Obama versus Jamenei: ¿a quién creer?

por Rafael L. Bardají, 15 de abril de 2015

(Publicado en la Fundación FAES, 15 abril de 2015)

 

El pasado día 2, los negociadores de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, más Alemania y la representante de la UE por un lado, y los iraníes por otro, alcanzaron finalmente un acuerdo marco sobre el que construir un acuerdo final sobre el programa nuclear iraní. La Casa Blanca corrió a anunciar las bondades de este acuerdo marco, como también hicieron por su parte los líderes iraníes.

Antes de entrar  en el tema de fondo sobre el impacto de este acuerdo marco (para Obama la única esperanza de paz y para los detractores un acuerdo que allana el camino a la bomba iraní), hay un asunto nada baladí que se debe dilucidar primero: ¿qué es lo exactamente acordado en Lausana?

No se trata de una pregunta retórica o cínica. La realidad es que de la mesa de negociación sólo salió un comunicado conjunto, de la mano de la Alta Representante de la UE, Federica Mogherini, y del ministro de exteriores iraní, Javad Zariv. Un comunicado de 7 párrafos, más de dos tercios laudatorios de las partes y sólo uno de objetivos acordados. Ni EE.UU ni Irán presentaron documento conjunto alguno. Y de ahí el problema posterior en el que nos encontramos.

Según la descripción de algunos de los periodistas presentes en Lausana, el Secretario de Estado Kerry fue incapaz de convencer a su homólogo iraní de ratificar un texto común. Esa es la razón de que la Casa Blanca publicara una hoja sumamente detallada con los parámetros del acuerdo en la madrugada del 2 al 3 de abril, hora europea. Pero mientras los occidentales descorchaban el champagne, Javad Zariv publicaba en su cuenta de Twitter su discrepancia con el texto americano, al que acusaba de ser un producto de consumo interno y venta política del equipo de Obama. Es más, al día siguiente, el periódico oficial iraní, The Teheran Times, denunciaba como una burda mentira las cláusulas del documento americano y avanzaba una interpretación muy distinta a lo anunciado por el Presidente Obama.

Las diferencias de interpretación resultaban sorprendentes: donde los americanos decían congelación en la I+D de las centrifugadoras, Irán afirmaba que proseguiría modernizando sus modelos durante todo el tiempo del acuerdo; sobre la instalación clandestina de Fordow, donde según Obama no se realizarían actividades de enriquecimiento de uranio, los iraníes sostenían que mantendrían dos cascadas plenamente operativas; sobre el reactor nuclear de plutonio en Arak, unos hablaban de imposibilitar la producción de plutonio, los otros de reducirla; los americanos presentaban un sistema de inspecciones muy intrusivo y los iraníes prácticamente voluntario; y de las sanciones, para los americanos a eliminar gradualmente, los iraníes argumentaban que serían levantadas desde el momento de la firma del acuerdo final en junio.

Posteriormente, el pasado jueves día 9, el Líder Supremo, Ali Jamenei, pronunció un discurso en el que advirtió de que quizás no se llegue a firmar el acuerdo final. Y el "moderado" presidente Ruhani, dijo ese mismo día que si las sanciones no se eliminaban el día del acuerdo, no habría acuerdo alguno.

Hay quien resta importancia a estas divergencias como meras maniobras tácticas, pero el hecho de que Kerry tuviera que aferrarse a la interpretación rusa sobre el acuerdo marco, apunta a diferencias esenciales no resueltas aún. Por no mencionar que su cita se producía a la vez que Putin anunciaba el final de la restricción rusa para entregar a Irán los sofisticados sistemas de defensa anti-aérea S-300, vigente desde 2010.

Desde que un buen embajador británico definiera a los iraníes como alguien que no dice lo que piensa ni hace lo que dice, el engaño es una cualidad que se les presupone. Pero me temo que, en este caso, puede que sean más sinceros que la actual Administración norteamericana, mucho más comprometida por un acuerdo de difícil justificación. Como los secretarios de estado Kissinger y Schultz nos recordaban en el Washington Post, las negociaciones con Irán se abrieron para acabar con su programa atómico y han finalizado por reconocerlo.