¿Riesgo de guerra en el Caribe?

por Pedro Fernández Barbadillo, 8 de septiembre de 2008

(Publicado en El Confidencial, agosto de 2009)

Desde su acceso al poder, todos nos hemos acostumbrado a la palabrería de Chávez y a sus amenazas, que la comunidad internacional deja impunes. El acuerdo entre Estados Unidos y Colombia para el uso por militares y civiles del primer país de siete bases militares del segundo ha desatado la lengua del venezolano y sus satélites. De manera paradójica, los bolivarianos apelan a la soberanía nacional para justificar expropiaciones y confiscaciones de empresas nacionales y extranjeras, las expulsiones y encarcelamientos de ciudadanos y la introducción en el continente de China y de Rusia, pero se la niegan al Gobierno de Bogotá para fijar su política exterior.
 
Colombia tiene una posición geopolítica de gran importancia en Sudamérica. Es el único país con costa en el Atlántico y el Pacífico, se encuentra a un tiro de piedra del canal de Panamá y en su territorio opera la guerrilla más veterana y poderosa del continente. La política ha aumentado todavía más su importancia: Colombia es una cuña entre tres de los miembros de la Alianza Bolivariana de las Américas (ALBA), Venezuela, Ecuador y Nicaragua; y es el aliado más seguro de Estados Unidos en Sudamérica. El presidente colombiano, Álvaro Uribe, es lo opuesto a Chávez: un civil que cumple con las leyes, gobierna para todo su pueblo y es liberal en política y economía. En definitiva, un mal ejemplo para los venezolanos y bolivianos aplastados por sus Gobiernos.
 
Jugar a Bolívar
 
La enemiga de Chávez respecto a Colombia lleva a que se inmiscuya constantemente en sus asuntos, como las relaciones con las FARC, En los últimos años, cada vez que se ha producido una crisis con Colombia, Chávez ha asustado el espantajo bélico. Cuando en marzo de 2008 las Fuerzas Armadas colombianas bombardearon un campamento del grupo terrorista FARC en suelo ecuatoriano, Chávez ordenó por televisión el despliegue de 10 batallones de tanques y de la aviación militar junto a la frontera con Colombia. Chávez ha acusado numerosas veces a Colombia de convertirse en el “Israel de Latinoamérica” (la misma acusación se la hace Evo Morales a Chile), pero las amenazas militares sólo las realiza él.
 
El convenio entre Colombia y Estados Unidos que ha desencadenado las iras de Chávez, Fidel Castro y otros connotados demócratas, lo aprobaron los dos Gobiernos implicados hace escasos días. El acontecimiento no ha menguado las bravatas. El jefe de la revolución bolivariana ha puesto a sus soldados en alerta y ha anunciado que duplicará el número de batallones de tanques comprando nuevas unidades a Rusia. Cabe preguntarse qué teme Chávez de la aplicación del convenio militar: ¿el ahogo de las FARC y la revelación de sus relaciones con ellas?, ¿el descubrimiento de conexiones con el narcotráfico a Estados Unidos? Desde luego, la preocupación de Chávez no es normal y, sin duda, en ella influye el regreso a la calma en Honduras.
 
El mejor Ejército
 
Ante una tensión creciente y constantes actos hostiles por parte del Gobierno de Caracas, como el cierre de la frontera al comercio, la suspensión del envío de combustible y la detención de diplomáticos, ¿puede producirse una guerra en la región?
 
No es exagerada la afirmación de que las mejores Fuerzas Armadas de Sudamérica son las colombianas. Gracias al Plan Colombia (puesto en marcha por Bill Clinton en 1999) y a la política de Álvaro Uribe, los militares colombianos disponen no sólo de material y tecnología de alta calidad, sino, además, de experiencia de combate y moral alta debido a las victorias sobre los narcoguerrilleros. Las Fuerzas Armadas colombianas han sido capaces de detectar a los guerrilleros de las FARC y el ELN en la selva y en el extranjero.
La Operación Jaque, el asombroso rescate en 2008 de varios rehenes, entre ellos Ingrid Betancourt, mediante un laborioso engaño, muestra que los militares colombianos dominan el campo de inteligencia, más vital en la guerra del siglo XX que las masas de tropas o la potencia de fuego.
 
