Propaganda informativa

por Alberto Acereda, 20 de diciembre de 2005

Escribíamos en nuestra anterior colaboración que el futuro inmediato -y a largo plazo- de la estabilidad mundial pasaba por la implantación de la democracia en Irak. En ese avance hacia la democratización de aquel país, tiranizado durante varias décadas, el pasado 15 de diciembre el mundo fue testigo del éxito de unas elecciones limpias y libres. Es así como vamos teniendo la perspectiva histórica de lo que significa Irak para el futuro de la civilización y la importancia de seguir apoyando a Estados Unidos en esa guerra contra el terror. Los avatares del siglo XX, todavía cercanos, permiten darnos cuenta de que el modelo democrático norteamericano fue, es y será parte importante de esa historia de la Libertad y del futuro en democracia de millones de seres humanos. De los afganos y de los iraquíes, desde luego.
 
A nivel internacional, sin embargo, seguimos presenciando el machacar mediático diario de quienes odian y atacan el ideario de la derecha norteamericana. En el caso interno de Estados Unidos, no se trata únicamente de una oposición política -siempre necesaria en toda democracia legítima- sino de un partido que, apoyado por buena parte de los medios de comunicación, niega sistemáticamente los éxitos de la Administración Bush. Por eso advertimos de la necesaria prevención ante las informaciones ya que el permanente ataque a la derecha norteamericana procede de una sustancial propaganda informativa. Si recordamos las tesis ideadas por el marxista italiano Antonio Gramsci para utilizar el elitismo de los “intelectuales” como elementos para desarrollar una maquinaria propagandística eficaz, entenderemos la base de algunas siniestras falacias mediáticas de esa progresía que desde el mismo Washington se extiende  internacionalmente.
 
La escondida agenda de algunos medios de comunicación
 
Resulta importante no perder de vista las agendas de los medios de comunicación de la progresía para entender el contexto en el que sus  noticias vienen dadas. En el marco mediático norteamericano se habla de una “Mainstream Media”, o sea, las cadenas de noticias que han sido las vistas normalmente por la ciudadanía y que se juzgan como las acordes con la opinión pública general. Nos referimos a las grandes cadenas nacionales estadounidenses: ABC, CBS, NBC y algunas otras como MSNBC, la CNN y sus sucursales mundiales. Estas cadenas fueron los emporios informativos que, por ejemplo, en las noticias nocturnas, albergaban la presencia del trío de ases anticonservadores que componían hasta hace bien poco Peter Jennings (ABC), Dan Rather (CBS) y Tom Brokaw (NBC).
 
Lo curioso es que con la llegada de las nuevas tecnologías, la llamada “blogosfera” y la creciente “New Media” -que ha incluido otras cadenas como “Fox News” y otros “blogs” y tanques de información por “internet”- la población norteamericana ha ido cayendo en la cuenta de que aquel periodismo monopolizado por aquellas cadenas y sus periodistas -casi todos de conocido talante antiliberal y anticonservador-, la  considerada “mainstream”, no era realmente representativa de la ciudadanía y de los valores mayoritarios del pueblo medio norteamericano. Más bien, aquellas  cadenas ofrecían las noticias con un tono alejadísimo del pulso general y nacional estadounidense, y más aún de los ideales de la derecha liberal-conservadora. De ese modo, la “Mainstream Media” es la misma que está ya siendo paulatinamente desbancada por otros medios de la “New Media”, como ya demostró Brian C. Anderson en su interesante libro que reseñamos en otro lugar.
 
Todos aquellos medios de comunicación norteamericanos que tanto perdonaron la irresponsabilidad y la ineficacia de Bill Clinton para combatir el terrorismo resultan ser hoy los mismos que no ceden en una campaña de permanente descalificación contra George W. Bush. La cadena de televisión CNN se lleva la palma como paradigma de dicho esfuerzo contra la actual Administración y, en general, contra la derecha norteamericana.  Es por eso que todas esas cadenas tan opuestas a la derecha política han ido cayendo estrepitosamente en sus niveles de audiencia, signo claro de que la ciudadanía -contra el pensar del elitismo de dichas cadenas- es bastante más inteligente de lo que pueda parecer. Lo mismo podríamos decir de algunos diarios de circulación nacional, como el pomposo The New York Times, cuyas pérdidas económicas y de venta periódica son ya sustanciales. Quizá eso explique las sensacionalistas portadas con filtraciones y los lamentables editoriales de los últimos tiempos.
 
