Reposicionamiento electoral de los islamistas en Argelia

por Carlos Echeverría Jesús, 30 de enero de 2012

 

La celebración de elecciones generales en Túnez – el 23 de octubre – y en Marruecos – el 25 de noviembre -, a las que se unen el largo y complejo proceso electoral egipcio, no podía dejar de influir en Argelia, país en el que el calendario político preveía comicios para 2013 pero que finalmente se han adelantado siguiendo las inercias del marco general de la región. La victoria de EnNahda en Túnez y del Partido para la Justicia y el Desarrollo (PJD) en Marruecos, y el excelente posicionamiento de dos grupos también islamistas en Egipto, los Hermanos Musulmanes de siempre (renombrados Partido de la Libertad y la Justicia para adaptarse a la legislación electoral vigente) y los salafistas de Al Nur hace creer a los islamistas argelinos – y a muchos creadores de opinión locales y foráneos – que en Argelia tiene que producirse también una victoria islamista, a modo de “marea verde” que arrase por doquier como resultado de esas revueltas que también muchos se han precipitado en calificar de “revoluciones” o de “primavera árabe”.
 

En el presente análisis vamos a repasar los antecedentes y las actitudes de los distintos actores islamistas argelinos, candidatos consolidados (legales) unos y que aspiran a serlo otros pero que, especialmente en este último caso, añaden a su carácter de actores político-religiosos el sórdido precedente de un activismo islamista muy radicalizado, muy violento y muy transnacionalizado, además de la experiencia previa, fallida, de asalto al poder cuando intentaron en 1991 hacerse con él a través de las urnas prometiendo para inmediatamente después un Estado islámico en el que se acabaría, entre otras cosas, con esa práctica democrática que les estaba acercando a la victoria.
 

 

Los islamistas legales argelinos y su adaptación al escenario de revueltas

Aunque aún es necesario explicar a algunos despistados – y también a aquellos que por no ser despistados sí debemos de calificar de deshonestos porque siguen alimentando la idea de que el islamismo está reprimido en una Argelia dominada por una cruel dictadura militar – que los islamistas legales del Movimiento de la Sociedad por la Paz (MSP) han compartido el poder en Argelia durante más de una década, hasta el pasado diciembre, lo cierto es que hoy dicho partido ha abandonado el gobierno tripartito, y que lo ha hecho para poder así actuar más cómodamente de cara a las elecciones generales previstas para el mes de mayo y que aún no tienen fecha concreta. Desde la llegada al poder del Presidente actual, Abdelaziz Buteflika, en 1999, tres partidos han conformado ininterrumpidamente la denominada alianza presidencial: el antiguo partido único, el Frente de Liberación Nacional (FLN); la Agrupación Nacional Democrática (RND), en buena medida una escisión del anterior; y los susodichos islamistas legales del MSP, el partido heredero del antiguo movimiento Hamas que fundara el jeque Mahfud Nahnah.

Haciendo un poco de historia, que en cualquier caso es importante pero para comprender mejor la realidad política y de seguridad de Argelia lo es aún más, Nahnah, Hamas y el hoy normalizado MSP son uno de los resultados de esa corriente islamista que está presente de forma relevante en el Estado argelino desde hace largas décadas, y con especial intensidad a partir del fallecimiento del Coronel Huari Bumedián, en 1978, quien en buena medida había creado ya las bases para el asentamiento de corrientes islamistas tanto en el FLN como en distintos estratos de la sociedad. El sucesor en la Presidencia de Bumedián, el también Coronel del Ejército Nacional Popular (ANP, en sus siglas en francés), Chadli Benyedid, en su gestión de la política que aún a día de hoy muchos le reprochan, asentó a los islamistas en un momento – la sensible década de los ochenta, con el telón de fondo de la victoria de los mullahs en Irán, del Yihad guerrero en Afganistán, del asesinato del Presidente Anuar El Sadat en Egipto con la visible expansión de un atroz terrorismo en el ‘País de los Faraones’, y de la expansión de los petrodólares de Arabia Saudí y de otros reinos del Golfo para islamizar por doquier – en el que su vitalidad hizo de ellos un actor ya central para las siguientes décadas, tal y como la realidad, desafortunadamente, nos ha confirmado.
 

