La OTAN y la situación estratégica en el mundo han cambiado de forma radical desde que se creó la Alianza Atlántica, en 1949, como organización defensiva del territorio europeo comprometiendo a Estados Unidos en la defensa del mismo. Tras la caída del muro de Berlín, la OTAN respondió tornándose en una alianza de seguridad y no defensiva, capaz de proyectar su poder militar más allá del territorio de OTAN y demostrando su nuevo rol en las sucesivas crisis balcánicas. Los atentados del 11 de septiembre de 2001 dieron un nuevo vuelco a la situación estratégica debido, principalmente, al consiguiente cambio estratégico de Estados Unidos hacia una creciente concurrencia en asuntos internacionales.
El 11–S replanteó de nuevo el papel de la Alianza, que debía hacer frente a nuevas amenazas y de forma especial a la lucha contra el terrorismo. Este cambio de tarea implicaba la necesidad de nuevas capacidades para responder al nuevo reto. Pero mientras que Estados Unidos ya estaba embarcado, desde el siglo pasado, en una transformación sustancial de sus capacidades y ahora quería adaptar esa transformación también a los nuevos retos del terrorismo internacional, los aliados europeos caminaban a un paso mucho más lento.
La posterior intervención militar en Irak creó un enfrentamiento en el seno de la organización, que sumado a la brecha de capacidades, de recursos y de doctrina, fue deteriorando la cohesión de la Alianza y poniendo en duda su papel. La visión estratégica global y los intereses propios de EEUU se fueron alejando de los europeos, cuya visión era más limitada y su alcance geográfico no necesariamente global.
Las carencias militares de los países europeos no son, por tanto, ninguna novedad. El transporte aéreo y marítimo, el reaprovisionamiento en el aire o las capacidades de reconocimiento e inteligencia son algunas de ellas y ampliamente conocidas desde comienzos de este siglo, cuando los europeos fueron conscientes de que los pesados y costosos ejércitos europeos no eran la respuesta al entorno de seguridad del nuevo siglo, que obligaba a poner mayor
énfasis en la aplicación de la fuerza en escenarios lejanos. Además, dos nuevas guerras – Irak y Afganistán –han puesto al descubierto nuevas necesidades militares para hacer frente a las
actuales guerras y también para poder operar conjuntamente con otras fuerzas armadas, principalmente las estadounidenses.
La Iniciativa de Capacidades de Defensa
La brecha de capacidades militares entre EEUU y los aliados europeos no es, por tanto, algo reciente. En la Cumbre de Washington de 1999, además de ampliarse los espacios de actuación de la Alianza, se lanzó la Iniciativa de Capacidades de Defensa (ICD) para intentar mejorar las capacidades militares de la organización y asegurar la efectividad en todo el espectro de misiones. La ICD promovía la mejora de 5 áreas fundamentales:
1. El despliegue de las fuerzas,
2. El sostenimiento de las fuerzas
3. La protección de las fuerzas
4. La mejora de los sistemas de armas de gran precisión
5. El desarrollo de un mando y control interoperables.
Estas áreas contenían a su vez 58 objetivos que fueron reducidos a 6 debido a la excesiva ambición puesta en el lanzamiento inicial de la ICD.
La ICD nunca tuvo una visibilidad política y a la vista de los pocos resultados obtenidos, y también tras los atentados del 11-S, se produjo la urgencia de revisar la transformación de la Alianza. Todo ello se reflejó en las iniciativas que surgieron a partir de la Cumbre de Praga de noviembre de 2002:
· el Compromiso de Capacidades;
· la Fuerza de Respuesta de la OTAN; y
· la nueva Estructura de Mando de la OTAN.
Compromiso de Capacidades de Praga
La nueva iniciativa abarca, en general, las mismas áreas que la Iniciativa de Capacidades de Defensa (ICD) de 1999, y con el mismo objetivo final: conseguir una mejora de las capacidades, imprescindibles y urgentes para llevar a cabo las misiones de la Alianza, con énfasis en la defensa frente al terrorismo.
