Nuestro Gadafi

por Emilio Campmany, 19 de abril de 2011

El lunes pasado, en una conferencia en la Universidad de Columbia, el ex presidente Aznar vino a recordar lo que hasta hace poco era Gadafi para Occidente. Vino a decir de él lo que Roosevelt de Anastasio Somoza en 1939: "Puede que Somoza sea un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta". Y es verdad que, hasta hace unas semanas, Gadafi era "nuestro hijo de puta". El "nuestro" significa que también lo era de Zapatero.
 
Un vibrante editorial de El País pone el grito en el cielo tirando de brocha gorda. Miren cómo explican allí lo sucedido: "Ocurre que las cosas han cambiado y el presidente Obama no es su antecesor George W. Bush –este también gran amigo del ex líder del PP–; ni la operación libia comparable a la invasión norteamericana de Irak en 2003". O sea, que Obama, a diferencia de Bush, ya no es amigo de dictadores árabes. ¿Recuerda alguien en nuestra izquierda el discurso de El Cairo pronunciado por Obama en junio de 2009? ¿Alguien se ha preocupado de ver si no hay alguna contradicción entre nuestra intervención en Libia y la zapateril Alianza de Civilizaciones?
 
Mucho más ajustado resulta el editorial de El Mundo titulado La contradicción de Aznar, reflejo de las de Occidente. El editorialista de Pedro J. le recuerda al ex presidente que la defensa que hizo de la intervención en Irak no se fundó en que Sadam Husein no era "nuestro hijo de puta", sino en evitar que el dictador iraquí masacrara a su pueblo, que es precisamente lo que supuestamente se está intentando hacer en Libia. Y en eso es obvio que Aznar se contradice.
 
Lo que ocurre es que no menos de lo que lo hace ahora nuestro Gobierno, tan opuesto a la intervención en Irak como partidario de la de Libia. Contradicción de la que la opinión pública española participa. Al fin, todo se reduce a argumentar que allí no había resolución de la ONU y para Libia sí que la hay. Así que, por estos lares, los derechos humanos se pueden defender cuando a Rusia y a China, tan democráticas ellas, les parezca bien y no cuando les parezca mal. Y encima todos cierran los ojos cuando se acuerda que el objetivo sea derrocar a Gadafi, que es algo que la ONU no ha autorizado.
 
Lo que es posible que esté encorajinando a Aznar y no se haya atrevido a denunciarlo, es ver que las fuerzas de la OTAN hayan sido en parte arrastradas a una operación fuera de zona para defender los intereses petrolíferos y gasísticos de British Petroleum, la francesa Total y probablemente también de Repsol en perjuicio de la italiana ENI. Mientras que a él, cuando lo de Perejil, le dijeron que era un asunto que no concernía a la OTAN porque el islote se encuentra precisamente fuera de zona. Un poco irritante sí que es.