el marco del proceso de selección iniciado, al parecer-, que el objeto de tal adquisición es conseguir “Un vehículo fiable y seguro que asegure de forma inmediata un mayor nivel de protección a las tropas desplegadas en zonas de operaciones'. Y este futuro vehículo que debe cumplir y garantizar tales extremos  deberá entregarse antes de 2014, en una cantidad mínima de 40 vehículos,  del total de los 300, que se piensan adquirir en una primera fase, según la Dirección General de Armamento y Material del Ministerio de Defensa.
 
O sea que, al final, después de todo, los posibles futuros vehículos nuevos son para enviarlos a las zonas de operaciones, es decir, Afganistán, Líbano,… o suponemos a cualquier otro teatro que haya surgido para entonces, ¿quizás Irán?... No parece un planteamiento serio para justificar una inversión de casi 2000 millones de euros, como poco. ¿Para qué se han adquirido los ya citados Lince y RG-31, entonces? No es fácil entenderlo, y ante la ausencia de demandas y de solicitud de explicaciones en el Parlamento, está claro que el Ejecutivo, y Carmen Chacón harán lo que les venga en gana y más les beneficie. El Ejército a callar, que para eso se le paga.
 
Recientemente Carmen Chacón volvió a asegurar, en el Parlamento, que las fuerzas españolas desplegadas en Afganistán disponen de los medios adecuados. ¿Cómo se conjuga esto con las intenciones y propósito de esta futura adquisición? Si disponen de los medios adecuados, ¿para qué comprar unos medios nuevos? Hechos ocurridos recientemente en Afganistán, dan que pensar sobre la verdadera seguridad con la que cuentan los efectivos en aquellas tierras, y sí hay razones que demuestran que la seguridad de las tropas requiere algo más que los vehículos Lince y RG-31 adquiridos, pero desde luego una adquisición que lleva a que los primeros y estupendos nuevos medios no lleguen hasta 2012-2014, no supone tampoco ninguna solución. Las palabras de la Ministra siguen sin convencer, y sus comparecencias no son más que mero trámite, ante la ausencia total de una oposición responsable y eficaz.
 
No se puede entender que cuando se decidió lo del nuevo 8x8, tras estar en marcha la adquisición del RG-31, no haya habido, al mismo tiempo, una decisión por parte del ET sobre la transformación urgente que debe acometer, y crear unidades acorazadas/mecanizadas de tipo medio. Para las actuales unidades ligeras, los futuros 8x8 no valen, son demasiado pesados. Adquirir esos nuevos 8x8 constituirá un auténtico despilfarro, y más si solo son para las misiones en el exterior, como ahora se dice.
 
Posiblemente, y con el componente terrestre que va quedando, el único programa necesario y verdaderamente urgente sería el de dotar a las unidades ligeras que se proyectan al exterior, con un vehículo táctico protegido, armado, que sea aero/helitransportable, algo que no se contempla para nada. Para las misiones actuales basta con los Lince y RG-31, que quizás haya que mejorar a la luz de lo que se oye, o una vez se prueben. Un vehículo más grande, no pasará bien ni por ciudades, ni pueblos, ni carreteras, ni caminos estrechos y solo basta ver las fotografías recientes publicadas de nuestros vehículos actuales en Afganistán.
 
Manuales y reglamentos del Ejército de Tierra que datan de los años setenta ya hablaban de los medios a emplear en guerras y conflictos de este tipo, y citaban expresamente las autoametralladoras-cañón, y los helicópteros de ataque o asalto táctico, como los medios más idóneos, y se descartaban los grandes vehículos acorazados o mecanizados, algo quizás discutible de forma general, pero lo que si está visto es que nadie hoy en el Ministerio ha leído esos reglamentos ni los recuerda.
 
Por ello, no se alcanza a ver el fin y la utilidad del programa que se quiere echar a andar. Hoy por hoy, los vehículos de ruedas 4x4 bien protegidos y bien armados para las unidades ligeras son la mejor solución, y en Afganistán o el Líbano, está claro que no se van a enviar unidades pesadas españolas. Ninguno de los vehículos sobre los que el Ministerio de Defensa ha pedido información está protegido de forma directa y específica ni contra IED,s (explosivos improvisados) ni contra EFP,s (explosivos perforantes artesanales), y en el Estado Mayor del Ejército lo saben. Son buenos vehículos -excelentes-, para sustituir al BMR, pero nada más, y para emplearlos en ambiente convencional y no asimétrico. Podrían ser una buena solución en lugar de los Pizarro 2ª fase, de cadenas, aún por fabricarse y no entregados al Ejército, pero no además. La cuestión es ¿hay que sustituir, porque sí, al BMR? Bastaría seguramente con darlos de baja del inventario, y no emplearlos más.
 
Todo indica que solo se busca algo con que satisfacer a la industria, y al tiempo, beneficiar a los amigos. Triste y lamentable final, pero que no sorprende ya a nadie.