Según Edgar Buckley el entonces Secretario de la División de Planes de Defensa y Operaciones de la OTAN, había tres principales diferencias entre la nueva iniciativa y su predecesora. La primera que mientras la ICD era excesivamente amplia e imprecisa la nueva iniciativa pretendía ser menos difusa y más centrada, además de incluir parámetros medibles. La segunda, que se basaba en unos compromisos nacionales diferentes y mucho más fuertes que el de su predecesora. Y la tercera, que daba un énfasis mucho mayor a la cooperación internacional, incluyendo la especialización de funciones y el apoyo mutuo, contando con el impulso de la Unión Europea para el desarrollo de dichas capacidades militares.
Los aliados asumieron en más de 400 compromisos políticos firmes para mejorar sus capacidades y cubrir los siguientes ocho campos:
1. La defensa contra los ataques químicos, biológicos, radiológicos y nucleares.
2. Inteligencia, vigilancia y adquisición de objetivos.
3. La vigilancia aire-tierra.
4. Mando, control y comunicaciones.
5. Eficacia en el combate, incluyendo municiones guiadas de precisión y supresión de defensas aéreas.
6. Transporte estratégico aéreo y marítimo.
7. Reabastecimiento de aviones en vuelo.
8. Unidades desplegables en combate de apoyo y servicios.
Teóricamente, cuando se adquirió el Compromiso de Capacidades se pretendía lograr, por ejemplo, cuadruplicar el número de aviones europeos de transporte de tropas de gran tamaño; crear una flota de aviones cisterna para repostar en vuelo; garantizar que la mayoría de las fuerzas desplegables con alta disponibilidad de la OTAN estuvieran dotadas de equipos de defensa química, radiológica, biológica y nuclear; y aumentar en un 40% los arsenales no estadounidenses de proyectiles aéreos guiados. Según la Asamblea Parlamentaria de la OTAN, en caso de que no se llegaran a dichos objetivos, la credibilidad de la Alianza y de los aliados estaría en entredicho.
Es difícil evaluar los progresos hechos por los diferentes países en lo que respecta a la CCP porque ni OTAN ni los gobiernos nacionales detallan cómo los planes nacionales se reflejan en las prioridades de Praga. Algunos países han asumido el concepto de transformación y han ido implementado los cambios necesarios en sus estructuras de fuerzas para garantizar que podían contribuir con unidades modernas, desplegables y sostenibles. Pero a otros les quedaba aún mucho camino que recorrer para alcanzarles. Y aunque algunos Aliados apoyaban sin reservas los principios de la transformación, una parte importante de sus estructuras militares todavía siguen orientadas hacia la defensa del territorio nacional o hacia otras tareas nacionales, y carecen, en la práctica, de capacidad de despliegue.
Según los expertos de la National Defense University, los resultados a día de hoy de las iniciativas del CCP han sido mixtos. Coinciden con otros analistas en que el éxito del CCP sigue dependiendo en gran medida de los incrementos del gasto en defensa de los países aliados y de los cambios en las prioridades de aprovisionamiento. Se han visto desarrollos positivos como la declaración de la total capacidad operativa de la Fuerza de Reacción de la OTAN (NRF) en noviembre de 2006
[1]; la creación del Mando Aliado de Transformación
[2]; o el hecho de que Francia y el Reino Unido hayan decidido seguir la senda de incrementar los presupuestos de defensa de forma continuada desde 2002, invirtiendo en capacidades que eran áreas prioritarias para la OTAN. No obstante, no ha ocurrido lo mismo con otros muchos otros países europeos.
En general, el Compromiso de Praga ha visto como las fechas de
primera disponibilidad se han retrasado varios años y en la mayoría de los casos todavía está pendiente el principal monto de la financiación.
La Directiva Política Global
En materia de capacidades, el más reciente documento guía de alto nivel es la Directiva Política Global” (Comprehensive Politica Guidance, CPG), aprobado en noviembre de 2006, en la Cumbre de Riga por los jefes de Estado y de Gobierno de la OTAN
[3]. El documento proporciona un marco de actuación y una dirección política para la transformación de la Alianza, estableciendo prioridades para todo lo relacionado con capacidades, planificación e inteligencia durante los próximos 10 a 15 años. Es decir, proporciona la visión y las prioridades acordadas para la
transformación que actualmente realiza la OTAN. La idea básica consiste en que el proceso de implementación de la CPG debe de conducir al desarrollo de unas capacidades más utilizables en las operaciones y misiones futuras, asegurando así la eficacia, credibilidad y relevancia de la Alianza en el siglo XXI.