Hamas, y también las bases de lo que luego sería a fines de los ochenta el Frente Islámico de Salvación (FIS), surgen pues en el marco del proceso de debilitamiento progresivo del Estado recibido por Benyedid de Bumedián, y nos sirve para ilustrarlo la intervención del entonces Ministro de Asuntos Religiosos de Benyedid, Abderrahmane Chibane, en la inauguración del 14º Seminario de Pensamiento Islámico celebrado en Argel en 1980: “Ni el nacionalismo ni la arabización han traído la solución a los problemas de Argelia y del mundo árabe y musulmán: la solución está en el Islam, que impulsará el renacimiento de la nación argelina como una verdadera fuente de civilización”. Hay pues un evidente tono de reproche hacia Bumedián, quien en realidad con su política de arabización forzada y acelerada de la población argelina de mano de “maestros” procedentes de Oriente Próximo y del Golfo en los setenta abrió las puertas a la penetración ideológica del islamismo, expresada con un tono típico de tránsito de una fase del régimen a otro pero en el contexto arriba indicado de eclosión de las ideas islamistas por doquier en el mundo árabe y musulmán de la época. A partir de ahí, el Gobierno de Benyedid, de la mano del Ministro Chibane y con el beneplácito de los sectores islamistas del FLN, entre los que destacaban en la época hombres como Ahmed Taleb Ibrahimi – cuyo nombre vuelve a sonar ahora como veremos más adelante – o como Abdelaziz Belkhadem, hoy Secretario General del partido y hasta hace poco Primer Ministro de Buteflika, se acometieron medidas sensibles como la revisión, interesada por lo islamizadora, de los libros de textos para reexplicar Argelia, y otras, que crearon las bases de la situación actual.
 

En tan sólo esa década de los ochenta la permisividad del Estado hacia los islamistas – dejándoles gestionar fondos para la construcción acelerada de mezquitas, permitiendo la oración en todos los centros de trabajo convirtiéndolos también en lugares de culto y de hacer de paso política, inaugurando la Universidad Islámica de Constantina trayendo además a predicadores extranjeros, diseminando ideas peligrosas a través de una frenética actividad editorial impropia de un Estado aún supuestamente “socialista” e introduciendo elementos islamistas en los distintos niveles de la enseñanza (incluida la universitaria) y en los medios de comunicación (la televisión en particular) – contribuyó a agravar el desastre que luego vendría a fines de esa década y que se consagraría en la siguiente.
 

En 1986 se propicia una reforma de la Constitución, la Carta Nacioanal de 1976, que no hace sino asentar estas tendencias islamizadoras en términos ya islamistas anteriormente apuntadas. La Comisión encargada de dicha reforma estaba dirigida por Ahmed Taleb Ibrahimi y desde ella se pidió desde un principio la instauración de un Estado islámico en Argelia. El Capítulo Uno de la nueva Constitución es suficientemente explícito con su título “El Islam y las exigencias del siglo”: “En este marco es importante activar el pensamiento islámico en la solución de los problemas de la época (...) Una vez esta exigencia sea cumplida, las masas musulmanas estarán suficientemente armadas y su indispensable inmunidad estará correctamente asumida frente a los peligros (...) Esta es la vía que permite dotar al despertar islámico su autenticidad”.
 

