¿Para qué sirve la defensa?

por Rafael L. Bardají, 14 de julio de 2013

(Publicado en La Gaceta, 15 de julio de 2013)

 Con buena fe uno diría que la defensa y las Fuerzas Armadas responden a la necesidad de proteger a los españoles ante posibles amenazas a nuestra vida, intereses y bienestar. La realidad, guste o no, es bien distinta.

Por razones históricas, políticas, económicas y también de corporativismo militar, a la defensa y a nuestros militares se les piden demasiadas cosas. Valgan algunos ejemplos: después de anunciar el cierre, por racionalización de estructuras, de la academia de suboficiales del Talarn, el Ministerio da marcha atrás en su decisión atendiendo a presiones de los alcaldes de la zona, preocupados con perder el negocio circundante. Hay más: tras defender que la amenaza terrorista en Mali, era el fenómeno más preocupante para la seguridad nacional, y que incrementábamos nuestra presencia a petición de Francia, las presiones económicas obligan a cambiar de avión. El Hércules nos sale muy caro y con uno más pequeño ahorraremos. En fin, a los militares se les pide que hagan de apagafuegos con su UME, para cubrir las deficiencias de un ineficaz sistema de emergencias civiles de las comunidades autónomas; como se le exige a Defensa que mantenga unos programas de adquisiciones cuyo único sentido es sostener a unas empresas que en el mercado global no serían competitivas. Los puestos de trabajo mandan. Si no, de qué los sindicatos del sector van a ser tan favorables al incremento de los presupuestos militares y a las armas. Todo eso está muy bien. Pero en tiempos de vacas gordas. Cuando ya no queda dinero ni para desfiles cabe preguntarse si todas estas actividades no están perjudicando el objetivo último de nuestra defensa nacional. Defensa, por lo demás, que seguirá necesitando créditos extraordinarios para hacer frente a sus compromisos de pago y no perder su solvencia. Amén de para sus operaciones (unos 900 y 700 millones respectivamente en 2014).

España pasa por un momento envidiable para pensar bien lo que quiere de su defensa y sus Fuerzas Armadas. No hay a la vista amenaza vital ni riesgo mayor que deba preocuparnos en el medio plazo. Y aunque el horizonte lejano sea mucho más preocupante, tenemos tiempo para prepararnos. Si la diversificación puede ser la tabla de salvación de muchas empresas, la dispersión militar sólo puede obtener una mejor valoración social de los militares, pero cero apoyo a su misión básica, la defensa. Esa es la realidad de España donde se aplaude la labor de nuestros soldados a la vez que se critica el gasto en defensa. Ahora bien, alguien debería impulsar esa reflexión estratégica. Con una actitud lampedusiana no iremos a ninguna parte. Cuando todo a su alrededor cambia y nuestra defensa no, tenemos un serio problema.