La CPG se centra en los entornos de seguridad más probables, pero sin descartar la posibilidad de que se produzcan acontecimientos impredecibles, y a partir de su análisis establece qué tipo de operaciones debe ser capaz de realizar la OTAN y define el tipo de capacidades que necesitará. Esto último se describe de una forma genérica, pues no se llega a definir específicamente cómo se van a conseguir estas capacidades por ser ésta una decisión a adoptar por los diferentes países, tanto de forma individual como colectiva, mediante los procesos de planificación de la Alianza.
A pesar de su brevedad, la CPG contiene muchos elementos de gran utilidad, entre ellos las siguientes medidas:
· En primer lugar, la CPG menciona específicamente al terrorismo y las armas de destrucción masiva como las amenazas más probables a las que tendrá que enfrentarse la Alianza en los próximos 10 a 15 años. No obstante, la OTAN debe mantener su capacidad para responder con eficacia frente a toda la gama de amenazas, riesgos y retos del siglo XXI, vengan de donde vengan.
· También subraya la necesidad de que las fuerzas de la OTAN sigan siendo equilibradas, flexibles y ágiles, además de capaces de realizar toda su gama de misiones, tanto de alta como de baja intensidad.
· El CPG pone el énfasis en la probabilidad de que la OTAN tenga que llevar a cabo un mayor número de operaciones diferentes y de menor exigencia en términos bélicos. Dentro de este contexto reconoce la importancia cada vez mayor que van adquiriendo las operaciones de estabilización y de ayuda militar a los procesos de reconstrucción.
· También resalta la necesidad de un planteamiento de seguridad más amplio, no sólo en lo relativo a los instrumentos de gestión de crisis de la OTAN sino también respecto a la mejora de su cooperación con países ajenos a la Alianza y con otras instituciones y organizaciones.
· La Directiva establece varios requisitos detallados de capacidades que los Aliados tienen que seguir atendiendo, sea de forma individual o colectiva, tales como: la capacidad de llevar a cabo y sostener operaciones a mucha distancia de su territorio nacional con un apoyo mínimo e incluso nulo del gobierno local, la capacidad de disuadir, desarticular, defender y apoyar en la lucha antiterrorista, protegiendo además los sistemas informáticos esenciales de la Alianza frente a posibles ciberataques, la capacidad de identificar elementos hostiles, incluso en entornos urbanos, para ejecutar las operaciones de forma que se reduzcan al máximo los daños colaterales y los riesgos para nuestras tropas, y la capacidad de desplegar fuerzas con el mayor grado posible de interoperatividad y normalización entre los socios y aliados.
· Define también las principales prioridades de la OTAN en lo referente a estos requisitos, comenzando con las fuerzas expedicionarias conjuntas y la capacidad de desplegarlas y sostenerlas.
La CPG ocupa un lugar intermedio entre el Concepto Estratégico de 1999 y otros documentos y directivas de menor nivel relativos a capacidades, como las directivas ministeriales para la planificación de fuerzas, y proporciona una declaración global y única que aporta una referencia aplicable a toda la planificación de la Alianza relacionada con las capacidades, con independencia del organismo o la forma en la que se realice.
La CPG no se parece a ningún otro documento en el sentido de que aporta una respuesta a una cuestión esencial asociada a todas las disciplinas que se ocupan de la planificación de capacidades: qué es lo que los Aliados quieren que la OTAN sea capaz de hacer en términos cualitativos, pero sin pretender definir requisitos en forma de plataformas o equipos específicos, como clases de barcos o aviones de transporte. Tampoco reclama más fuerzas, sino que simplemente pide que las fuerzas sean más utilizables, desplegables y eficaces, sin que esto implique necesariamente que sean más numerosas. Lo realmente crucial de la Directiva sería la implementación de la misma que debería desembocar en el desarrollo de unas capacidades más utilizables para las operaciones y misiones futuras, garantizando así que la Alianza sigue siendo eficaz, creíble y relevante en el siglo XXI.
