¿Quién se queda con el Coronel Senussi?

por GEES, 23 de marzo de 2012

La detención del coronel libio Abdallah El Senussi, quien fuera jefe de Inteligencia del también coronel Muammar el Gadaffi y, junto con Saif El Islam Gadaffi, uno de los tres cuadros libios perseguidos por el Tribunal Penal Internacional (TPI), crea problemas a varios Estados.
 
Su captura el 17 de marzo en el Aeropuerto de Nuakchott plantea el problema, en primer lugar, a Mauritania. Detenido al desembarcar de un vuelo de Royal Air Maroc procedente de Casablanca vemos ya que Marruecos fue hábil al quitarse el problema de encima, evitándose un problema diplomático asegurado, y ahora son los mauritanos los que tendrán que decidir si entregárselo a Libia, a Francia o al TPI pues los tres lo reclaman. Entregárselo a Libia es arriesgado, salvo que al Gobierno mauritano no le importe demasiado lo que a Senussi le pueda ocurrir. Caería en manos no de un Estado, sino probablemente de una milicia, como está en manos de la milicia de Zintan el propio Saif El Islam, y ello desde que fuera capturado en el sur de Libia hace cuatro meses. En términos regionales tal decisión pondría probablemente en aprietos a Mauritania con su vecino y aliado argelino, con el que comparte esfuerzos antiterroristas y otras iniciativas importantes, al que no le acaban de agradar las autoridades libias y que guarda a piezas importantes de la familia Gadaffi en su territorio (esposa, un hijo, una hija y otros). En cualquier caso el Consejo Nacional de Transición (CNT) ya ha enviado una delegación a Nuakchott para tratar de convencer al Gobierno mauritano.
 
Entregárselo a Francia podría ser una segunda opción, recordando que Senussi fue condenado en ausencia a cadena perpetua por un tribunal de París al considerársele directamente implicado en el derribo del vuelo de la línea francesa UTA en septiembre de 1989 que le costó la vida a 170 personas, 54 de ellas francesas. La Asociación de Víctimas es, lógicamente, muy activa, y lo siguió siendo incluso después de que Gadaffi les indemnizara para tratar de cerrar el asunto con dinero. Un proceso contra Senussi sería probablemente esclarecedor en muchos aspectos, e incómodo también dadas las turbias relaciones que muchos Estados han tenido con el régimen de Gadaffi. Habría que esperar sin duda a que pasen las elecciones presidenciales pues basta sólo recordar el escándalo reciente por la financiación libia de parte de la campaña electoral que aupó al Palacio del Elíseo a Nicolas Sarkozy.
 
Finalmente queda el TPI, otro altar mediático importante aunque políticamente más aséptico, pero con el que hasta ahora ningún país árabe ha colaborado. Entregar a Senussi a La Haya sería un buen precedente para que otro país árabe pudiera en el futuro entregar, por qué no, a un Presidente en ejercicio como es el sudanés Omar Hassan Ahmed Al Bashir. Pero una cosa es entregar a un “árbol caído” y otra a un mandatario en activo. Es probable que la visualización de uno y otro caso no sea sino un ejercicio de soñar despierto.