Palestinos que prefieren Israel

por Daniel Pipes, 15 de enero de 2008

(Publicado en Jerusalem Post, 2 de enero de 2008)

Los palestinos tienen un largo historial de apreciar a Israel que contrasta con su narrativa mejor conocida de vilipendio y no renuncia a su destrucción.

Lo primero viene siendo particularmente evidente últimamente, especialmente desde que el primer ministro de Israel, Ehud Olmert, liberase un globo sonda en octubre acerca de transferir ciertas áreas de predominio árabe de Jerusalén Este a la Autoridad Palestina. Como preguntaba de manera retórica a propósito de las acciones israelíes en 1967, '¿Fue necesario anexionar los campamentos de refugiados de Shuafat, al-Sawahra, Walajeh y otras aldeas, y a continuación afirmar que son parte de Jerusalén? Admito que uno puede plantear ciertas cuestiones legítimas sobre esto'.
 
De golpe y porrazo, este comentario transformaba los comentarios pro-Israel teóricos en su mayor parte de los palestinos (para una muestra, véase mi artículo de 2005, 'El infierno de Israel es mejor que el paraíso de Arafat') en activos y políticos.
 
En la práctica, las reflexiones de Olmert suscitaban algunas reacciones beligerantes. En palabras del titular informativo del Globe and Mail, 'Algunos palestinos prefieren la vida en Israel: en Jerusalén Este, los residentes afirman que combatirán una entrega al régimen de Abbás'. El artículo pone el ejemplo de Nabil Gheit, quien con dos estancias en cárceles israelíes y pósters de 'el mártir Saddam Hussein' encima de la caja registradora de su tienda, se esperaría que saludase con alegría la perspectiva de zonas de Jerusalén Este pasando al control de la Autoridad Palestina.
 
No es así. Como mujtar de Ras Jamis, cerca de Shuafat, Gheit teme a la Autoridad Palestina y afirma que los demás y él lucharán contra una entrega. 'Si hubiera aquí un referéndum, nadie votaría a favor de ingresar en la Autoridad Palestina... Tendría lugar otra intifada para defendernos de la Autoridad Palestina'.
 
Dos encuestas dadas a conocer la pasada semana, de Keevoon Research, Strategy and Communications y el periódico en lengua árabe As-Sennara, recogen muestras representativas entre los adultos árabes israelíes del asunto de ingresar en la Autoridad Palestina, y corroboran lo que dice Gheit. Preguntados, '¿Preferiría ser usted ciudadano de Israel o de un estado palestino nuevo?' el 62% quiere seguir siendo ciudadano israelí, y el 14% desea ingresar en un estado palestino futuro. Preguntados, '¿Es usted partidario de transferir el Triángulo [una zona de predominio árabe en el norte de Israel] a la Autoridad Palestina?' el 78% se opone a la idea y el 18% es partidario de ella.
 
Ignorando los no sabe/ no contesta, los índices de los encuestados que prefieren permanecer en Israel son prácticamente idénticos -- el 82% y el 81% respectivamente. Gheit exagera al decir que 'ninguno' quiere vivir en la Autoridad Palestina, pero por poco. Miles de residentes palestinos en Jerusalén que, temerosos de la Autoridad Palestina, han solicitado la ciudadanía israelí desde el comentario de Olmert corroboran adicionalmente su idea.
 
¿Por qué tamaño afecto por el estado al que célebremente condenan en los medios, en el entorno docente, en las aulas, en las mezquitas y las entidades internacionales, al que ellos aterrorizan a diario? Lo mejor es dejar que expliquen sus motivaciones en citas directas.
 
·         Consideraciones financieras: 'No quiero tener nada que ver con la Autoridad Palestina. Quiero la seguridad social, las escuelas, todas las cosas que tenemos viviendo aquí', dice Ranya Mohammed. 'Me iré y viviré en Israel antes que permanecer aquí y vivir bajo la Autoridad Palestina, incluso si ello significa tener un pasaporte israelí. He visto su sufrimiento en la Autoriza Palestina. Nosotros tenemos un montón de privilegios que no estoy dispuesta a abandonar'.
 
·         Ley y orden: Los habitantes de Gaza, observan los periodistas árabes israelíes Faiz Abbás y Mohamed Awwad, ahora 'echan de menos a los israelíes, puesto que Israel es más compasivo que [los pistoleros palestinos] que ni siquiera saben porqué están luchando y matándose entre sí. Es como el crimen organizado'.
 
·         Criar niños: 'Quiero vivir en paz y criar a mis hijos en una escuela pacífica', dice Jamil Sanduqa. 'No quiero educar a mi hijo en tirar piedras o en Hamas'.
 
·         Un futuro más seguro: 'Quiero seguir viviendo aquí con mi esposa y mi hijo sin tener que preocuparme de nuestro futuro. Por eso quiero la ciudadanía israelí. No sé lo que depara el futuro', dice Samar Qassam, de 33 años de edad.
 
Otros albergan inquietudes en materia de corrupción, derechos humanos, y hasta autoestima ('Cuando los judíos hablan de intercambiarme, es como si negasen mi derecho a ser una persona').
 
Estas opiniones serias no invalidan el feroz antisionismo que impera en Oriente Próximo, pero revelan que las cuatro quintas partes de esos palestinos que conocen Israel de primera mano comprenden los atractivos de una vida decente en un país decente, un hecho con implicaciones positivas e importantes.


 

 
 
Daniel Pipes es licenciado en Historia por la Universidad de Harvard (1978) con el grado de doctor, y ha impartido clases en la Universidad de Chicago, la Universidad de Harvard y el U.S. Naval War College. Tras servir en varias instancias de los Departamentos de Estado y de Defensa, incluyendo la vicepresidencia de la Fulbright Board of Foreign Scholarships y ser miembro por designación Presidencial del Institute of Peace de los Estados Unidos, actualmente dirige el Middle East Forum. Colabora con frecuencia en ABC World News, CBS Reports, Crossfire, Good Morning America, NewsHour o Nightline, además de la BBC y Al-Jazira. Ha escrito doce libros, traducidos a 19 idiomas.