Una Ley de Asociaciones aprobada al año siguiente, en 1987, permitió el nacimiento de 7.800 asociaciones religiosas, que serían las bases de lo que en poco tiempo iba a nacer como Hamas – el MSP de hoy -, la Ennahda – el actual Islah -, y el FIS de triste recuerdo ilegalizado en 1992 tras una corta pero dramática experiencia de movimiemto/partido legal (1989-1992) y cuyas cenizas también se mueven ahora mismo para preparar su asalto “legal” al Estado veinte años después. El instrumento legal que permitió nacer a estos tres grupos fue la Ley 89/11 de 5 de julio de 1989 sobre Asociaciones de Carácter Político, que legalizó irresponsablemente a grupos movidos por una ideología pseudorreligiosa saltándose con ello a la torera el artículo 40 de la Constitución aprobada en referéndum ese mismo año 1989, el 23 de febrero, que al referirse a los partidos y asociaciones políticas establecía que no se legalizarían las que enarbolaran argumentos religiosos o secesionistas/nacionalistas.
 

El problema era y es el resbaladizo escenario propio de cualquier sociedad musulmana, en la que puede haber partidos o movimientos políticos en términos “clásicos” pero en la que se superpone la omnipresencia del Islam como religión pero también como forma de organización y de estructuración social. El Ministro del Interior argelino en 1989, Abubakr Belkaid, respondía a las críticas de algunos que veían asomarse peligrosamente a la legalidad a grupos puramente islamistas y además violentos, y en concreto al FIS, afirmando que “no puede excluirse una asociación que tenga un programa o actividades que se inspiren en los valores islámicos o que los defiendan”. No siendo este análisis el lugar para analizar en detalle el proyecto de asalto al poder del FIS, con su victoria en las elecciones municipales de 12 de junio de 1990, primero, y la primera vuelta de las legislativas, el 26 de diciembre de 1991, después, sí lo es en cambio para recordar otras actitudes irresponsables de dirigentes argelinos de la época. Destaca por méritos propios Mulud Hamrouche, Primer Ministro en aquellos convulsos años y líder que también ahora y de forma cíclica recupera protagonismo en algunos países occidentales alimentado por algunos sectores que gustan de asignar autoridad a sus análisis, quien desdramatizaba el ascenso de los islamistas en Argelia indicando que el FIS tenía sus límites y que no debía de provocar temor. En el marco de una reunión con su homólogo francés, el Primer Ministro Michel Rocard, en noviembre de 1991 en París, Hamrouche llegó a declarar que el FIS era incluso positivo en clave de estimular del cuerpo social argelino.
 

Volviendo al movimiento Hamas del jeque Nahnah, antecesor del actual MSP, este y el también hoy activo Islah del jeque Abdallah Yeballah en el marco del reposicionamiento islamista aquí analizado, serían desde 1992 las dos únicas caras visibles en términos de legalidad del islamismo argelino tras la ilegalización del FIS. Ante la recuperación progresiva del proceso electoral interrumpido en enero de 1992 el régimen organizó diversos comicios desde 1994, y en las elecciones presidenciales de 16 de noviembre de 1995 Nahnah se presentaba candidato apoyándose en lo que se calificaba como “El Programa Alternativo” que no hacía sino incidir en los “valores civilizacionales” que ya evocara el Ministro de Asuntos Religiosos Chibane en 1980. En plena ofensiva del terrorismo yihadista en Argelia y fuera de Argelia, en el otoño de 1995, cuando el brazo terrorista del FIS, el Ejército Islámico de Salvación (AIS, en sus siglas en francés), y el Grupo Islámico Armado (GIA), entre otros, golpeaban con saña en ciudades y pueblos de Argelia o en las calles y el metro de París, Nahnah ofrecía en su programa electoral una solución a la violencia y al terrorismo que no debía pasar por la aplicación de la legislación antiterrorista sino por la angelical “organización de un diálogo sobre la base de la jurisprudencia islámica (fiqh)”, por la interrupción de la violencia intelectual adjudicada a las provocaciones de los medios laicos internacionalistas, o por la reinstauración de la fórmula tradicional de la Yema’a (reunión del comité de sabios) de cada población, entre otras medidas.