Es sintomático que ninguna de esas cadenas de televisión haya podido superar en audiencia máxima a la cadena televisiva “Fox News Channel”, el llamado “efecto Fox”, con los consiguientes ataques a la cadena de Rupert Murdoch. Para poner un paralelo al lector español, “Fox News” vendría a coincidir en buena parte del recuento de las noticias con los planteamientos que se detallan diariamente en los programas informativos de la Cadena COPE y que el oyente español escucha con cada vez mayor atención y creciente interés. A “Fox News” se le vilipendia diariamente, pero sigue creciendo. Lo mismo a la Cadena COPE, y también sigue en aumento. Y todo eso, a pesar de los acosos y boicots del socialismo y el independentismo secesionista y dictatorial contra la cadena. Apuntado esto, el lector español no puede dejar de observar las alianzas mediáticas y la cercanía de la CNN con la línea del Grupo Prisa en España (como muestra la denominación “CNN Plus”) en el intento sistemático de dibujarle al espectador una realidad virtual, muy lejos de la realidad auténtica sobre la vida política norteamericana y, por supuesto, en cuanto a la cuestión de Irak.
 
Nos centraremos aquí en la CNN, fuente de exportación de un marcado odio a la derecha norteamericana y particularmente a George W. Bush. En los días anteriores a las elecciones de Irak, por ejemplo, aparecía el presentador de la CNN Lou Dobbs -frustrado hombre de negocios- con espacios y segmentos televisivos en dicha cadena donde se leía con grandes letras en la parte inferior de la pantalla: “Bush: A Failed Presidency?” (“Bush: ¿Una Presidencia Fallida?”). Lo mismo ocurre con el clintoniano comentarista político, Bill Schneider, recuperado ya del post-trauma electoral de 2000 y luego de 2004, que sigue todavía buscando explicaciones para el ya más que verificado repunte de popularidad de Bush en las encuestas en el mes de diciembre. Sin tiempo todavía de mostrar el efecto de las exitosas elecciones en Irak, la subida del porcentaje de aprobación de Bush no se debe sólo ya a la encuesta FOX, sino también a la encuesta MSNBC y a otras varias que, pese a todo, han tenido ya que reconocer el despegue y repunte en popularidad de Bush. Para contrarrestarlo, sin embargo, el éxito de las elecciones se ha querido nublar ya con filtraciones y noticias de The New York Times y sobre la cuestión de la Ley Antiterrorista (el “Patriot Act”).
 
Durante el año 2005 hemos contemplado tres elecciones democráticas en Irak. En todos los casos, la CNN -y con ella una buena parte de medios de comunicación- persistieron en el perpetuo acoso contra las políticas de la Administración Bush. En los últimos meses, los voceros de la CNN y su innato antimilitarismo se empeñaron -día sí y día también- en sacar a la luz la brutalidad de los soldados norteamericanos. Las palabras “tortura”, “abuso” y otros calificativos nefastos eran y son siempre -según la CNN- hechos producidos por las tropas norteamericanas y nunca por las dictaduras y el terrorismo islámico-yihadista al que el mundo libre está combatiendo tras el 11-S. Las mismas historias que cuestionaban la honradez de las tropas y el uso de la tortura y de los malos tratos han recorrido las agencias de noticias y han llegado -con gran regusto de las izquierdas- a los rincones de todo el planeta.
 
Es por ello precisamente que vale la pena acercarse detenidamente a lo que hay detrás de cadenas como la CNN y sus medios de comunicación afines para entender de dónde vienen las fuentes de información que el ciudadano recibe. En el caso español, se explica así también el talante de las noticias que los españoles reciben al hilo de los grupos de comunicación y el “ente público” manipulados y ligados al socialismo y a otros aliados mediáticos y políticos. Después de Abu Ghraib vino la historia del Corán en el retrete -que resultó ser mentira-. Tras los calores del verano, apareció como caído del cielo para la izquierda anti-Bush el Katrina y la cantinela de la inoperancia de Bush, acusado de racista y hasta de volar los diques de contención en Nueva Orleáns. Entendimos entonces la propaganda informativa por la que se silenciaron todos los errores de los gobiernos estatales y locales al ser estos precisamente del partido opositor a Bush. Cuando lo de Katrina perdió fuelle, volvimos a escuchar las tergiversaciones mediáticas sobre Irak y sobre las armas de destrucción masiva. Y así hasta hoy.
 
