Refuerzos injustificados

por Óscar Elía Mañú, 21 de diciembre de 2009

 

(Publicado en La Gaceta, 18 de diciembre de 2009)
 
España envió tropas en 2002 a Afganistán en apoyo de la lucha contra el terrorismo y la construcción de un Estado democrático. Tras 2004 Zapatero amplió la misión, centrándose en la reconstrucción y dejando lo de combatir en segundo plano.
 
Estaba claro que la doble misión no tenía límite temporal; una misión así es larga por naturaleza. A Zapatero el cuerpo le pedía abandonar, pero la llegada de Obama le animó a continuar hasta lograr un buen reportaje fotográfico en la Casa Blanca.
 
El sentido de la misión continuó mientras Obama siguió la estrategia vigente desde 2001. Pero tras los discursos en West Point y Oslo, sabemos que la misión norteamericana en Afganistán se desmantelará, sí o sí, a partir de 2011. A tiempo para que Obama se presente a las presidenciales con el discurso izquierdista de 2008, pero demasiado pronto como para dejar un Estado estable y unos talibanes derrotados.
 
La unilateral espantada rompe la legitimidad de la misión, arrastrando a los socios de la OTAN. España ha invertido cantidades millonarias y la vida de noventa de sus mejores soldados para derrotar al terrorismo y dar a los afganos una alternativa política decente, que no se logrará en dos años. Y Chacón ya ha anunciado que mandará 511 soldados para dejar listo al ejército afgano en 2013, pese a que Karzai dice que hasta 2024 eso no será posible.
 
No es en nombre de los afganos en el que Chacón y Zapatero envían tropas porque en tres años los dejarán solos. Retirar las tropas puede resultar contraproducente, pese a la perversión "obamita" del sentido de la misión. Pero enviar más soldados a jugarse la vida para cubrir a Obama, sabiendo que abandonarán un Afganistán débil, no tiene nada que ver con lo que se fue a hacer allí. Unos refuerzos así están injustificados.