Partido Republicano: ¿retrocediendo para avanzar?

por George F. Will, 13 de junio de 2007

(Publicado en The Washington Post, 3 de junio de 2007)
 
Quizá el conservadurismo de Rudy Giuliani no sea idiosincrático. Quizá sea, a su manera, tradicional. Quizá algunos conservadores sean realmente serios con retroceder en el tiempo.
 
Una vez, hace años, el veterano magnate de la prensa de Baltimore H.L. Mencken estaba comprobando un ejemplar procedente de la edición de la noche y suspirando por la creciente cifra de errores que notaba, errores de contexto pero también de sintaxis, y hasta algunas expresiones que no sonaban muy afortunadas. Sacudió la cabeza y dijo tanto para sí como para el editor a su lado: 'Contra más viejo me hago, más admiro e idolatro la competencia, solamente la simple competencia, en cualquier campo, desde el adulterio a la zoología'.
 
- Alistair Cooke, 'Memories of the Great and the Good'
 
Aceptando la candidatura Demócrata en 1998, el Gobernador Michael Dukakis, depositario de la cultura política de Massachusetts, permitía que su ferviente esperanza se convirtiera en conjetura cuando dijo, 'Estas elecciones no tienen que ver con ideología. Tienen que ver con la competencia'. Su alusión fue opaca - ¿cómo decidir qué lograr competentemente? Pero quizá los sucesos de hoy - desde el Huracán Katrina a la irracionalidad de la política de inmigración - hayan puesto a los americanos en ese marco mental mientras buscan un presidente. Lo cual podría explicar el motivo de que dos entre los principales contrincantes del partido sean quienes son.
 
Hillary Clinton no es en absoluto una cara nueva. Lleva en la política de la nación desde la ex-postulación No soy Tammy Wynette de 1992. Ni siquiera es la novedad más interesante. Barack Obama sí, es más encantador. Ella sin embargo es más templada. Los americanos deseosos de competencia parecen resistirse a la solicitud de Obama de que, para su beneficio, deberían tratar la presidencia como un cargo político casi funcionarial.
 
Una o dos personas iban a emerger como principales rivales de la Clinton, y quizá sea afortunada de que hayan resultado ser Obama y el casi igual de inexperto John Edwards, y no, digamos, el Senador de cinco mandatos Chris Dodd, el Senador de seis Joe Biden, o el Gobernador y ex diplomático Bill Richardson. La imagen de la Clinton como la pesada del Instituto podría ser el imán de este año.
 
Rudy Giuliani es un cruce con los social conservadores, especialmente en lo concerniente al aborto. Pero un motivo de que sea un jugador de primera línea del bando Republicano es que, según la encuesta del Pew Research Center, tiene el apoyo de casi el 30% de los social conservadores, que forman el 42% del voto Republicano. Quizá algunos detractores del aborto se estén reconciliando con el hecho de que el partido se ha relegado a los márgenes en lo concerniente a ese tema. Hacia 1972, 16 estados con el 41% de la población de la nación habían liberalizado sus leyes en materia de aborto, y la plataforma Republicana no mencionaba la materia. Al año siguiente, el Tribunal Supremo retiró la materia de la competencia de las legislaturas estatales. En 1976 la plataforma Republicana protestaba por el veredicto del tribunal, recomendaba 'prolongación del diálogo público sobre el aborto' y aprobaba una enmienda constitucional 'para restaurar la protección del derecho a la vida de los hijos no natos'.
 
La plataforma de 1980 era similar, pero cuatro años más tarde y en adelante, el partido Republicano, aunque a favor de una enmienda constitucional, defendía 'la legislación para aclarar las protecciones de la Decimocuarta Enmienda - ninguna 'persona' será privada de la vida sin el proceso de mediación de la ley - aplicadas a hijos no natos'. De modo que el partido ha aprobado repetidamente una enmienda constitucional de la que piensa es una redundancia.
 
El partido afirma que uno de los procedimientos quirúrgicos más comunes de América es un crimen. Así, el año pasado, quizá un millón de mujeres y sus médicos cometieron asesinato. Al margen de cuánto deplore una persona el aborto y apoye esa lógica legal, nadie cree que una legislación o una enmienda constitucional que las plataformas Republicanas han elogiado será aprobada, de ahí la esterilidad del debate sobre el aborto hoy en día. Y la inclinación de algunos conservadores sociales a centrarse en limitar el aborto cambiando la cultura, y su disposición a evaluar a los candidatos mediante criterios no vinculados al aborto.
 
Escribiendo en The New Republic, Thomas B. Edsall observa que a finales de los años 80, los votantes, por un margen de 51 a 42, sostenían que 'las juntas escolares deben tener el derecho de despedir a los profesores que sean homosexuales reconocidos'. Los votantes hoy están en desacuerdo, 66 a 28. En 1987 los votantes estaban igualmente divididos en la cuestión de si 'El sida podría ser el castigo de Dios al comportamiento sexual inmoral'. Los votantes de hoy están en desacuerdo, 72 a 23.
 
La reciente encuesta Pew muestra que un 48% combinado de los Republicanos afirma que Irak (el 31%) o el terrorismo (17%) es su principal preocupación. ¿El aborto? El 7%. ¿El matrimonio homosexual? El 1%. Edsall se pregunta si Giuliani, que está apelando a 'la nostalgia Republicana de la competencia en la gestión' con su 'idiosincrática variante de conservadurismo' podría ser una figura Republicana transformadora. Pero quizá su conservadurismo no sea idiosincrático. Quizá sea, a su manera, tradicional. Quizá algunos conservadores sean realmente serios con retroceder en el tiempo. Hasta 1972.

 
 
Ó 2007, Washington Post Writers Group