Nuevo asalto revolucionario del Presidente Morales: la destrucción de la cultura y la sociedad K'hara

por Gregorio Cristóbal Carle, 26 de marzo de 2007

Ante la amenaza revolucionaria convertida en desafío constante por un entusiasta e iluso Sr. Morales Ayma, debemos enfatizar en la necesidad de salvaguardar y extender los valores que han llevado a la humanidad, a lo largo de su historia, a las cotas más altas de progreso y libertad.
           
Esa historia nos ha enseñado, (no a todos), que son precisamente la libertad y la democracia los elementos inalienables que dignifican la condición del hombre, y que por esa razón dichos valores han contado y cuentan con innumerables detractores, aún acérrimos creyentes de la utopía totalitaria.
 
Tras la caída del muro de Berlín y el  absoluto fracaso de la ideología que representa la más grosera instrumentación del hombre, ha vuelto a renacer en Latinoamérica la nueva, que no novedosa, corriente de contagio populista-nacionalista, personalizada en el caso boliviano en la figura de su actual Presidente, D. Evo Morales.
 
Partiendo de la premisa cierta que afirma que el sistema democrático se encuentra desacreditado en muchos países del área, (debido en gran parte a los abusos y la corrupción habidos en el pasado), parece también evidente que es éste el único argumento utilizado por el nuevo poder  caudillista para imponer  una supuesta legitimidad que solo se somete a las reglas revolucionarias creadas “a la medida” del demagogo de turno.
 
¿Cómo actúan los nuevos gobiernos erigidos en protectores y salvadores del pueblo oprimido? Desde la única forma que lo saben hacer los enemigos de la libertad y la democracia, que no es otra que cercenando el libre ejercicio de los derechos, persiguiendo a sus detractores y convirtiendo, progresivamente, el sistema político en una dictadura más o menos benévola.
 
El caso de Bolivia es aún más grave si cabe, ya que, el nuevo gobierno, además de imponer su supuesta revolución democrática a la ciudadanía, ha diseñado una estrategia que pretende alcanzar, en un futuro no muy lejano, la eliminación total de cualquier vestigio de la cultura y dominación k´haras, desestructurando y reduciendo a la mínima expresión “la representación subjetiva de lo boliviano y lo occidental'.
 
No debemos olvidar que se trata de un país compuesto por una amplia mayoría “originaria” que  sueña con perpetuar el indigenismo en el poder a cualquier precio y frente a  cualquier adversario, siendo su símbolo más representativo y cabeza visible de la revolución el propio Presidente, D. Evo Morales Ayma.
 
Por si cupiese alguna duda al respecto las declaraciones realizadas por Vicepresidente García Linera  no permiten especulaciones sobre los fines pretendidos “Lo que se busca en todos los casos es derrumbar las jerarquías y eliminar los desequilibrios (????) generados por la economía de mercado y la democracia liberal, bajo el criterio de descolonización, emancipación y contra la hegemonía...Esta operación es global pues abarca los campos: religioso, cultural, económico, político, artístico, científico, salud, intelectual, internacional, entre otros”.
 
La estrategia se está llevando a cabo en dos fases. En un primer momento el gobierno comenzó por rechazar públicamente lo que denomina el Estado colonial republicano y todo lo que éste conlleva, sus instituciones, el sistema político de partidos, sus representantes, mecanismos y operadores, para crear después, a través de la Asamblea Constituyente Originaria, las nuevas estructuras  indígenas que permitieran influir sobre la sociedad boliviana en general.
 
Para alcanzar los objetivos previstos la doctrina indigenista debe de reforzar sus tesis a pie de calle, instrumentalizando a las organizaciones y movimientos sociales adeptos al oficialismo para impulsar la percepción y apreciación de sus postulados revolucionarios por parte de la ciudadanía .
 
Esta segunda fase busca además la identificación de los enemigos de la falsa democracia, enmascarada en el derecho al voto y el ¿¿¿respeto???? al estado de derecho. Llegados a ese punto  el gobierno ha entendido que es necesario transmitir y vender la idea de que la revolución del pueblo constituye la única salida “de facto” a la situación del país, para lo cual es necesario orquestar una campaña de falsas acusaciones al neoliberalismo como la causa de todos los fracasos habidos en el país.
 
Siguiendo el lema de “una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad” hay que incidir ahora en nociones tales como la descolonización, la lucha latinoamericana de los pueblos, el predominio indígena, la revolución democrática y cultural, la lucha contra el imperio como forma de contra-hegemonía, el estado social comunitario, o la utilidad de los movimientos sociales en su lucha contra las oligarquías.
 
La idea no es otra que transmitir un “concepto histórico y exógeno” de culpa que identifique a los gobernantes como  únicos  salvadores de la causa patria. No hay otra opción ...es entonces cuando se debe pasar a controlar más de cerca a los enemigos del “régimen libertario”, y en especial a los medios de comunicación.
 
Por este motivo ya se vienen advirtiendo, desde unos meses atrás. 'inquietantes señales' de deterioro de la libertad de prensa, con la que el gobierno de Evo Morales se siente incómodo porque no ha sufrido el contagio populista.
 
Prueba de ello es el último informe sobre la libertad de prensa en Bolivia, donde se indica que” En el último año, la labor profesional se ha visto afectada por presiones de diverso tipo y amenazas abiertas y encubiertas…la libertad de prensa prevalece en lo formal, pero se ha instalado un clima de temor entre los periodistas, intimidados por masas afines al Presidente”.
 