Las Fuerzas Armadas Nacionales (FAN) de Venezuela, por el contrario, carecen de experiencia de combate contra enemigos militares o armados y han sido utilizadas por Chávez para disolver las manifestaciones de la oposición. Han pasado a formar parte del régimen bolivariano como las mexicanas en la época del PRI. Hace menos de dos años, el jefe de la guarnición de Zulía calificó al gobernador del estado de “enemigo” de las propias FAN.
 
En cuanto el precio del petróleo se lo ha permitido, Chávez se ha lanzado a la compra de equipamiento militar en una cantidad incomprensible para un país con las tasas de desempleo y pobreza que padece Venezuela y sin enemigos internos ni externos. En el quinquenio 1999-2003, se colocó en el puesto número 55 entre los Estados compradores de material bélico; en 2004-2008 pasó al puesto 18. La mayor parte de ese material se ha adquirido a Rusia: fusiles de asalto, cazas, helicópteros de combate y submarinos. Pero el material no es el único elemento decisivo en una guerra; también influyen la moral y el entrenamiento de las tropas.
 
Entre las causas a las que se atribuye la derrota de las FAS argentinas en la guerra de las Malvinas destacan la politización de éstas, que les llevó a planear una operación militar en función de la supervivencia de la Junta, y su implicación en la represión de terroristas y civiles: cuando esos uniformados, que llegaron a maltratar a soldados a sus órdenes, se enfrentaron a otros militares preparados para pelear, se derrumbaron. Siguiendo con la experiencia de las Malvinas, se debe recordar que Argentina se quedó sola debido al comportamiento agresivo de la Junta para con sus vecinos. Chile ayudó a los británicos porque temía que una Argentina victoriosa le atacase. Y Chávez, una vez retirado George Bush, es la persona más detestada de Iberoamérica.
 
Alimentos colombianos para los venezolanos
 
Aparte del balance militar hay otro elemento que se debe tener en cuenta: el comercio entre los dos países. Venezuela se haya sumida en una crisis de desabastecimiento y paralización económica, que afecta a la extracción del petróleo, la industria y la agricultura. El socialismo del siglo XXI tiene que importar numerosos productos que antes se producían en Venezuela, desde alimentos a automóviles. Exportar a Venezuela es un mal negocio, pero para Caracas la importación es la única manera de evitar hambre. Colombia es uno de los mercados donde el Gobierno chavista y los empresarios autorizados por éste encuentran los bienes imprescindibles a precios asequibles y con una cercanía que no encarece el transporte. En 2008, el tráfico comercial entre ambos países alcanzó los 7.000 millones de dólares, de los que más de 6.000 millones corresponden a las exportaciones colombianas; en cambio, el comercio con Brasil ascendió a menos de 5.700 millones. En los primeros meses de este año las materias más demandas por los funcionarios venezolanos a Colombia han sido carne, productos químicos, gas natural y papel, otro producto que está desapareciendo en la Venezuela bolivariana. Una guerra comercial afectaría antes que a nadie a las barriadas caraqueñas. Chávez, al igual que insulta a Estados Unidos mientras le sigue suministrando petróleo, mantendrá el comercio con Colombia en las mercancías imprescindibles.
 
En conclusión, la prudencia y el cálculo militar aconsejan la paz a Caracas, pero las guerras, como el caso de la Primera Guerra Mundial, pueden estallar sin causa aparente. En este caso, todo depende del humor de Hugo Chávez y del azar: un disparo de un soldado asustado, de un piloto que confunde unas coordenadas, unos milicianos bolivarianos que apalean a camioneros colombianos…