Putin en los Balcanes: recobrar otra esfera de poder perdida

por Stephen Schwartz, 31 de octubre de 2007

(Publicado en The Weekly Standard, 19 de octubre de 2007)

El plan del tirano ciernes ruso, Vladimir Putin, para restaurar una dictadura centrada en un hombre en Moscú ha provocado ansiedad entre las delgadas filas de liberales rusos así como entre los partidarios de la independencia con seguridad en las antiguas repúblicas soviéticas. También debería provocar preocupación en Europa, Estados Unidos y Extremo Oriente, dado que queda claro que Putin quiere recobrar las esferas rusas de influencia, perdidas temporalmente con el colapso del comunismo.
 
Aunque ha pasado desapercibido, Putin ha recurrido a un arma que sirvió a sus absolutistas predecesores: el ultranacionalismo pan-eslavo con el pretexto de la solidaridad entre los pueblos cristianos ortodoxos. El extremo afilado de esta hoja es visible en los problemáticos estados sucesores de la ex-Yugoslavia. Rusia se está estableciendo de nuevo como potencia regional en los Balcanes.
 
Putin y su cohorte de la mafia empresarial rusa han adoptado a Serbia como sustituto, y siguen obstruyendo la independencia legal completa de Kosovo. En el vecino kosovar de Montenegro, que logró la independencia de Serbia el año pasado, inversores de Putin han adquirido un porcentaje considerable de atractivas propiedades con vistas, encaminadas a reavivar la industria turística local en base a la fórmula del juego y los burdeles.
 
Las actividades bancarias rusas y las demás operaciones comerciales se están expandiendo en la denominada 'República de Serbia', que ocupa el norte y el este de Bosnia Herzegovina. 12 años después de los acuerdos de Dayton para poner fin a la lucha en ese mutilado país, la 'República de Serbia' sigue gobernando casi los dos tercios del territorio bosnio.
 
Los serbios utilizan la prolongada existencia de la República de Serbia en Bosnia contra las propuestas de Estados Unidos y la Unión Europea de independencia de Kosovo. El argumento procedente de Belgrado y Moscú es simple y brutal: si Kosovo se hace independiente, la República de Serbia en Bosnia va a exigir el mismo estatus. Mientras tanto, los serbios y Putin pintan a los albano kosovares como potenciales reclutas de Al Qaeda, con propaganda serbia en el país, así como dentro de Washington, que pone el acento en que los albaneses son, en su mayoría, musulmanes. Este hecho demográfico es bastante conocido, pero los kosovares y los albaneses en general no son exclusivamente musulmanes. Y han demostrado poca tendencia a la ideología islamista, al margen de las afirmaciones serbias de que un Kosovo independiente se convertirá en 'un estado criminal musulmán'.
 
Los católicos suponen entre el 10 y el 15% de una población de 2 millones de habitantes. Las iglesias católicas se encuentran en la mayor parte de las ciudades grandes (y bastantes de las pequeñas), y los católicos fueron víctima de la violencia serbia antes y durante la intervención de 1998-99 encabezada por Estados Unidos. El clero católico y los intelectuales poseen influencia entre sus conciudadanos étnicos mucho más allá de lo que sugieren sus cifras. No es un accidente que la calle principal de Prístina, la capital kosovar, fuera rebautizada tras 1999 en honor a la Madre Teresa, una albanesa procedente de la vecina Macedonia. Y los albaneses siguen siendo tan radicalmente no-sectarios en su sentimiento nacional que incluso si Occidente les abandonase a merced de los serbios, es casi imposible imaginarles instando al islam radical como solución a sus frustraciones. Los albaneses quieren ser aceptados como europeos, y no ser vistos como intrusos en el continente procedentes de Oriente Medio.
 
Los serbios y sus simpatizantes -- incluyendo un lobby de ex diplomáticos y funcionarios norteamericanos -- también amenazan con un levantamiento serio si se concede libertad total a los albano kosovares. Los serbios y sus colaboradores advierten con beligerancia que su desafío a las decisiones de la mayoría albanesa comenzará con la captura del extremo norte de Kosovo, que tiene mayoría serbia, así como de significativos recursos naturales y otros recursos económicos.
 
La intromisión rusa en esta zona problemática no se postula simplemente a beneficio de los eslavos y del resto del público ortodoxo. A Rusia se le une China en esto de utilizar a Kosovo como escudo. Pekín afirma que utilizará su veto en el Consejo de Seguridad de la ONU para frustrar un Kosovo libre a causa de sus problemas en el Tíbet y el Este del Turkestán, regiones ambas en las que la reclamación de su ascendencia histórica por parte de los no-chinos se ha visto diluida por la masiva inmigración china y su auge político-económico. La antidemocrática pareja de rusos y chinos en la ONU es apoyada en su postura anti-Kosovo por España, que cita el nacionalismo entre vascos y catalanes como su temor. Chipre respalda a Serbia a causa de su propia partición entre griegos ortodoxos y turcos musulmanes, y Eslovaquia también se opone a la liberación de Kosovo.
 
¿Por qué Eslovaquia? Los eslovacos tienen una considerable historia como títeres de los rusos -- se hicieron cargo de las riendas del proceso de represión en la antigua Checoslovaquia tras la intervención soviética de 1968. Pero sus líderes juegan además con el miedo, entre la mayoría eslava, a su minoría húngara de alrededor del 10%.
Para la mayor parte de los occidentales, el destino de Kosovo se ve eclipsado por los desafíos en Irak e Irán. Sorprendentemente, sin embargo, la política de Washington irrita la afirmación de que el nation-building en los Balcanes -- incluyendo la catastrófica división de Bosnia-Herzegovina -- ha tenido éxito y proporciona un fructífero ejemplo a ser copiado en Bagdad. Los musulmanes bosnios, al igual que los albano kosovares y los croatas, dicen lo contrario -- que su confianza en que la intervención extranjera les beneficia se ha evaporado mientras contemplan la incompetencia de la ONU y de la Unión Europea a la hora de tratar con ellos, o cosas peores.
 
La dejadez a la hora de responder a las intrigas de Putin en los Balcanes solamente va a instar a un nuevo imperialismo ruso por todas partes. Rusia también bloquea políticas comunes internacionales en Irán y Birmania. Las elecciones al parlamento ruso llegan el dos de diciembre de este año, seguidas del vencimiento de las negociaciones de la ONU en Kosovo el 10 de diciembre. La política norteamericana debe ser consistente y tener principios, y no debe ceder espacio ante las maquinaciones de Putin en Kosovo, a menos que quiera que una revitalizada ofensiva exterior por parte de Rusia mine la tendencia al alza de la libertad en lugares lejos de, y mucho más prominentes que, los pequeños estados de la antigua Yugoslavia.


 

 
 
Stephen Schwartz es Director Ejecutivo del Centro del Pluralismo Islámico de Washington y periodista autor (entre otros libros acerca del islam y sus subdivisiones y diferencias) del bestseller “Las dos caras del islam: fundamentalismo saudí y su papel en el terrorismo (Doubleday). Tras ser editor de opinión y columnista del San Francisco Chronicle durante 2 años y secretario del sindicato de periodistas de San Francisco, sus artículos han aparecido en The New York Times, The Wall Street Journal, el New York Post, el Los Angeles Times, el Toronto Globe and Mail y muchos otros. Como periodista destacó especialmente en la cobertura de la guerra de Kosovo, y desde entonces se ha convertido en uno de los principales especialistas en la región de los Balcanes y su relación con el islam.