Cada vez, en fin, resulta más claro que el hecho de que no aparecieran dichas armas de destrucción masiva no significa necesariamente que no existieran, y más cuando la gran arma de destrucción de inocentes se llama Sadam Husein, como van probando los testigos del juicio de Bagdad. Hoy sabemos también que la cuestión de las armas fue sólo una de las dieciséis razones por las que el Congreso aprobó casi unánimemente el envío de tropas norteamericanas a Irak, después de varias resoluciones de la ONU incumplidas por Sadam Husein. Cuando lo de las armas resulta ya inoperante, las falacias mediáticas siguen aireando todo cuanto sea necesario para atacar a la Administración Bush. Por eso en estas últimas semanas hemos leído y escuchado mil cosas sobre las  filtraciones de la CIA (con el ridículo caso de Valerie Plame) sin investigarse seriamente aún si acaso dentro de la misma CIA hay sectarios empleados federales dedicados a ir contra el propio Presidente en lugar de ejercer su labor de inteligencia.
 
Cuando la inconsistencia del caso Plame resultó demasiado obvia, las falacias mediáticas iniciaron una nueva campaña propagandística. Supimos entonces de Tom DeLay -encausado pero dado ya como acusado por la prensa-. Luego apareció “Scooter” Libby, que fue más de lo mismo. Después, han aparecido unos supuestos vuelos secretos de aviones de la CIA y otras torturas  norteamericanas más en las llamadas “cárceles negras”. Tanto ha sido el bombo que hasta Condoleezza Rice salió a desmentir los hechos y a explicar en su gira Europa la falacia de esas historias. Todo eso ocurría a un tiempo en el que se escuchaban airadas protestas de los líderes del Partido Demócrata sobre la necesidad del repliegue de tropas en Irak. En este otoño político hemos visto, en fin, todos los folletines al uso y tan del gusto de los enemigos de la derecha liberal-conservadora. Pero la economía sigue subiendo, en Irak el pueblo ha elegido por votación libre un gobierno democrático.
 
Cuando hace unas semanas el Presidente Bush concluía uno de sus discursos sobre la economía norteamericana, con los nuevos y excelentes datos en materia de creación de empleo, inflación y otros indicadores económicos, el periodista de la CBS, Bill Plante, le espetó a la cara directamente con una pregunta sobre otro caso que pretendía dejar mal al Ejército y a la Administración Bush: “¿Qué pasa con eso de plantar propaganda pagada en la prensa iraquí, Sr. Presidente?”, preguntó aceleradamente el periodista. Esa pregunta ilustraba el permanente desdén hacia Bush y la realidad virtual que se pretende crear en la conciencia del ciudadano medio.
 
Toda esta propaganda es la misma que se torna contra Bush por parte de la CNN cuando la izquierda norteamericana y sus medios de comunicación aliados son capaces de ignorar hasta los mejores e incontestables logros de una pujante economía a fin de desinformar al público, como ya han documentado Larry Kudlow en las páginas del National Review y Hugh Hewitt en las del Weekly Standard con todo tipo de detalles económicos. Por eso resultaba tan ridícula y tan fuera de lugar la pregunta de Bill Plante. Verificaba que al no importar la realidad auténtica de lo que se trataba y se trata es de inventar otra realidad virtual a gusto de su propia ideología antiliberal y anticonservadora.
 
El pasado mes de noviembre la cadena CNN tuvo que reconocer de forma patética que durante la retransmisión de un discurso del Vicepresidente Dick Cheney, aparecieron constantemente y de modo subliminal en la pantalla, varias X negras sobre la cara del Vicepresidente. A tanto llega el descaro, la falsificación y la manipulación de estos héroes de la comunicación de la CNN. Veamos quiénes son y lo que hicieron en los años del Bagdad de Sadam Husein. ¿Conocen a Eason Jordan? Es un “periodista” de la CNN -jefe ejecutivo de información de esa cadena y miembro del gabinete en Bagdad- que admitió en una columna de escándalo para The New York Times en 2003 que desde Bagdad la CNN no informaba de ninguna de las historias y episodios de brutalidad y abuso por parte de Sadam Husein. La razón era simple: de haberlo hecho, el propio dictador les habría -cuando menos- expulsado de Irak a él y a los corresponsales de la CNN. 
 
Tal era aquel Irak supuestamente pacífico y libre del que daba cuenta siempre la CNN en sus emisiones. Hoy sabemos, porque así lo reconoció Jordan, que todo era una falsificación de la realidad por parte de una cadena de televisión que aceptaba autocensurarse en lugar de informar al espectador sobre la realidad. El 16 de abril de 2003, el tal Eason Jordan fue entrevistado en el canal de televisión norteamericano C-SPAN, en el programa “Washington Journal”. Cuando se le preguntó si para dicho gabinete de la CNN en Bagdad era normal y aceptada esa autocensura, Eason Jordan, afirmó: “Todos los iraquíes sabían que vivían en una dictadura tiránica regida por el terror. Yo conté unas cuantas historias en The New York Times. Hay cientos de periodistas que conocen historias similares pero que no han dicho nada y no creo que nunca lo hagan debido a los problemas que yo mismo he tenido por contar esas historias que son absolutamente ciertas. Y hubo millones de iraquíes que conocían historias como estas y estoy seguro de que finalmente dirán algo cuando se vean en la posibilidad de hacerlo”.
 
