Para ayudar a África

por Pablo Kleinman, 4 de julio de 2005

El éxito de la serie de diez conciertos Live 8 organizados por Sir Bob Geldof alrededor del mundo sirve como testimonio del gran entusiasmo que hay por ayudar a los africanos enfermos y hambrientos. No me atrevería a burlarme de Live 8 ya que si bien parte del interés del público puede atribuirse a la diversión proporcionada por los artistas participantes, tanto organizadores como miembros de la audiencia creo que genuinamente están preocupados y quisieran ayudar a los africanos. Sin embargo, opino que sin importar cuántos recitales multitudinarios organicen o cuántos coloridos brazaletes de goma vendan, el objetivo de terminar con la miseria en el continente más pobre recibirá, cuanto mucho, un impulso marginal e intrascendente.
 
Sir Bob, según el sitio web de Live 8, pide que “se duplique la ayuda, se cancele la deuda y se modifiquen las normas de comercio internacional para que éstas sean más justas”. No dudo de la sinceridad de Geldof, Bono y compañía, ni de que lo que proponen ciertamente serviría para aliviar el sufrimiento de los africanos. Sin embargo, creo que aunque los objetivos propuestos por Live 8 se consiguieran, su efectividad dejaría mucho que desear y África continuaría tan pobre y miserable como hasta ahora.
 
El aumento de las ayudas parece ser un hecho consumado, inclusive el gobierno de George Bush ya ha anunciado que se propone hacer esto. La contribución de los llamados “países ricos” a estos desdichados países actualmente equivale a un 0,25% de su producto interno bruto combinado, una oferta que ciertamente podría mejorarse. Pero no hay que olvidarse que entre los años 1975 y 1984, las ayudas netas de los países de la OCDE a los países subsaharianos aumentaron a un ritmo del 8% anual (más del doble que la tasa en la que aumentaron entre 1995 y 2004) y sin embargo el crecimiento de las economías de dichos países aumentó a una tasa del 2% anual cuando las ayudas aumentaban más y un 3% anual en la última década cuando las ayudas aumentaron en menor proporción. La mayoría de los economistas expertos en la región concuerda en que el problema de África no tiene que ver con la generosidad de los “países ricos” como con las políticas de los propios líderes africanos, algo que cualquier persona que analice la situación en la región podrá apreciar con absoluta claridad.
 
En ninguna parte del sitio web de Live 8 pude encontrar referencia alguna a las guerrillas que han devastado el Congo en los últimos años, ni a líderes como Teodoro Obiang, Omar Bongo, Robert Mugabe y tantos más que son los verdaderos responsables de la miseria y del hambre. El país que “gobierna” Mugabe, Zimbabwe, pasó de ser el “granero de África” a un agujero de miseria, hambre y muerte en cuestión de unos pocos años, todo esto gracias a las locas políticas de su dictador a quien pocos países fuera del G8 parecen condenar.
 
Las ayudas son buenas, sí, pero no son una panacea y deben estar dirigidas a mejorar la vida de los africanos y no a enriquecer a las élites locales corruptas. Sino, al final de lo único que se trata es de transferir recursos de los pobres de unos países a los ricos de otros. Además, hay que tener cuidado porque muchas veces estos esfuerzos, por más bienintencionados e idóneamente administrados, pueden acabar causando más problemas que los que ya hay. El caso de lo que le sucedió a la actriz Sharon Stone, que comentaron recientemente en la prensa británica, es muy ilustrativo: emocionada luego de escuchar a Benjamín Mkapa, presidente de Tanzania, pronunciar un discurso acerca de la cantidad de vidas infantiles que se salvarían si los países de la región contaran con más mosquiteros impregnados con insecticida, decidió donar diez mil dólares de su bolsillo a esa causa y animó a otros a hacer lo mismo. Pero su generosidad no tuvo buena acogida en el continente negro: los mosquiteros importados fueron resentidos porque llevaron a la quiebra a productores locales de dichos productos. Además, al ser distribuidos gratuitamente, los mosquiteros muchas veces no acababan siendo utilizados adecuadamente: ¡en Uganda el gobierno tuvo que pedir a aldeanos que no convirtieran a sus mosquiteros en trajes de boda!
 
Es muy fácil echarle la culpa al “hombre blanco” y pretender que los problemas de África se solucionarían si “estos ocho hombres [blancos] se pusieran de acuerdo” para acabar con la pobreza, pero no es realista. Porque al contrario de los que dicen los de Live 8, las principales razones por las cuales África está como está no son ni el alto costo de los intereses de la deuda ni la falta de ayudas de “países ricos”, sino la corrupción endémica y sin límites, las epidemias de enfermedades como SIDA y paludismo y los conflictos armados. Porque la solución a los males de los “países pobres” no pasa por decisiones que se deben tomar en Escocia o Washington, sino en Harare, Malabo y Maputo.
 
Y hablando de Maputo, hace tres años tuve oportunidad de viajar a Mozambique y a otros países de la región y de conversar con gente, tanto local como extranjera viviendo o trabajando allí. Al final del viaje, era para mi incuestionable que los problemas que afrontan éstos países tienen mucho más que ver con quienes allí mandan que con supuestas secuelas del expolio imperialista del pasado o con las decisiones de los gobiernos de países desarrollados. Los 50.000 ricos que hay hoy entre más de 18 millones de pobres en Mozambique son gente que se ha enriquecido mediante participación directa en, o contactos con el gobierno. Porque aquí no se trata de países pobres: Angola, Namibia, Nigeria, el Congo, Guinea Ecuatorial, etc. son países muy ricos en recursos naturales gobernados por élites cleptómanas que arrasan con todo. Los miembros de dichas élites exportan el dinero que se roban de regreso a las mismas economías occidentales -particularmente a la Suiza- casi tan rápidamente como lo reciben: se estima que un 40% de la riqueza de África se encuentra “invertida” en economías de “países ricos”.
 
Para salir del círculo vicioso de miseria constante y guerras y hambrunas recurrentes, los africanos tienen que tomar medidas que aseguren la protección de la propiedad privada y del estado de derecho, y acabar con los gobiernos mafiosos liderados por sujetos como los mencionados anteriormente. También necesitan acceso libre y justo para sus productos a los mercados del mundo desarrollado y esto sí depende de los gobiernos de los “países ricos” pero implica más liberalización, libre comercio y el fin de los odiosos subsidios a la agricultura, algo que, por cierto, no forma parte de la agenda del encuentro de los líderes del G8. Todo el resto representa un ejercicio tan inútil como el de pretender tratar un cáncer a base de aspirinas.
 
Pablo Kleinman es Director General de El Iberoamericano (www.eliberoamericano.com).