Política y coraje
por
Rafael L. Bardají,
16 de Enero de 2012
(Publicado en La Gaceta, 16 de enero de 2012)
A mí, como a cualquier hijo de vecino, no me agrada que Hacienda me exprima. De ahí que las primeras medidas económicas del gobierno no me entusiasmaran. Dicho lo cual, entiendo que la tiranía de los números es implacable y que la factura con la que se ha topado abierta y ocultamente este gobierno exigía medidas drásticas. Tanto como para abandonar el ideario de no sólo no subir sino recortar los impuestos directos.
Ahora bien, si hay que tragarse los sapos y poner la teoría económica en el congelador hasta mejores condiciones, lo que le pediría a gobierno es una cierta compensación psicológica. Que se vea que gobierna y manda. Y no contra los suyos. Por ejemplo, cada vez que enchufo los telediarios de las cadenas públicas, me pregunto si en verdad ha habido elecciones en España.
Es cierto que los funcionarios tienen que ser fieles servidores del Estado. Pero no siempre se comportan neutros y con lealtad. El ministro de defensa cesó de inmediato al Jemad, un profesional de la milicia del que no me extrañaría verle en las listas de Chacón contra Rubalcaba. Ignacio Cosidó, el nuevo director general de la policía ha ido aún más lejos con lo que era un clamor: ha relevado prácticamente en su totalidad a los mandos del PSOE. En momentos de cambios trascendentales, hacer visible el cambio también es una necesidad política. Y por ello es digo de elogio su coraje, creo.
Máxime si, como digo, los votantes que han aupado al Partido Popular al poder se las ven y se las desean para comprender por qué se les vuelve la vida más difícil desde el gobierno aunque sea temporalmente. Otro cambio, el cambio tan esperado, justo y necesario para nuestra España, es lo que ansían ver. ¿Para cuándo, por ejemplo, el relevo en el CNI?
El zapaterismo se ha incrustado en el Estado. Si tenemos el desincrustador, pues que lo desincruste.
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