Rizando el rizo

por George F. Will, 23 de noviembre de 2007

(Publicado en The Washington Post, 15 de noviembre de 2007)

Los americanos afirman estar cansados de la polarización y la beligerancia políticas. De ser así, la situación actual de la política presidencial es inestable: los principales candidatos Demócrata y Republicano, Hillary Clinton y Rudy Giuliani, son los candidatos más polarizantes y beligerantes, respectivamente. De ahí que Barack Obama y Mitt Romney pudieran estar más fuertes de lo que sugieren las encuestas.
 
James Carville, consultor político y comentarista experimentado, dice: nada valida a un candidato ante los electores tanto como otros electores. Si Romney gana Iowa y New Hampshire -- ningún Republicano ha ganado nunca los dos -- y después Michigan, donde su padre fue gobernador, llegará a Carolina del Sur verdaderamente validado.
 Giuliani tiene una ventaja de dos dígitos en Florida, pero si gana la candidatura tras comenzar los actos de selección de delegado 0 a 4, hará algo que no se hace desde tiempos prehistóricos. En 1952, el gobernador de Illinois Adlai Stevenson era nominado por los secretarios, una especie extinta, que no admitirían la candidatura del senador de Tennessee Estes Kefauver. El New York Times del 11 de mayo de 1952 proclamaba:
 
KEFAUVER GANA VOTOS
PERO NO CABEZAS DE PARTIDO
 
Kefauver había ganado todas las primarias excepto la de Florida, donde perdió ajustadamente no frente a Stevenson, sino frente al senador de Georgia Richard Russell.
 
La estrategia de Giuliani podría ser juiciosa. Antes de que Florida se pronuncie el 29 de enero, solamente 154 delegados habrán sido elegidos. Florida, donde Giuliani lleva 17 puntos de ventaja, designará 57. Siete días más tarde votan 20 estados, incluyendo California (173 delegados), donde Giuliani tiene otra ventaja de dos dígitos. La campaña de Romney observa con serenidad que en el 2004, cuando John Kerry ganó Iowa y New Hampshire, él pasó del 9 al 52% entre los Demócratas. Eso es validación.
 
Una victoria de Obama en Iowa podría ser perjudicial para Romney inicialmente pero beneficiosa cuatro días más tarde en New Hampshire. Si Romney, que gana en Iowa, gana allí y Obama bate a Clinton, la historia posterior eclipsará a la anterior. Pero una victoria de Obama en Iowa elevaría sustancialmente las apuestas de los Demócratas en las primarias de New Hampshire. Los independientes allí pueden votar en las primarias de cualquier partido. En el 2000 acudieron en masa a la competición Republicana, sentenciando el desafío de Bill Bradley frente a Al Gore y llevando a John McCain a la victoria sobre George W. Bush, que obtuvo la porción Republicana de esas primarias. Si esta vez los independientes se ven arrastrados a las primarias Demócratas, eso perjudicará no solamente a McCain sino también a Giuliani, cuya fortaleza entre los independientes sustenta su afirmación de elegibilidad superior.
 
En la cena del Día Jefferson-Jackson del pasado domingo en Des Moines, Obama habló con el sesgo usual pero se lanzó inequívocamente cuando dijo que no se presentaba 'porque creo que es algo que me es debido'. El aura de inevitabilidad que la campaña de la Clinton ha cultivado lleva un desagradable aroma a derecho. Esto es molesto para los habitantes de Iowa, que se sienten con derecho a un papel mayor que el de ratificar un resultado previo.
 
En esa cena, Joe Biden, hablando con sentido común característico y concisión nada característica, decía que 'no existe un solo problema único ahí fuera que no se pueda solucionar con una solución del 51%'. Es decir, otras elecciones ajustadas garantizarán otros cuatro años de parálisis.
 
Para los conservadores, que piensan que un gobierno atascado es maravilloso, esa es la segunda razón para esperar que Clinton salga nominada. La primera es que será más fácil de batir que Obama, por los motivos destacados en la encuesta Wall Street Journal/NBC: ella es juzgada negativamente por cifras significativas al compartir sus posturas en temas y, aún más importante, en honestidad y aceptación.
 
Grandes empresas en política nacional -- por ejemplo la entrada en vigor de la Seguridad Social en 1935 y la de Medicare en 1965 -- acompañan con frecuencia a elecciones claras. En las 15 elecciones presidenciales desde la Segunda Guerra Mundial, solamente en dos ocasiones el candidato Demócrata se hizo con el 50% del voto popular -- Lyndon Johnson marcadamente en 1964 y Jimmy Carter estrechamente en 1976. En el 2008, Obama es más probable que la Clinton como ganador de un voto total electoral impresionante que tenga aspecto de mandato. Los conservadores deberían pensar: aunque los Republicanos tienen mucho que temer en el 2008, podrían tener mucho menos que temer de ella como candidata y, si gana, como presidenta, de lo que tendrían de Obama.
 
Carville, que estudia a los Republicanos con la desvinculada condescendencia de un antropólogo entre primitivos, observa que el ex gobernador de Florida Jeb Bush es admirado por los social conservadores de todas partes y por los residentes de su crucial estado bisagra electoral (dejó el cargo con una cifra de aprobación del 63%). Carville cree que si el apellido de Bush fuera cualquier otro, la candidatura Republicana ya sería suya en la práctica. Y solamente tiene 54 años.
 
Pero antes de estremecerse ante la perspectiva de Bush-Clinton-Bush-Clinton-Bush, tome aire: el tercer Bush no se presenta y la segunda Clinton no es inevitable en absoluto.


 

 
 
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