 

El inquietante conglomerado ilegal y alegal que, en parte, aspira a la legalización

El movimiento Hamas transformado en MSP viene participando de forma intensa en la arena política desde la llegada de Buteflika a la Presidencia en 1999. Además, el impulso por este de dos grandes amnistías, la Ley de Concordia Civil de aquel mismo año y la Carta para la Reconciliación Nacional de 2006, que se unen a la Ley de la Rahma (Misericordia) del Presidente Liamin Zerual de 1995, no han hecho sino abonar el terreno para que una formación como Hamas/MSP pueda jugar a la política en majestad. Tanto es así que el MSP ha formado parte, hasta diciembre de 2011 cuando ha decidido abandonarla, de la alianza presidencial en la que se viene apoyando el Jefe del Estado argelino, y si lo ha abandonado ha sido no por desavenencias relevantes sobrevenidas con sus dos compañeros de camino, el FLN o el RND - aunque del MSP siempre se ha dicho en Argelia que tenía un pie dentro y otro fuera de la coalición -, sino para preparar su carrera en solitario hacia el poder animado por las victorias electorales islamistas producidas en Túnez y Marruecos – el 23 de octubre y el 25 de noviembre, respectivamente -, por el avance también electoral islamista en Egipto y por la toma del poder por un Consejo Nacional de Transición (CNT) también trufado de islamistas en Libia. Este proceso, que se enmarca en el contexto más general de las revueltas árabes, les es sin duda propicio a esos islamistas argelinos cuyo activismo viene como hemos visto de muy antiguo, pero también les es muy propicio el estímulo que el mundo occidental les ofrece en términos de aceptación de que el islamismo como ideología y como herramienta de gobierno es la verdadera alternativa.
 

En cualquier caso el MSP viene madurando esta decisión desde el comienzo mismo de las revueltas, que no olvidemos tuvieron en forma de conato a principios de enero de 2011 un escenario temprano en Argelia enseguida abortado. La subida de los precios de algunos productos básicos, decretada por el Gobierno del Primer Ministro Ahmed Uyahia en enero de 2011, provocó violentas movilizaciones en varias localidades del país, contemporáneas del proceso que en Túnez llevaría al Presidente Zine El Abidine Ben Alí a huir del país el 14 de enero, pero que para el caso de Argelia fueron abortadas con una combinación de medidas políticas y económicas – anulación de la subida de precios y concesiones varias a los funcionarios y a otros sectores sociales – y de control policial de los disturbios. En este contexto, el presidente del MSP, Buguerra Soltani, anunciaba el 16 de enero su deseo de introducir rápidamente reformas en el sistema de gobierno argelino, limitando los mandatos presidenciales y disolviendo la Asamblea y el Consejo de la Nación (Senado). De hecho las revueltas en Túnez habían coincidido con la celebración de una larga reunión organizativa del MSP en Zeralda, en las afueras de Argel, y dicho contexto había servido a los cuadros y a las bases del MSP para dinamizar su reflexión alimentando viejas aspiraciones del islamismo argelino que veía ventanas de oportunidades que se abrían.
 