Las palabras de Eason Jordan significaron el reconocimiento público del cobarde silencio, expreso y voluntario, de la CNN respecto a los abusos del régimen iraquí para poder seguir en el Irak de Sadam Husein. A Jordan finalmente lo presionaron desde la CNN para dejar la compañía. El problema es que, a la luz de lo confesado por dicho ejecutivo, sabemos que la CNN no sólo omitía la realidad sino que, indirectamente, servía de plataforma de propaganda para el mismo Sadam Husein.
 
Recordemos también a Nic Robertson, otro corresponsal de la CNN en Bagdad y su participación en el programa “American Morning” -el 14 de octubre de 2002-, al relatar el cariño del pueblo iraquí por su carismático líder. Afirmaba entonces el acobardado corresponsal: “El respeto iraquí por el Presidente Sadam Husein es difícilmente más expresivo que cuando su líder convoca un referéndum”. Y a continuación Robertson traía las declaraciones de un artista iraquí, Abdul, que elogiaba a Sadam Husein y afirmaba su amor y cariño hacia el líder. Seguidamente se mostraban unas imágenes de los jóvenes estudiantes iraquíes de la Escuela de Arte de Bagdad, según el corresponsal, muy deseosos todos de votar a favor de Sadam Husein. Esta es la falacia mediática y la falsificada propaganda que la CNN realizó durante varios años por y para Sadam Husein.
 
Otro ejemplo, entre varios, es el del reportero de la Agencia Reuters, Nadim Ladki, quien el 14 de octubre de 2002 y también desde Bagdad, se esforzaba en elogiar a Sadam Husein calificado como “el líder veterano que dicen amenaza al seguridad mundial”. Proseguía el periodista relatando en su crónica la felicidad de los 99% de iraquíes que votaban a su querido líder.
 
Entenderá el lector la gravedad que implica la falta de profesionalidad informativa. Pese al posterior arrepentimiento de Eason Jordan y de otros varios individuos, vale considerar lo que todo esto significa para comprender las tergiversaciones mediáticas constantes a las que nos someten algunos medios de comunicación, entre ellos la CNN. ¿Para qué tenía esa cadena un gabinete de corresponsales allí si no querían (o no podían) contar la realidad? Entretanto, el público norteamericano -como el español y el internacional- se rumiaba el cerebro pensando que quizá Sadam Husein no era tan malo como nos decían Bush y los “malvados neoconservadores” de la derecha norteamericana. Eso, claro está, sin querer recordar que lo mismo que dijo Bush ya lo había dicho Bill Clinton, aunque éste sin ocuparse jamás de solucionar el problema bajo la corrupta ONU y los problemas legales del asunto de la becaria.
 
La palanca (des)informativa transatlántica
 
Las falacias mediáticas y la manipulación de la realidad como arma propagandística es uso permanente de los regímenes antiliberales. Hemos escrito ya que las izquierdas viven precisamente de la negación del ideario de la derecha liberal-conservadora. Es así como la palanca informativa adquiere niveles transatlánticos y las manipulaciones informativas tienen un origen que se expande rápidamente. Hoy sabemos ya con gran certeza la verdad y los detalles de las masacres realizadas en Irak por la dictadura de Sadam Husein. Cuando el juicio concluya entenderemos mejor que el mundo está más seguro sin tiranuelos de machete como Husein. 
 
Resulta curioso que todavía algunos -incluida la CNN- tengan dudas de los avances realizados en Irak. El gozo de estos informadores -como de los políticos opuestos a la Administración Bush- es que falle algo en Irak, que la “insurgencia” triunfe frente a los malignas tropas invasoras. Pese a lo que quieran decirnos los enanos morales de la progresía internacional, siempre del lado de los criminales y nunca junto a las víctimas, Irak -como Afganistán- son dos éxitos de una administración que -con sus errores y aciertos- está llevando la democracia a Oriente Medio. Al lector español no le será muy difícil reconocer bien estas actitudes de las izquierdas de estar siempre más cerca de los terroristas que de las víctimas.
 