La CPG apoya y complementa al Concepto Estratégico de 1999. Pero para seguir manteniendo su importancia habrá que revisar el documento de forma periódica, y por lo que puede deducirse hasta el momento esto ocurrirá cuando la OTAN apruebe su próximo Concepto Estratégico.
Qué se está haciendo en la actualidad
Las actuales operaciones que está llevando a cabo la OTAN, como la de Afganistán, son una inestimable experiencia para modificar y adaptar las necesidades de la Alianza. Teniendo en cuenta que a pesar del CCP y del CPG todavía existen grandes carencias - alguna de ellas muy urgentes - en cuanto a capacidades militares, los aliados están trabajando en la actualidad en nuevos enfoques en materia de capacidades, que presumiblemente darán a conocer a lo largo de 2009.
Sin embargo, todos están de acuerdo en determinadas prioridades como es, en primer lugar, la necesidad de tener capacidad para el despliegue estratégico, tanto aéreo y marítimo, un elemento crucial para enviar fuerzas de forma rápida a largas distancias.
En cuanto a la capacidad de transporte aéreo estratégico, existen en la actualidad dos iniciativas complementarias:
· La iniciativa SAC (Strategic Airlift Capability), un consorcio de 15 países aliados más dos socios establecido para la adquisición y operación conjunta de tres C-17. Tras la firma del acuerdo de entendimiento (MOU) en septiembre de 2008, está previsto la entrega del primer avión a partir de la primavera de 2009, y presumiblemente se estacionarán en Hungría.
· Un consorcio multinacional de 16 países aliados, liderados por Alemania, más dos socios, que aseguran la capacidad estratégica aérea con el alquiler de seis aviones de transporte Antonov An-124-100, que pueden hacer frente a las necesidades tanto de OTAN, como de la UE u otros. El denominado contrato SALIS (Solución Interina al Transporte Aéreo Estratégico) es una solución temporal hasta la llegada del Airbus A400M. En junio de 2007 se estableció una agencia para la adquisición u gestión del proyecto. Airbus espera entregar 180 A400M a siete países OTAN, a partir de 2009.
· Los aliados también están trabajando en la capacidad de despliegue de la gestión el tráfico aéreo (NATO Desployable Air Traffic Management, DATM), que deberá proveer y coordinar los servicios de navegación aérea para los aviones tanto civiles como militares.
En cuanto al transporte estratégico marítimo, Noruega lidera un consorcio que incluye a Canadá, Dinamarca, Hungría, Italia, los Países Bajos, Portugal, España y el Reino Unido. Desde 2004, el consorcio da acceso a la Alianza a tres naves roll-on/roll-off (Ro/Ro) con disponibilidad asegurada, 1 nave Ro/Ro danesa, contratada a tiempo completo, 4 naves Ro/Ro con capacidad residual, y una noruega para fines específicos.
Además, en julio de 2007, países de la Unión Europea y de OTAN crearon el Centro de Coordinación Europeo de Coordinación de Movimientos (Movement Coordination Centre Europe, MCCE) en los Países Bajos para una mejor coordinación de los recursos estratégicos aéreos y marítimos. Es el resultado de la fusión del European Airlift Centre (EAC) y del Sealift Coordination Centre (SCC), establecidos tras la ICD de 1999.
En cuanto al reabastecimiento en vuelo, en una de las principales carencias de la Alianza, y donde España lidera los esfuerzos junto con Bélgica, Dinamarca, Hungría, Italia, Luxemburgo, Noruega, Polonia y Portugal, no ha habido ningún progreso relevante. No obstante, Alemania y Canadá, en un proyecto aparte, han cooperado para incrementar su capacidad de reabastecimiento.
La Alianza también está tratando de mejorar su superioridad en cuanto a información como elemento central de su transformación. En lo referente al concepto ISTAR (inteligencia, vigilancia, adquisición de objetivos y reconocimiento), la Alianza desarrolla un sistema de Vigilancia Terrestre de la OTAN (AGS Alliance Ground Surveillance), que deberá estar operativo en 2012. El programa AGS es el más extenso proyecto de la OTAN, con un precio máximo de 3.300 millones de euros. Espera ofrecer una solución con una flota “mixta”, que consiste en un “sistema de sistemas individuales” y se compone de aviones de misión tripulados, Airbus A321, y aviones no tripulados Global Hawk, junto con estaciones de tierra móviles y fijas para la evaluación y la distribución de la información. Será una de las pocas capacidades de la OTAN y operada por ella (como los AWACS).
