¿Partidos autistas?

por Lourdes López Nieto, 23 de febrero de 2011

(Publicado en El Imparcial, 12 de enero de 2011)
 
El sujeto de esta reflexión son los partidos políticos españoles que han sido noticia al final y comienzo del año. El predicado se refiere a la acepción según la cual el autismo es un “Síndrome infantil caracterizado por la incapacidad congénita de establecer contacto verbal y afectivo con las personas y por la necesidad de mantener absolutamente estable su entorno” (DRAE). ¿Padecen este síndrome los partidos? El año terminó con un desencuentro entre los dos grandes partidos en la comisión sobre el pacto anti-transfugismo, por el “y tu más… /… tu también”. El inicio de año ha traído el abandono del partido de un ex ministro y alto dirigente del PP y la expulsión de otro ex ministro socialista. Ambos tipos de movimientos han sido frecuentes en la historia reciente de los partidos. Sin embargo, no lo es el significativo grado de desapego ciudadano, no solo hacia el gobierno, lo que sería normal en un contexto de grave crisis, sino también hacia los partidos y sus dirigentes (políticos, clase política). El último barómetro de 2010 del CIS, recogía la creciente opinión crítica de los españoles respecto a los partidos: un 10,5% opinaba que los “partidos, los políticos/clase política, gobierno” constituye hoy el principal problema, cifra que alcanza el 26% si sumamos a quienes lo consideran el 2º y 3º. Lo singular es que este asunto ocupa hoy el lugar de ETA y luego de la inmigración. La situación política es considerada mala /muy mala para un 67%. Como es lógico este porcentaje alcanza el 85% entre los votantes del Partido Popular y un 56% entre los del PSOE. No preguntan si podrán mejorar los problemas de políticos/partidos en 2011, aunque dicen que solo afecta personalmente a un 8% y la política solo importa mucho/bastante a un 1/3.
 
Esta aparente paradoja quizá explique que los partidos que en teoría se preocupan tanto por las encuestas, de hecho las obvien en lo que a ellos concierne. También es posible que en pleno debate sobre la necesaria y profunda reforma de las pensiones los políticos no hayan planteado modificaciones de las suyas. El mismo argumento serviría para explicar que en pleno recorte de todo tipo de gasto público el gobierno no convoque para el 22 de mayo las reclamadas elecciones generales como ya han hecho otros países en época de crisis. En contraste con afirmaciones periodísticas, se pueden celebrar conjuntamente todas las elecciones si el gobierno quiere aplicar el mismo rasero a quienes representa y a quienes recorta prestaciones y aumenta los impuestos. Se podrían ahorrar muchos miles de millones de euros. El hipotético contagio electoral y la consiguiente nacionalización de los resultados de las autonómicas y municipales se produce aun cuando no son simultáneas. Si esto ocurriese, se reforzaría los citados comportamientos lo que puede ser muy útil en época de crisis ya que para superarla se requiere gobiernos sólidos.
 
La constitucionalización de los partidos, las listas cerradas y bloqueadas y otras normas electorales y de financiación han conformado a los partidos como los actores políticos hegemónicos. Algunas reglas se importaron de los sistemas políticos que habían pasado etapas autoritarias. Pero la creciente identificación con prácticas del modelo cartel de partido se refuerza casi a diario y pasan desapercibidas. Uno de los últimos ejemplos lo constituye la reciente reforma de las papeletas del Senado: se elimina el orden alfabético de los candidatos de cada partido y el sorteo para ubicar las candidaturas.
 
Por otra parte, algunas propuestas de reforma de medios y círculos de la sociedad civil, como la introducción de listas abiertas, son ignoradas por los partidos, pero además no siempre son eficaces ni viables para limitar el control de los partidos sobre los representantes. Donde están reguladas solo las utiliza 1/3 de los electores y en ciertos países terminan conformando un sistema de compra de voto. Otros defienden reformar el sistema electoral, olvidando que este tipo de cambios no suelen ser eficaces, como demuestran las sucesivas reformas del sistema italiano. M. Fraga fue el único constituyente que defendió la no consitucionalización del sistema electoral y la importación del británico. En este modelo no hay lista, sino candidaturas individuales. Si se quiere conocer el quehacer de los parlamentarios convendría averiguar entre otros asuntos, por qué podemos saber a través de la web del Senado que ha votado cada grupo parlamentario en cada iniciativa, mientras que ello no es posible en la del Congreso.
 
Ante este panorama vale la pena emular a los congresistas norteamericanos en un sano ejercicio de pedagogía política al iniciar su actividad leyendo la Constitución. “Los partidos políticos expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política…..” (art.6º C.E) y preguntarse por el papel que quieren desempeñar los ciudadanos.