A la luz de la farsa que suponían, por tanto, las informaciones de la CNN en los años del Bagdad de Sadam Husein cabe preguntarse: ¿ocurrirá ahora lo mismo con la CNN y con las informaciones que recibimos desde sus gabinetes en otras partes de mundo, incluidos los parajes castristas y tropicales de La Habana, las calles solidarias del Caracas chavista? ¿Veremos pronto lo mismo en la Bolivia antiamericana con la que nos amenaza Evo Morales y los corruptos del indigenismo mal entendido? ¿Y no ocurrirá lo mismo también en otros cientos de lugares y centros donde la CNN y sus acólitos corresponsales nos cuentan las cosas a gusto y medida de estos  diletantes de la información a medias? ¿No resulta paradójico que sean precisamente los países más opuestos a la liberación de Irak -Francia, Rusia… y la misma ONU- por las tropas aliadas, los que más adentro han participado en los escándalos del Programa “Petróleo por Alimentos”?
 
Vale preguntarse si no resulta todo esto muy en la línea de lo que cansinamente comprobamos diariamente en la manipulación a que se somete a la información por parte de las sesgadas cadenas televisivas españolas al tratar de Estados Unidos y particularmente de Bush. Guardando las distancias, así nos lo parece. Basta mirar al llamado “ente público” de RTVE, con la pareja televisiva de enviadas especiales a Estados Unidos, siempre tan dispuestas a contarnos las cosas del modo que más y mejor pueda revertir contra la Administración Bush. A diferencia de Eason Jordan en Bagdad -y que esto no sirva de excusa-, las dos enviadas pueden decir lo que quieran porque en Nueva York y en Washington viven en una democracia que las protege. Lo lamentable es el sectarismo informativo aliñado con la sonrisa cómplice de una lamentable dirección y presentación de los informativos públicos.
 
Por este camino, los amigos mediáticos de las izquierdas políticas transatlánticas beben del mismo circo informativo al servicio de los correspondientes partidos. Lo que el Grupo Prisa y sus cadenas y medios hacen para apoyar al socialismo y atacar a la derecha en España corre muy paralelo a lo que la CNN y sus cadenas amigas hacen con el Partido Demócrata en sus furibundos y permanentes ataques contra la derecha norteamericana y la Administración Bush. Es la guerra de las ideas, pero en un caso con instrumentos falseados y tergiversaciones mediáticas que resultan cada vez más vergonzosas y forman parte de aquella propaganda que tan maliciosamente supo ver el marxista italiano Antonio Gramsci, según indicamos al inicio.
 
Unos días antes de las recientes elecciones en Irak, la CNN y sus cadenas amigas pusieron en antena varios espacios televisivos informando sobre el hecho de que aparentemente el Pentágono estaba comprando espacio en la prensa iraquí para contar los hechos de modo positivo para el Ejército Norteamericano. Por parte de los políticos demócratas, siempre tan bien avenidos con la CNN, ya ha habido peticiones al Congreso y al Senado para montar investigaciones sobre si fue ése o no el caso. Todo son siempre investigaciones, comisiones… Cuando el tema resultó vago por inconsistente, saltó la historia de la pena de muerte -bajo excusa de un asesino convicto como Stanley “Tookie”Williams en San Francisco-. Ante el escaso interés de la ciudadanía por el regreso de las tropas a Estados Unidos, y ante los vagos intentos de encausar a la Administración Bush, cualquier cosa servía a estas cadenas antes de las elecciones de Irak para desviar la atención de los hechos y de las realidades. Se trataba de la misma táctica, paralela, de la propaganda socialista española, más pendiente de hablar del “Prestige” o de la gira africana de Moratinos que de explicar claramente el contenido del nuevo “Estatut” para Cataluña o el fracaso de España en la Europa de los fondos de cohesión.
 
Vista la calaña que pulula en la desinformación progresista, no extraña así que desde el ataque terrorista en Londres el pasado julio, el programa CNN Presents airee con mucha frecuencia un lamentable documental “Winning the War on Terror” (“Ganando la Guerra del Terror”). Se trata de un espacio de una hora de duración -repetido varias veces en un mismo fin de semana- donde el presentador David Ensor pone ante los ojos del cándido espectador una imagen muy sesgada del terrorismo islámico-yihadista. En uno de los segmentos de dicho documental -segmento de apenas diez minutos- aparece el ministro socialista de Justicia, Juan Fernando López Aguilar explicando algo del 11-M y adornado todo con un vendedor marroquí afincado en Granada que elogia con ardor a José Luis Rodríguez Zapatero y los avances logrados en España bajo su Gobierno.
 
