Real restaurante Elcano

por Rafael L. Bardají, 19 de diciembre de 2006

(Publicado en Gaceta de los Negocios, 18 de diciembre de 2006)

La denominación no es mía, que conste. Es como se refieren al Instituto algunos de mis amigos e investigadores que todavía trabajan allí. Al menos teóricamente. Y digo teóricamente porque a tenor de los datos que los señores patronos debieran revisar en su próxima reunión, cada vez parecen trabajar menos.

Me explico. Cuando se creó el Elcano su producto estrella fue una especie de análisis breve que entonces denominamos cariñosamente ARI. Dada la primacía que este producto sigue gozando entre las publicaciones del Elcano, así como en su página web, es de suponer que la actual dirección sigue considerando a los ARI una seña de identidad. Pues bien, los números no engañan: en 2004, se produjeron casi 200 ARI; en 2005 bajaron a 160; y en este año que ahora se cierra han caído a 123. Aún más grave, esos son los datos para la producción total, no lo producido por los analistas del Real Instituto.

Cuando comenzamos la andadura del Elcano, una decisión que se adoptó de una manera por la dirección académica fue la necesidad de que todos los investigadores realizaran un número mínimo de análisis al año que, junto con sus otras tareas, justificara su sueldo.

Así, los analistas de la casa escribieron un conjunto de 56 análisis. Por el contrario, en este año 2006 su actividad se ha limitado a 32, esto es, su productividad ha caído un 43%. Y no puede decirse que a causa de haber escrito otras cosas.

Sus estudios más sesudos y largos, los llamados Documentos de Trabajo han caído todavía más: de los 12 escritos por ellos en 2005, se ha pasado a tan sólo seis en este año. Una disminución del 50%. Y tampoco vale que digan que han debido gestionar muchos más documentos externos. El total en 2004 fue de 61 documentos de trabajos; 53 el año pasado y 30 en el actual. No, la explicación de su baja producción debe hallarse en otra parte.

Yo no conozco cuáles eran las prioridades que se fijaron por el patronato en su anterior convocatoria para este año 2006, pero da la impresión de que el Elcano navega sin rumbo fijo. En un mundo en el que imperan los conflictos y los temas de seguridad y defensa están permanentemente en primera página, el Instituto se da el lujo de prescindir de un analista en esa materia desde comienzos de año y dejar el área sin cubrir.

En un momento en el que todo el mundo, unos bien y otros mal, como es nuestro caso, fijan sus ojos en la naturaleza de la relación con los Estados Unidos, en un momento en el que se abren institutos de estudios sobre América por todas partes, el Elcano también prescinde de los servicios de su analista en relaciones transatlánticas. Área que sigue también vacante. Por no mencionar una zona tan vitalmente importante para nosotros como es el norte de África, cuya producción propia ha sido dos ARI en 2005 y sólo uno en el año 2006. ¿Qué es lo que le importa al Real Instituto? Tal vez lo que le interesa a sus directivos personalmente, pero no sé si ese es un buen criterio para alguien que vive y maneja dineros públicos imprescindibles para la vida y obra del Elcano.

La dirección tampoco ha hecho, como prometió, una reunión donde se analizara el dictamen independiente de la labor del Instituto. No se sabe por qué, pero mi intuición me lleva a pensar que porque no sale muy favorecida en lo tocante a su independencia política. Sea como fuere, es algo que los señores patronos que tan generosamente contribuyen a las arcas del Instituto deberían saber. Como también deberían conocer que la proyección del Elcano sigue disminuyendo progresivamente a tenor de los ránking que circulan por la Red.

La Alexia de Microsoft le ha llevado del puesto 100.000 al 300.000 en un año, esto es, una caída espectacular. Y aunque hay quien dice que Alexia no es del todo fiable, la obsesión por el puesto que ocupa Elcano entre sus miembros hace pensar que ellos sí que están altamente preocupados.

Ah, y lo del real restaurante Elcano se debe, según me cuentan, al nuevo hábito desarrollado por la dirección del Instituto de haber sustituido los almuerzos de trabajo por almuerzos privados a los que en lugar del cuerpo de investigación, sólo se sientan el presidente y sus invitados. Que yo recuerde, en los años que estuve al frente de la subdirección del Elcano nunca nadie organizó un almuerzo privado para el presidente. Sus asuntos los despachaba en otros lugares. Pero que me corrija con su profesionalidad la subdirectora de relaciones institucionales si me estoy equivocando.

El Instituto sigue siendo Real porque lo preside su alteza el Príncipe de Asturias, pero a tenor de su producción cada vez es menos real y más virtual. Queda por ver —y eso debería ser de la máxima atención de la Casa Real— si el Elcano es un buque de exploración, ambicioso y abierto a todos, o, por el contrario, se parece más al Titanic. Todo lujo y festejos pero con el agua al cuello. Ésa es la tragedia del Elcano.