El recurso al más puro sectarismo como método de gobierno obliga a destruir el poder simbólico cultural, como arma fundamental para la creación de nuevas relaciones de dominación indígenas.
 
En este sentido la expresión utilizada por el Vicepresidente García Linera “Quitar el alma a los k'haras”: (mestizos, clases medias, medias altas y empresariales) constituye la  premisa ineludible para avanzar en el proyecto social-comunista del gobierno boliviano.
 
 Ahora existe un nuevo campo de batalla en el que el indigenismo se tiene que enfrentar al enemigo k'hara,, entendido: como el elemento transmisor de las relaciones de dominación tradicional y los valores y códigos culturales de lo boliviano y lo occidental.
 
 Se trata de modificar el conjunto de los esquemas de percepción, de apreciación y de acción inculcados por el medio social a los bolivianos, para lo cual es necesario debilitar el capital cultural de la sociedad k'hara…
 
¿Cómo se puede lograr? básicamente fomentando el odio y el racismo hacia todo  lo que no es indígena.
 
Las acciones a desarrollar  en éste ámbito interesan todos los aspectos de la sociedad En primer lugar se debe incidir en la modificación del valor del idioma español, relativizándolo frente a los idiomas indígenas. Se trata de transmitir la idea de que es la lengua del “colonialismo opresor, ladrón y asesino”…el mito de los quinientos años de historia en el que muchos latinoamericanos siguen creyendo. Así, en las instituciones públicas solo se tiene que hablar aymara o quechua, instruyendo a las escuelas para que fomenten su aprendizaje y creando medios de comunicación alternativos que renieguen de cualquier símbolo de españolidad.
 
Desde el gobierno se propone ejercer la violencia simbólica indígena de una manera concentrada en los centros de enseñanza Es en la escuela, por tanto, donde se debe librar la batalla por los usos sociales de la cultura, como capital e instrumento de dominación.
 
Para alcanzar los objetivos es necesario entender que tanto la escuela como la universidad no son lugares donde se transmiten conocimientos de manera neutra, sino más bien el ámbito donde se impone la cultura. Por este motivo es primordial  subvertir la acción pedagógica e introducir  el imperio de los valores indígenas en la enseñanza, ya que solo así la cultura k'hara podrá entender que ha perdido la batalla en el ámbito de los valores y principios que deben  dominar la república de Bolivia.
 
Además el debilitamiento del capital cultural de la sociedad k'hara, pasa necesariamente por colocar en un plano de incertidumbre el valor del conocimiento entendido desde el punto de vista occidental, y expresado a través de la cultura neoliberal del esfuerzo, el sistema de méritos, y la concepción de la empresa como instrumento necesario para el crecimiento económico de los pueblos.
 
Según los nuevos códigos tendrá más valor ser dirigente sindical o social que tener títulos profesionales o de especialización y el trabajo intelectual no contará con reconocimiento alguno frente las actividades laborales de carácter manual.
 
En este sentido el Vicepresidente Linera se ha expresado de una forma muy clara: “Si antes el mecanismo de reclutamiento en el sector público era de carácter profesional y afín al área de desempeño, hoy en día las autoridades tienen que reflejar más el signo étnico y social: un aymará en el cargo de Canciller y una trabajadora del hogar en la cartera de Justicia. Esta operación se orienta a mostrar a la clase media fundamentalmente el lugar subalternizado e infravalorado que ocuparán en este nuevo orden, a partir de criterios de discriminación racial y social”.
 
Acabar con  religión católica constituye otro de los objetivos primordiales de la revolución de Evo Morales. Según la teoría adoptada por “el régimen democrático imperante” la iglesia  representa el núcleo del proceso de colonización ejercido sobre la población indígena, pero también reconoce que se ha consolidado como parte esencial de los valores culturales de k'haras e indígenas.
 
La religión es vista por los actuales gobernantes como un elemento peligroso y símbolo máximo de la dominación occidental. Entienden que ejerce una influencia excesiva sobre el alma de lo pueblos, motivo por el que se identifica como nociva y corrosiva para el proyecto de dominación total. (¿inspiración marxista, tal vez?).
 
Dicha peligrosidad no solo radica en el número de seguidores, (el 92% de la población boliviana se declara abiertamente católica) sino que su estructuración jerárquica dificulta e impide la organización de la sociedad pretendida por el nuevo orden revolucionario además del ejercicio de control por parte de las instancias gubernamentales.
 
Hay que acabar con la cultura y la sociedad K'hara. Solo de este modo todo símbolo de poder del antiguo régimen terminará por ser destruido, aniquilado y arrasado. La revolución debe crear en la percepción individual y colectiva un sentimiento de inevitabilidad del orden político y social emergente, mostrando la consiguiente necesidad de subordinación a las nuevas relaciones de dominación.
 
Parece evidente que el Presidente Evo Morales y su gobierno han lanzado un desafío brutal  a la sociedad boliviana, poniendo en juego la libertad y la democracia de un país que ya de por sí cuenta con una corta y convulsa historia.
 
A día de hoy el gran asunto de Bolivia es su propia existencia como nación libre. No cabe duda…si pierde la libertad, lo perderá todo.

 
 
Gregorio Cristóbal Carle, es Consultor Internacionalización de Empresas. Profesor de Escuela Europea de Negocios (Bolivia). Árbitro Internacional ACAM.