Pese a los intentos de la CNN por aliarse como sea con quienes atacan a Bush, los pocos norteamericanos que saben realmente quién es el tal Zapatero entienden -cuando no lo confunden con Zapata- que es aquel socialista que ganó las elecciones gracias a la capitulación de media España ante el terrorismo: el mismo que traicionó a Estados Unidos y que mandó a los soldados españoles salir corriendo cobardemente de Irak. El mismo Zapatero que, ante la cada vez más negativa visión de la ciudadanía sobre su Gobierno, acaba de iniciar en días pasados otra patética campaña más de desinformación. Con el apoyo mediático, en lugar de tratar cuestiones de la actualidad nacional e internacional el gabinete Zapatero vuelve los ojos a hechos de la pasada Administración, la de Aznar y la derecha. En su interés por desviar la atención de los ciudadanos hacia hechos pasados -justo los que manipularon y que tanto les sirvió en aquellos días de calle y pancarta junto al mínimo comunista Llamazares-, se recuperan ahora unas cintas sobre el caso del hundimiento del “Prestige”.
 
Así de lamentable resulta la campaña de desinformación transatlántica, también en España, donde con el amparo de sus comparsas mediáticos, todo vale y todo cuela. Coincide todo esto, además, cuando en España se daban a conocer unas filtraciones al grupo mediático Prisa de los informes confidenciales sobre Irak. Los dos  partidos de la izquierda española, Izquierda Unida y el Partido Socialista, habían encabezado una petición para desclasificar los documentos sobre los ataques que sufrieron las tropas españolas en Irak antes de su pérfida retirada. Sin dar tiempo a que tal desclasificación siguiera el lógico proceso parlamentario y democrático, esos papeles los airearon ya los aparatos del grupo Prisa, el diario El País y la cadena de radio SER (por cierto, la que más dinero recibe del gobierno socialista). Según esa documentación, tildada en El País como informe confidencial, los soldados españoles sufrieron cuarenta ataques en los últimos cuarenta y ocho días en Irak (desde el 4 de abril al 21 de mayo de 2004). Parece claro, por tanto, que lo que hay detrás de la publicación de ese informe “confidencial” es -una vez más- el intento de manipular la visión del ciudadano medio y presentarle un Irak caótico para justificar la injustificada salida de Irak del Ejército Español. No puede olvidarse que este es el mismo diario que incluye las sábanas sectarias de otra perla mediática neoyorquina: Seymour M. Hersch. El mismo diario que ataca a la Administración Bush de torturar pero que silenciaba las hazañas de la banda de Interior en los aós del GAL. La cuestión es simplemente convencer a los lectores de lo mal que va Irak, de lo malo que es Bush y cuantos lo apoyan.
 
Afortunadamente, en Estados Unidos observamos que las falacias mediáticas encuentran pronto una respuesta, y más cuando en medio está la seguridad nacional. Abraham Lincoln, uno de los más grandes presidentes que ha tenido la nación norteamericana en toda su historia escribió sin pudor: “Los congresistas que voluntariamente toman acciones durante la guerra que dañan la moral y desacreditan al ejército militar son saboteadores y deberían ser arrestados, exiliados o colgados”. Desde el otro lado de la avenida principal de Washington, Lincoln contempla sentado desde su Memorial la cúpula del Capitolio. Bajo esa cúpula, Lincoln encontraría a varios de esos congresistas y senadores que desacreditan al Ejército de los EEUU amparados por una avalancha mediática como la de la CNN y sus acólitos. Todo esto resulta estremecedoramente preocupante para el ciudadano norteamericano, cuyas respuestas en las urnas son siempre muy reveladoras.
 
No se olvide, como ya apuntamos en otro lugar, el papel que en todo esto juega también el servilismo “progre” de Hollywood, como la actual e incrementada propaganda política que a través del cine recrea -con todo tipo de errores históricos y veladas alusiones- el ahora célebre George Clooney en sus dos últimas películas, tan aireadas también por los medios de comunicación afines. Vale mencionar Good Night, and Good Luck, sobre la “caza de brujas” anticomunista del Senador McCarthy (que lo fue del Partido Demócrata, aunque se silencie) y una sutil insinuación de que las mismas prácticas se usan hoy por parte de la Administración Bush. En esa línea también anda Siriyana, otra película con la idea de la corrupción financiera de los negocios norteamericanos con el petróleo del Golfo Pérsico, con toda la dosis de la CIA, torturas y chantajes. Bien sabemos que son películas, pero explican  que Clooney -como tantos otros progres de Hollywood- no sea precisamente buen amigo de la actual Administración. A esto, añada el lector el servilismo de un director como Steven Spielberg en su más que cuestionable película Munich, a raíz de la masacre olímpica en 1972 y al hilo de una escenificada venganza israelí, que ha irritado a los mismos miembros de su comunidad judía. Finalmente, y ya puestos a mostrar la propaganda política del ellitismo de Hollywood -el mismo que ataca permanentemente a la derecha norteamericana-, ni siquiera entraremos a comentar -para que no se nos tilde de homófobos- la visión “políticamente correcta” de los dos vaqueros que se enamoran en la película Brokeback Mountain.
 
