¿Qué va a pasar?

por Manuel Coma, 1 de noviembre de 2010

 

(Publicado en La Razón, 1 de noviembre de 2010)
 
En las elecciones de mañana se materializa el «tsunami» anti Obama. La oleada pro estuvo retrocediendo en el verano de 2009, a medio año de la toma de posesión. Perdió el 15% que no lo había votado pero que lo acogió con los brazos abiertos. A lo largo del 2010 se ha ido formando la tormenta en contra, que va mucho más allá del aprecio por su persona, aún en torno al 45% de popularidad.

Mañana, los demócratas, cuyos candidatos han tratado de distanciarse desesperadamente de todo lo que votaron en los dos últimos años, perderán la Cámara baja y gran parte de su mayoría en el Senado. En la primera, Cámara de Representantes, o de lo que nosotros llamaríamos diputados, con 435 escaños, elegida en distritos uninominales –el ganador se lo lleva todo– los demócratas cuentan con 257 escaños y los republicanos con 178, una diferencia de 79 a favor de los primeros y una mayoría absoluta de 39 sobre los 217,5 que es el 50% de la totalidad.

Lo único que se discute es la magnitud de la victoria de la actual oposición. Con una ganancia neta mínima de 45, que nadie duda, tendrían una mayoría absoluta de seis (45-39), teóricamente al alcance de los engatusamientos de la Casa Blanca en algunas votaciones claves. Mucho más probable es que se acerquen a los 60 o 65 netos, lo que les daría una holgada mayoría absoluta de hasta 26. Conseguir la de 39 a la que llegaron los demócratas en dos elecciones sucesivas parece casi imposible, pero queda el «casi». Depende de 60 distritos en los que los resultados previstos están dentro del margen de error de las encuestas. Si la actual oposición se lleva todos aquellos en los que tienen pequeñas ventajas y gran parte de aquellos en los que las previsiones los sitúan un poco por detrás de sus rivales, convertirían el «casi» en arrolladora victoria.

En el Senado de cien, dos por estado, el Gobierno tiene 58 y la oposición 40, mas dos independientes que suelen votar como demócratas. A diferencia de la bianual cámara de representantes, los senadores tienen un mandato de seis años y se renuevan por tercios cada dos. Los independientes no tienen ahora en juego su escaño. Una ganancia de 8 para los republicanos la dan todos los expertos por segura. Los dejaría en 48-50. Un escaño más, 49-49, lo consideran probable bastantes. Dos, 50-48, difícil pero no imposible. Sea lo que sea, los republicanos les cortan las garras a los demócratas en la Cámara Alta, donde muchas cuestiones importantes requieren en la práctica una mayoría del 60%.

Los republicanos ganarán también varios gobernadores de estado [de 24 republicanos-26 demócratas ahora a quizás 30 republicanos-20 demócratas], y como mínimo 500 puestos en las legislaturas estatales.  Uno de los mayores vuelcos en la historia de los Estados Unidos, que podría llegar a ser el más importante.