Al igual que le ocurre al PJD marroquí, que tiene que convivir con el islamismo más radicalizado y fuera de la legalidad de Justicia y Caridad, el MSP tiene por así decirlo “a su izquierda” a los islamistas también legales de Islah y, sobre todo, a los ilegalizados del FIS y a todas las corrientes más o menos radicalizadas de las múltiples siglas que han conformado el yihadismo argelino, algunas de ellas apartadas de la actividad terrorista gracias a las sucesivas amnistías pero que en algunos casos son difíciles de separar del todo del terrorismo aún vigente de Al Qaida en las Tierras del Magreb Islámico (AQMI). El MSP ha tenido, y tiene, por tanto, que competir en términos políticos con los sectores no islamistas de la sociedad pero también con los islamistas de diversas etiquetas que pugnan por atraerse a los sectores sociales que se muestran receptivos a dichas consignas. Ello se ha reflejado claramente en la escasamente exitosa experiencia de la canalización de los impulsos de contestación y revuelta que se han dado en el país a lo largo de 2011. La denominada Coordinación Nacional para el Cambio Democrático (CNCD), creada el 21 de enero tras el fracaso de los disturbios citados, que intentó desde el 12 de febrero estructurar un proceso de movilizaciones permanentes emulando el proceso egipcio de la Plaza Tahrir, iniciado el 25 de enero, y que sí tuvo algo más de éxito en Marruecos con el Movimiento 20 de Febrero, era y es un verdadero “cajón de sastre” en el que las consignas que se han escuchado han ido desde “Argelia libre y democrática” hasta “Argelia Estado islámico”. En cuanto a la confusión reinante en el mundo del islamismo argelino cabe recordar que el mismo 12 de febrero el líder del disuelto FIS, Alí Belhadj, acompañado de una veintena de seguidores, se sumó a la manifestación en Argel entre el rechazo de muchos de los asistentes y saltándose de forma provocadora la prohibición que sobre él pesa de ejercer actividades de liderazgo y protagonismo político. Este y otros antiguos líderes del FIS tienen prohibido ejercer sus derechos políticos, es decir tanto votar como presentarse candidatos, pero también actuar en actos públicos y muchos menos con la arrogancia que ha caracterizado tradicionalmente a Belhadj y que puso una vez más de manifiesto en la ocasión citada. El problema es que la realidad está cambiando a pasos agigantados y, también, que hay una permisividad creciente que en buena medida es criticada por algunos sectores políticos y de medios de comunicación que ven en ello un pernicioso contagio de la flexibilidad con la que ahora son percibidos, y en consecuencia tratados, muchos islamistas por doquier, incluyendo a aquellos que en otro tiempo – generalmente no muy lejano – ejecutaron acciones terroristas.
 

En este contexto de revueltas en el vecindario de Argelia el MSP tuvo que adaptarse a un escenario nacional en el que las revueltas no cuajaron y en el que sus sucesivas exigencias iban viéndose neutralizadas por la dinámica reacción de un régimen del que, por otro lado, el propio MSP formaba parte. Un buen ejemplo es el de la exigencia de la abolición del estado de urgencia, en vigor desde el 9 de febrero de 1992, agotada desde el momento mismo en el que el Consejo de Ministros de 22 de febrero presidido por Buteflika decidía levantarlo con efectos a partir del 24 de febrero. Tal situación llevó al liderazgo del MSP a insinuar ese mismo mes, y por primera vez, la posibilidad de su retirada del bloque presidencial, remitiéndose a la celebración del Majlis Essura (Consejo Consultivo) del movimiento, en julio, la decisión o no de hacerlo, aunque luego la decisión se ha retrasado hasta diciembre. Felicitándose por el levantamiento del estado de urgencia Soltani quiso erigirse en aquellos momentos de febrero en portavoz de sectores sociales concretos, y en particular de los jóvenes, y ello ante la constatación de algo que se ha venido produciendo hasta la actualidad: que las protestas sociales en Argelia, que existen pues motivos no faltan, están compartimentadas por sectores sociales (jóvenes) o profesionales (médicos, guardias comunales, maestros, etc) ante la incapacidad de la oposición de avanzar unida y ante la fragmentación de una sociedad que ha impedido en el país hilvanar las protestas como sí ha ocurrido, en cambio, y al menos durante franjas temporales lo suficientemente largas como para generar revueltas, en escenarios como Túnez, Egipto o en la propia Libia sumida entre febrero y octubre en una guerra civil que llevó al derrocamiento y linchamiento físico del Coronel Muammar El Gadaffi.
 