Los líderes de la derecha norteamericana son conscientes del elitismo ridículo de buena parte de los medios de comunicación y de los apoyos de la industria del entretenimiento en Hollywood. Es por ello que se mueven a la ofensiva, no a la defensiva (como suele ocurrir en España), a fin de plantar cara a la demagogia y para hacer públicas las vergonzosas declaraciones de  líderes y políticos populistas como Howard Dean, Barbara Boxer y el mismo John Kerry. El lector puede comprobarlo en este breve vídeo donde se reproducen las opiniones de esos líderes de la izquierda norteamericana y su persistencia en la negatividad, el fatalismo y la mala moral que sus declaraciones generan en las tropas norteamericanas ubicadas en Irak. Este vídeo particularmente ha causado estos días un especial efecto en la sociedad norteamericana que no está dispuesta a perder la batalla en Irak. Por eso escribimos en nuestra anterior colaboración que el futuro pasa por Irak y que el pueblo norteamericano va tomando conciencia de ello. Según indicamos al inicio de esta colaboración, el éxito de estas elecciones en Irak es otro ejemplo más del avance de lo realidad auténtica sobre la manipulación virtual y mediática.
 
Sin embargo, la labor mediática contra el liberalismo conservador y contra Bush en particular no cesa. En la misma semana de las elecciones en Irak la revista Newsweek salía a los quioscos con una portada donde Bush aparecía caricaturizado en el interior de una burbuja viviendo en su propio mundo y con un titular de portada “Bush´s World. The Isolated President. Can he Change?” (“El mundo de Bush. El Presidente aislado. ¿Puede cambiar?”). El artículo principal era “Bush in the Bubble”, o sea “Bush en la burbuja”. Así es como los medios afines a la CNN y al Partido Demócrata perciben a Bush: el presidente alejado de la ciudadanía, el que no sabe lo que está pasando, el ignorante, etc. Los votos recibidos por el Presidente y las elecciones de Irak parece que demuestran lo contrario. Cabe señalar que el autor de tan descaminado artículo es Evan Thomas, el nieto de Norman Thomas, fundador del sindicato ACLU (“American Civil Liberties Union”) -del que valdrá la pena escribir algún otro día como estereotipo del vestigio de las izquierdas todavía enquistado en la sociedad norteamericana-. Las denuncias del tal Evan Thomas contra Bush y la Guerra de Irak son las mismas, casi calcadas, que las de su abuelo contra el imperialismo norteamericano en la I Guerra Mundial.
 
No hace falta recordarle al lector que la última vez que la revista Newsweek publicó un número dedicado a un presidente viviendo en otra burbuja y desconectado de la ciudadanía -igual que ahora se afirma de Bush- fue en su número dedicado a Ronald Reagan en septiembre de 1981 bajo el título “A Disengaged Presidency” (“Una presidencia desacoplada”). La historia ya nos ha mostrado quién se equivocaba. Desde luego, no fue Reagan sino la propia Newsweek. Por eso, no debe resultar muy difícil para cualquier lector avispado entender que precisamente volvemos a repetir ahora las mismas fórmulas del pasado contra la derecha. El modelo de censura del artículo de Newsweek contra Reagan en 1981 es el mismo que ahora, en 2005, contra Bush; bastaría con cambiar los nombres y veríamos que estos grupos mediáticos no cambian. Su único objetivo es acabar con el ideario de la derecha. Son las falacias mediáticas permanentes contra los líderes de la derecha liberal-conservadora, las mismas acusaciones que vimos contra Thatcher, contra Reagan, contra Bush, y en España… contra Aznar. No nos cansaremos de escribirlo porque es sobre esa estrategia contra la que no cabe otra opción que contar la verdad.
 
Ahora, cuando los medios de comunicación -esos que tanto se autoproclamen democráticos- deberían estar celebrando el éxito de las elecciones democráticas en Irak, ahora cuando los editoriales y columnas de opinión deberían reconocer que -pese a los lógicos desaciertos de toda administración- la democracia en Irak ha dado un paso más en su implantación, esos elogios a Bush se escamotean y se sustituyen por nuevos temas aliñados con filtraciones. El del día después de las elecciones, la contraseña ha sido acusar a Bush de usar la Ley Antiterrorista (el llamado “Patriot Act”) para quebrantar las libertades de los ciudadanos. Desde el día siguiente del éxito electoral en Irak, hemos empezados a leer otra vez nuevas acusaciones contra Bush y contra el Ejército de EEUU, la tortura, los abusos…
 
El último intento es la supuesta “ilegalidad” de las escuchas secretas telefónicas aprobadas por Bush y que The New York Times se apresuró a sacar en portada -con sutil distorsión y falsedad de la realidad de los hechos- al día siguiente de las elecciones. Es, como hemos escrito, cada día una cosa nueva -contada a su manera- con tal de desviar la atención de los éxitos y generar dudas en torno a la derecha y a Bush. No nos cansaremos de poner en guardia al lector para saber a lo que se enfrenta con estos tanques mediáticos y esa cultura de la desinformación que procedente de las izquierdas norteamericanas llegan a las agencias de noticias del mundo y también a España a través de un alarmante sectarismo mediático.
 