Un proyecto relacionado con el anterior es el MAJIIC (Multi-sensor Aerospace-Ground Joint Intelligence Surveillance and Reconnaissance Interoperability Coalition) donde las naciones tienen como objetivo compartir y ser interoperables en ISR (inteligencia, vigilancia y reconocimiento). Es un programa en el que están involucradas 10 naciones lideradas por EEUU, y tiene como propósito crear un marco operacional común que permita desarrollar las acciones de ISR. Sin embargo, los actores industriales aún son escépticos acerca del proyecto. Hasta ahora sólo un país, Italia, ha experimentado ya la capacidad MAJIIC en un “teatro operativo”.
Otro factor indispensable como son la adquisición de proyectiles guiados de precisión (PGMs Precision Guided Munitions), no se ha avanzado y continúa ralentizándose debido, principalmente, a los problemas derivados de la transferencia de tecnología “punta”.
El programa de Defensa Antiterrorista (DAT), relativamente modesto en términos de recursos, emprendido en 2004, trata de avanzar en el desarrollo de nuevas tecnologías para enfrentarse, por ejemplo, al efecto de los dispositivos explosivos improvisados (IED, en sus siglas en inglés), a los ataques con morteros, a los ataques contra helicópteros, infraestructuras y la protección de puertos, y también para mejorar la capacidad de intervención aerotransportada de precisión para fuerzas de operaciones especiales, todas ellas capacidades que realmente necesitan las tropas desplegadas en Afganistán. Pero todavía hace falto obstante, se avanza lentamente a la espera de un verdadero compromiso y una financiación adecuada para que el programa progrese a la máxima velocidad posible.
Dado el creciente papel de las Fuerzas de Operaciones Especiales (Special Operations Forces, SOF) en las actuales operaciones de la Alianza, en la cumbre de Riga de 2006 se lanzó la iniciativa de Fuerzas de Operaciones Especiales, que incluyó a creación del Centro de Coordinación de Fuerzas de Operaciones Especiales (originariamente en Stuttgart y ahora en Mons), que formar SOF de países aliados y mejorar su interoperabilidad en áreas como mando y control, logística e inteligencia.
De las lecciones aprendidas en los Balcanes así como en Afganistán, la OTAN está también tratando de desarrollar capacidades para operaciones no sólo de combate de alta intensidad. Esto incluye capacidades para dar apoyo miliar a la estabilización y reconstrucción en las misiones en todas las fases del conflicto, y también en el entorno inmediatamente posterior a la operación. Se barajan capacidades no letales que permitan a las tropas reducir al mínimo las víctimas civiles.
Otro elemento importante es la defensa antimisiles, un aspecto que surge como respuesta a la proliferación de las armas de destrucción masiva. En marzo de 2005 la Alianza lanzó el sistema ALTBMD (Active Layered Theatre Ballistic Missile Defense) que deberá ser el primero en integrar los recursos de los países de la alianza en un sistema único de defensa por capas. El sistema, que protegerá las fuerzas de la alianza desplegadas en los teatros de operaciones, ha entrado en la fase de desarrollo tras la fase de estudio de viabilidad.
Entre las actuales necesidades más urgentes de la OTAN están los helicópteros de transporte para Afganistán. A pesar de que los países de la Alianza podrían sumar hasta 4.000. helicópteros de transporte, sólo hay unos pocos que pueden hacer frente a las condiciones y a las necesidades operativas en Afganistán. Luego hay que añadir el enorme gasto que supone su mantenimiento en el teatro de operaciones. Se está tratando de aliviar esta situación, pero mientras no resuelva la OTAN ha tenido que alquilar unos 20 Mil Mi-8, a cargo del presupuesto común de la OTAN. El uso de fondos comunes para solucionar problemas operativos ha sido duramente criticado.
Los efectivos
En términos de efectivos, y viendo lo que ha hecho cada uno de los países en el pasado en términos de fuerzas desplegables en el exterior, se pueden sacar conclusiones sobre el futuro.