Si algo puede jugar a favor de los islamistas de aquí a la celebración de las elecciones legislativas en el próximo mes de mayo podría ser la enfermiza división de la oposición argelina, aunque también hemos de subrayar que dicha división afecta a los propios islamistas. El que tras las dos marchas convocadas por la CNCD, el 12 y el 19 de febrero, que supusieron sendos fracasos en términos de movilización, esta se rompiera en dos el 22 de febrero – un grupo constituido por la Liga Argelina para la Defensa de los Derechos del Hombre (LADDH) y otros actores, y otro que reunía a los principales partidos (RCD, MDS, PLD) y otras asociaciones -, era buen indicador de dicha división estructural de la oposición. Si el primer grupo reprochaba al segundo la existencia en su interior de partidos y, en consecuencia, su riesgo de politización, chocante ha sido comprobar cómo una figura tan conocida en la arena opositora como Mohamed Alí Yahia Abdennur, presidente vitalicio de la LADDH y antiguo abogado de los líderes del FIS, se haya decantado por el segundo al producirse la división, y a ello hemos de añadir el hecho de que en este tiempo ha surgido un tercer polo de atracción para personas y grupos de la oposición: la Alianza Nacional por el Cambio (ANC). La ANC ha sido lanzada por el ex Primer Ministro y tecnócrata Ahmed Benbitur, al que se le han unido los islamistas del jeque Yeballah, líder del Islah, rivales del MSP y que quiere participar en las legislativas como Frente para la Justicia y la Democracia (PJD, ¿coincidencia de siglas?) para el que ha solicitado la legalización. Más allá de estos bloques en proceso de consolidación está la oposición tradicional del Frente de Fuerzas Socialistas (FFS) de Hocine Aït Ahmed, veterano opositor desde hace más de cuatro décadas, y están por supuesto las distintas familias, escisiones, células, bloques y redes islamistas que o bien abrazan directamente la violencia o bien no han decidido aún ubicarse en las cercanías o en el interior del MSP o de Islah, o bien, finalmente, no han perdido la esperanza de que sean legalizados por un régimen al que critican pero del que se benefician gracias a sus concesiones. El Partido de la Libertad y la Justicia (PLJ) de Mohamed Said, hombre del antiguo FIS próximo a Ahmed Taleb Ibrahimi y que ahora prepara su congreso (26 a 28 de enero) mientras espera su legalización, o el movimiento Rachad (Oposición) que dirige el antiguo cuadro del FIS Murad Dhina, con estatuto de refugiado en Suiza y detenido en el Aeropuerto parisino de Orly el pasado 16 de enero en aplicación de una orden internacional de busca y captura emitida por Argelia, son dos ejemplos de siglas surgidas del partido disuelto, que hoy por hoy no son legales pero que comienzan a sonar cada vez con más frecuencia.
 

A modo de conclusión diremos que, el gran riesgo de Argelia se deriva de la fragmentación de su arena política y de la existencia de un conglomerado islamista lo suficientemente potente y preocupante aunque esté dividido. La división de los islamistas en Egipto no les ha impedido barrer en las convocatorias electorales hasta ahora producidas, copando el primero y segundo puesto y dejando muy lejos a partidos tradicionales. El FLN y el RND han perdido como bloque presidencial a su hasta ahora compañero de viaje islamista, el MSP, y la “moda” del islamismo como alternativa puede tener un pernicioso efecto contagio en Argelia. Décadas de violencia terrorista yihadista en Argelia están ahí como realidad, pero el trabajo de campo de los islamistas manipulando el Islam en el seno de una sociedad tradicional como es la argelina, en la que la inoculación de los valores islamistas viene como hemos visto de antiguo – empezando durante la época socialista – y se ha acentuado en los últimos tiempos. El que hace ahora dos meses se haya colocado en Argel la primera piedra de la que será la tercera mezquita más grande del mundo, tras las Mezquitas Mayores de La Meca y Medina, tiene una importancia en sí puramente religiosa, pero ni la podemos ni la debemos de separar de la convulsa deriva política de nuestro vecino en las últimas cuatro décadas.