Terminaremos señalando que los aires van cambiando en el mundo. En Canadá y en Gran Bretaña se apunta ya a un resurgimiento de jóvenes políticos en las filas de la derecha liberal-conservadora. Son los aires que -a pesar de los esfuerzos de las incansables falacias mediáticas- vienen desde  Estados Unidos y van cuajando ya en buena parte del mundo. Pero vamos viendo el triunfo de la derecha en la batalla de las ideas y el reconocimiento de que hay un futuro con nuevos líderes, llenos de juventud y entusiasmo, que se revuelven contra las lacras de las izquierdas, de lo políticamente correcto, del artificial multiculturalismo y de la mal llamada “socialdemocracia”.
 
Una observación final
 
Sería deseable que los políticos de la derecha española fueran tomando nota de la necesidad de actuar con firmeza y visión hacia el futuro. Hace falta apoyar la puesta en práctica inmediata de los grandes principios del ideario liberal-conservador, por encima de estériles disputas internas de poder y de mediocres líderes en ciertas comunidades de España, particularmente en Cataluña donde la derecha política requiere de urgente cambio, de más claridad y de nueva dirección. No realizar ese cambio llevará a la pérdida de votos en aquella comunidad donde hay miles de votantes deseosos de apoyar al Partido Popular.
 
Frente a la peste sectaria del socialismo gobernante más mediocre e ineficaz en la historia de España, frente al catastrofismo y la demagogia de unos líderes socialistas enquistados durante años en la manipulación mediática y en el mal uso de la democracia (con los antecedentes conocidos de corrupción y terrorismo de estado), hacen falta nuevos aires y más claridad de ideas en la derecha española. Sería deseable que el Partido Popular despertara de una vez del  letargo que va siendo ya patológico en su seno y que responda con ideas y proyectos a la amenaza real de las falacias mediáticas controladas por los figurones de la izquierda de siempre.
 
Para ello no se puede seguir viviendo a la defensiva, sino que hay que salir ante los medios de comunicación con respuestas directas y contundentes. El público espectador y votante de la derecha española sigue aguardando fielmente, elección tras elección, pero falta unir fuerzas, y sobre todo más energía y talento para generar verdaderas ideas. Si a la inacción se añaden las falacias mediáticas del socialismo, podemos entender la situación a la que se enfrenta la derecha española.
 
La derecha norteamericana y la consistencia de la actual Administración Bush es un ejemplo que, sin duda, puede y debe servir a la vida política española para hacer frente a las tergiversaciones mediáticas. Hasta que no se haga algo en este sentido en España, como sí se va haciendo ya con eficacia en Estados Unidos por parte del Partido Republicano, resultará muy difícil contrarrestar los falsos aires informativos que dominan los medios de comunicación en España. Frente a los ecos socialistas del sempiterno “no pasarán”, la derecha debe poner ideas; frente a las acusaciones en boca de un alcalde exministro de Justicia de un “golpe civil” de la derecha española, todavía faltan más ideas y menos complejos. Con claridad de ideas se asegura el futuro y se acaba con el torrente de falacias mediáticas.
 
Pero para hacer todo esto, para mover adelante el entusiasmo de la ciudadanía y de los votantes de la derecha española hace falta iniciativa, una verdadera y sana rebelión democrática como la que estos días comentaba en estas páginas ejemplarmente Ignacio Cosidó. Pero hace falta también unir fuerzas en los medios de comunicación allegados al ideario de la derecha. En España habrá de llegar algún día una suerte de  “Fox News Channel” en español, con personalidades que en la línea de un Rupert Murdoch y un Roger Ailes inviertan en canales que contrarresten las falacias mediáticas de la izquierda. Mientras eso no ocurra y mientras no haya un intento de ir por ese camino limitándonos al esfuerzo de unos cuantos tanques de ideas, algún diario electrónico de valor y una cadena de radio, los aires en España tardarán bastante en cambiar. Quizá se estén dando ya esos primeros pasos y en esa labor se requiere de un compromiso tan deseable como necesario.

 
Alberto Acereda es catedrático universitario, escritor y analista político, especialista en temas culturales transatlánticos.